Javier Pérez, analista político, afirma que “hay una parte de la izquierda que quiere deconstruir la realidad cultural de Chile”.

La bandera chilena, el mayor símbolo de identidad, unidad e institucionalidad salió del ano de un travesti en un acto de campaña a favor del Apruebo en Valparaíso para invocar la necesidad de abortar al país. Ninguna metáfora logró justificar el performance de pornoterrorismo con fines electorales que tiene a la nación austral en medio de un debate sobre el uso de emblemas oficiales para fines políticos.

El mensaje detrás de la iniciativa tiene un propósito tácito. En entrevista con PanAm Post, Javier Pérez, profesor de marketing político de la Universidad del Desarrollo, afirma que “hay una parte de la izquierda que es deconstructivista, que en el fondo quiere deconstruir la realidad cultural de un espacio, en este caso de Chile, para resignificar ciertos símbolos a partir de un nuevo simbolismo”.

La pretensión alarma. Según Pérez “los rompimientos culturales tienen que ver con destruir desde la imagen de las instituciones hasta el significado de los símbolos patrios”.

El proceso ya comenzó. En otro acto de campaña del Apruebo se extendió una bandera con la estrella mapuche de ocho puntas en lugar de la de cinco puntas que es oficial en representación al carácter único e indivisible de Chile. “Es un ultraje” apunta el excanciller, Roberto Ampuero en Twitter.

Un peligro sigiloso

La intervención de los emblemas patrios  o uso inapropiado “es una situación peligrosa” indica Pérez, experto en comunicación política tras argumentar que “el gran error del Apruebo y de la izquierda fue creer que la mayoría coyuntural que pedía cambios sociales en la forma de relacionarnos también tenía que ver con un cambio de valores cuando en la sociedad chilena están muy enraizados el respeto a la libertad individual, del derecho de propiedad y respeto a las tradiciones y a los símbolos patrios”.

Francisco Muñoz, fundador de la organización Equipo Patriota, coincide. En contacto con PanAm Post, señaló que “la izquierda en Chile ha hecho toda una deconstrucción del lenguaje desde el estallido delictual de 2019 y ahora en la nueva Constitución propone un Estado Plurinacional que implica la destrucción de los 200 años de la República de Chile”.

Afirma que este panorama es el resultado del acuerdo político que se gestó en aquel momento donde “la clase política colocó la Constitución arriba de la mesa como moneda de cambio para descomprimir la polarización y los niveles de violencia que vivía Chile”.

La jugada salió cara. Ahora, “la izquierda intenta perpetuar que 80% de los chilenos quiere una nueva Constitución cuando sólo el 39% del padrón electoral participó en la consulta del año pasado para instalar la Convención. Es una gran estafa que quiere imponer otro proceso constituyente sin la venia y sin la voluntad de los ciudadanos si el Rechazo gana el domingo pero con el dinero de los contribuyentes”.

Una manipulación cultural

La ofensiva cultural en Chile avanza por un doble cauce, que va contra la cultura y el ethos donde están los símbolos, el lenguaje, la música, las fiestas huasas, los monumentos dedicados a próceres y las manifestaciones religiosas y contra la institucionalidad, el derecho, el territorio, los templos, la propiedad pública y privada apunta el doctor el filosofía, Álvaro Pezoa, en su columna de La Tercera. 

Así el país entra en la tendencia regional a  la manipulación de los recursos identidad social con fines ideológicos. Desde 2006, la bandera venezolana pasó a tener ocho estrellas en vez de siete y la cabeza del caballo del escudo nacional fue girada hacia la izquierda.

Este año -en abril- el chavismo sepultó el legado español del escudo, la bandera y el himno de Caracas, disposiciones que son parte de una larga lista de plazas, estatuas, parques, efemérides y personajes rebautizados por el régimen para ignorar el pasado colonial consolidando las leyendas indigenistas y su relato como corriente política.

En Bolivia, Evo Morales convirtió la wiphala, el emblema de los pueblos indígenas de la región de Los Andes, en símbolo nacional en la Constitución de 2009 aprobada en su primer mandato.

Es una tendencia entre socialistas de la que no escapa ni siquiera el presidente francés, Emmanuel Macron, quien cambió el azul cobalto por el azul marino alegando “mejoras estéticas” en la insignia que ondea junto a la europea en las instituciones oficiales.

Sin embargo, en el Congreso chileno, los diputados republicanos Cristián Araya y Benjamín Moreno promueven un proyecto de ley que aumenta las sanciones contra quienes dañen los símbolos patrios y el patrimonio cultural que incluye la inhabilitación para postular a cargos públicos.

Un enganche sin frutos

Mientras la normativa se debate, el gobierno de Gabriel Boric, intenta “enganchar” con los votantes apelando a un espíritu nacionalista pero “en los últimos dos meses no hay una variación sustantiva ni comparable en las tendencias y pareciera ser que la campaña tampoco logró mover ninguna aguja” apunta Pérez.

El escenario no es sorpresa para el analista considerando que “en los sectores rurales, más asociados a la agricultura familiar campesina hay mucho respeto por los símbolos patrios y en los segmentos económicos medio bajo y bajo también”.

De hecho, destaca que “las fiestas patrias en Chile -próximas a celebrarse el 18 de septiembre- son muy extensas e intensas a diferencia de otros países de América Latina”.

Es cierto. El día puede representar alrededor de 10.719 millones de dólares menos de recaudación tributaria. Esa es la estimación para este año que puede quedar corta si otros osan expulsar la bandera por donde defecan.

Por Gabriela Moreno – Panampost.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.