Independientemente de quién gane la Presidencia de Colombia, el apoyo incondicional de la Casa de Nariño a Juan Guaidó quedará en el pasado.

Iván Duque dejará la Presidencia de Colombia en agosto, y cuando lo haga, el opositor venezolano, Juan Guaidó, enfrentará una inevitable orfandad en la región al perder a su aliado más fiel después de Donald Trump. Con la mayoría de los candidatos a la Casa de Nariño en consenso sobre la necesidad de destrabar el cerco diplomático impuesto a Miraflores, su panorama es lúgubre.

El izquierdista Gustavo Petro ya anunció que restablecería las relaciones “por completo”. Eso incluiría desde tener un embajador en Caracas hasta la reapertura de la frontera. Para el abanderado del Pacto Histórico “no hay otra alternativa”.

“Se necesita del otro Estado, de la voluntad de dos gobiernos para que haya fluidez en las fronteras”, sostiene Petro.

Federico ‘Fico’ Gutiérrez, candidato del Equipo por Colombia, dice que hay que “mirar la situación de la frontera”. Le apuesta al comercio y para eso requerirá acuerdos con el régimen de Nicolás Maduro. Sólo no lo logrará.

Sergio Fajardo, candidato de la Coalición Centro Esperanza, va en la misma dirección con la promesa de abrir consulados para atender los asuntos binacionales urgentes. Hasta visualiza un sistema de monitoreo que impida el aumento de la creciente criminalidad organizada. Venezuela es tema de campaña y lo será en el gobierno de alguno de ellos, pero el giro que cada uno plantea en el manejo recaerá sobre Guaidó.

Sin oxígeno

“Guaidó se queda sin oxígeno regional con la salida de Duque y su liderazgo se restringe al plano simbólico”, asegura Mauricio Jaramillo Jassir, máster en geopolítica de la Universidad de París en declaraciones a PanAm Post.

Sin la cofradía que lo reconoció en la que ya no aparecen Enrique Peña Nieto, Sebastián Piñera, Mauricio Macri y Jeanine Áñez, el dirigente de Voluntad Popular “pierde su espacio natural en la zona” porque el “reconocimiento parcial que le queda es infértil”, sostiene el también profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

A su juicio, Guaidó tiene tres escenarios: permitir un relevo, una cara nueva para entenderse con Maduro, reacomodarse en medio de la presión desde Estados Unidos para concretar una negociación con el chavismo o estacarse en la reivindicación de su liderazgo cada vez más aislado.

Maduro capitaliza

El tiempo de Guaidó para decidir va en descuento. Los comicios en Colombia son en menos de tres semanas y Nicolás Maduro espera la posibilidad de sumar otro reconocimiento luego del retorno de la izquierda al poder en Argentina, Perú y Chile. Con el desmantelamiento del Grupo de Lima y ProSur, organizaciones que emergieron en defensa de la libertad de Venezuela con la antigua ola de mandatarios que apoyaron al menguado “interinato”, el chavismo se acomoda nuevamente en bloques progresistas como Unasur y la Celac.

Ninguno de los que aspiran al Ejecutivo neogranadino parece tener disposición a defender a Guaidó después de la fallida operación con presuntos mercenarios bautizada como “Gadeón”,  las denuncias de corrupción con activos bajo su control en el extranjero como la empresa Monómeros –intervenida por la Superintendencia colombiana– y las constantes disputas y divisiones dentro del movimiento opositor venezolano.

Para Jaramillo Jassir, “Maduro puede capitalizar una nueva correlación de fuerzas en la región que aunque no son como el progresismo de Rafael Correa, Evo Morales o Lula, tampoco va a caer en un cerco y eso permitirá un revivir en espacios regionales”.

Por Gabriela Moreno – Panampost.com

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