La protesta comenzó este jueves en la tarde en Calzada del Cerro, en La Habana, pero en horas de la noche se propagó a otras ciudades. La dictadura envío en Ejército a las calles y cortó las comunicaciones en la isla.

Se agota la paciencia de los cubanos. El apagón prologando que sufre la isla por el colapso total del sistema eléctrico ha llevado a que muchos pierdan el miedo y salgan otra vez a las calles. Las históricas protestas de julio del año pasado parecen haber sido apenas un ensayo. Pese a la brutal represión y el encarcelamiento de centenares de manifestantes sometidos a juicios sumarios en tribunales de la dictadura, la población no se deja intimidar. Es una historia que se repite: la gente sale a protestar, el régimen despliega su aparato represor, pero otros saldrán al otro día. Son 11 millones de prisioneros en la isla que el castrismo no puede controlar.

Lo que comenzó este jueves en la tarde en La Habana se está replicando en otras ciudades. Con la consigna “¡Queremos la luz!” salieron decenas de cubanos en Calzada del Cerro, entre San Pablo y Auditor, en la capital cubana, a protestar por el apagón masivo que se ha agravado con el paso del huracán Ian, según reportó Cubanet.

El activista por los derechos humanos, Agustín Antonetti, informó a través de su cuenta de Twitter que en horas de la noche se estaban registrando protestas en varias ciudades, a lo que el régimen respondió desplegando el Ejército en las calles y cortando el servicio de internet en todo el país.

Felix Llerena, activista cubano, agregó en la misma red social que se estaban registrando enfrentamientos con piedras y palos entre manifestantes y las tropas represoras del régimen, específicamente a 1,5 kilómetros de la emblemática Plaza de la Revolución.

Por parte de la dictadura no ha habido ninguna información. El tirano Miguel Díaz-Canel no ha señalado nada al respecto en su cuenta de Twitter. Lo cierto es que el régimen sabe que no son los mismos tiempos de Fidel Castro y con el referendo sobre el nuevo Código de Familias con el que se busca mutar del comunismo al mal llamado “progresismo” aprobando el matrimonio entre personas del mismo sexo no es suficiente para calmar el hambre y la desesperación de un pueblo reprimido durante más de seis décadas y cuya paciencia se puso a prueba con los efectos devastadores de la pandemia el año pasado y hoy parece agotarse con la falta del servicio básico de electricidad y la falta de respuesta de un régimen al que solo le interesa mantenerse en el poder.

Por José Gregorio Martínez – Panampost.com

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