Las recientes elecciones regionales celebradas en Colombia reflejan en gran medida la realidad política del país sudamericano con mayor estabilidad regional, y por ende con mayor riesgo: este es el más atractivo para los vientos destructores que azotan en estos días a América Latina.

Por una parte, loable la imparcialidad demostrada por el gobierno del presidente Iván Duque que atendió toda la logística de los comicios con eficiencia y sin dar pie a interferencias indebidas.

Puede parecer poca cosa, pero demuestran las bases organizativas con las que cuenta el país, que junto con unos resultados fidedignos entregados rápida y oportunamente dan fe de eficiencia y madurez administrativa.

La joya de la democracia colombiana es la alcaldía de Bogotá, sin duda alguna, que esta vez fue obtenida por Claudia López, quien se jacta de ser mujer, de origen pobre y lesbiana.

Hay una vislumbre de que realmente se enfoque en cumplirle a los millones de bogotanos que viven en la ciudad, no solo a los que votaron por ella, como corresponde a un líder honesto.

De uno de sus tuits se destaca: “Estamos trabajando sin descanso para devolverle la grandeza a nuestra Bogotá”, en donde pareciera emular al lema del presidente Trump: “Hacer a América Grande Otra Vez” [MAGA, por la sigla en inglés], lo que a todas luces el mandatario estadounidense está cumpliendo a cabalidad.

No obstante, los antecedentes que de ella resalta la gran periodista colombiana Vanessa Vallejo, editora en jefe del medio PanAm Post, proyectan una terrible sombra sobre el futuro del país.

“La alcaldía de la capital se la lleva Claudia López por el partido Alianza Verde, que dice ser de centro, pero que, como todos los partidos verdes en el mundo, en realidad es de izquierda. Aunque muy pocos lo saben, este está fundado sobre la personería jurídica del partido que formó la guerrilla del M-19, la misma que se tomó el Palacio de Justicia, entre otros actos criminales”, escribió Vallejo en su columna del 28 de octubre, al día siguiente de conocerse los resultados de las elecciones.

Continua la periodista relacionando la tradición que desde 1990 generó ese partido en el que además de otras figuras políticas colombianas militó el izquierdista Gustavo Petro, ex miembro de la guerrilla del M-19 y de acuerdo con otros de las FARC.

Claudia López apoya también el famoso acuerdo de La Habana, la “educación gratuita” y que los niños se turnen con los drogadictos en los parques, al decir de Vallejo.

Otro de los aspectos que llaman la atención de la nueva alcaldesa de Bogotá es su lesbianismo declarado y el vocabulario inclusivo usado que alertan sobre su posible promoción de la nefasta ideología de género.

Un caso de impulso de la hipersexualidad de los niños, propia de la ideología de género entre otros daños sociales, fue descubierto y corregido a tiempo cuando la exministra de educación Gina Parodi, también lesbiana, la quiso introducir por ley en las cartillas distribuidas por el sistema de educación nacional.

Sin duda el electorado compuesto por los 8 millones de ciudadanos que habitan la capital del país y su abultado presupuesto resultan de alto impacto en el desarrollo político de la nación.

La alcaldía de Bogotá ha sido típicamente un trampolín para ascender hasta la presidencia y la hábil campaña de la izquierda hacia el centro produjo un triunfo brillante, que de seguir amalgamando a todas las facciones bien podría rendir como fruto el máximo cargo del país.

Por José Hermosa – BLes

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