Para verificar que los congresistas hablen idiomas nativos, el partido de Evo Morales empezará a exigir que los parlamentarios hablen en este idioma para dar el saludo inicial antes de los debates en los recintos. Se afianza plenamente el fascismo indigenista en Bolivia.

El presidente de la Cámara de Diputados, el masista Freddy Mamani, lacayo de Evo Morales, introdujo un nuevo procedimiento parlamentario para que los congresistas deban saludar en idiomas indígenas al inicio de su discurso para poder participar de los debates en el recinto.

Posterior a la sesión inaugural del nuevo edificio para el órgano legislativo de Bolivia, que costó casi 600 millones de bolivianos (aprox. 87 millones de dólares), Mamani informó a la prensa que los asambleístas que omitan los idiomas nativos no podrán intervenir en los debates.

“Estoy pensando para los actuales parlamentarios, sacar un instructivo, para poder usar la palabra y que al menos salude en un idioma originario. Si no saluda, no tiene la palabra”, dijo.

También añadió que empezarán a verificar que todos los funcionarios públicos del país hablen los idiomas nativos de sus regiones, puesto que es un requisito establecido en la Constitución de Evo Morales utilizar el idioma español junto a uno de los 36 idiomas nativos reconocidos para acceder a la función pública.

“Para acceder al desempeño de funciones públicas se requiere:

7. Hablar al menos dos idiomas oficiales del país.”

Art. 234 – Constitución Boliviana

Los funcionarios públicos, tanto de cargos designatorios como electivos, presentan ante la autoridad competente un documento que acredita el conocimiento de una lengua indígena, pero en los años previos a la salida de Evo del gobierno esta verificación muchas veces se pasaba por alto.

Pero según Mamani “esto se terminó” y a partir de ahora se tendrá tolerancia cero para los funcionarios que no sepan las lenguas de los pueblos indígenas.

Sin embargo, exigir este tipo de reglamentos es un acto contradictorio para los que militan en el Movimiento al Socialismo. En el pasado, el ex presidente “indígena” Evo Morales, saludó en aymara a un grupo de seguidores, tiempo después, conocedores de la lengua aseguraron que sus palabras no tenían el acento propio del idioma, dando a entender que fue memorizado para el momento y que en verdad ni el propio ex mandatario sabe más que el español.

De forma similar, el ex vicepresidente, el terrorista Álvaro García Linera recibió por parte de una periodista la solicitud de expresar al país un saludo en una lengua nativa para demostrar que cumplía con la norma constitucional. La ex autoridad no lo hizo y argumentó que su conocimiento en las lenguas indígenas estaba en sus certificados presentados al Tribunal Supremo Electoral.

En la legislatura pasada, la bancada del MAS también pasó calores por el mismo tema relacionado al manejo de la lengua indígena. En 2018, durante una sesión de interpelación al entonces ministro de Gobierno de Morales, Carlos Romero, se tuvo que suspender el evento porque el ex diputado y ex candidato a gobernador de La Paz, Rafael Quispe, eligió realizar sus preguntas en Aymara, y a pesar de que había presentado la certificación, Romero desconocía esta lengua.

De la misma forma, desde los años en que se desempeñaba como ministro de Economía, jamás se vio al actual presidente Luis Arce expresarse ante la prensa o la población en idiomas originarios.

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Previo a las declaraciones supremacistas e hipócritas de Mamani, se inauguró el nuevo edificio del Congreso de Bolivia. La gigante infraestructura que altera la imagen colonial del centro de La Paz, y más allá de responder a las “necesidades del Estado”, se trata de un regalo hecho por la clase política para sí mismos costeado por los impuestos de todos los bolivianos.

Desde el MAS aseguran que con la nueva infraestructura “se deja atrás el pasado republicano racista y excluyente” y “se considera a todas las nacionalidades originarias del país”.

Empero, la exorbitante construcción, está repleta de simbología y divinidades del lado occidental del país, y no considera a las culturas del oriente y los valles de Bolivia, según lo expresado desde la oposición que calificó a la obra como “discriminatoria”.

Por Diego Salvatierra para Derechadiario.com.ar

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