Detrás del candidato izquierdista, Gabriel Boric, se esconde un defensor de la dictadura venezolana que maneja su devoción con discursos ambiguos. En 2013 defendía a Nicolás Maduro y se quejaba de que los medios chilenos “ridiculizaban” al chavismo

“Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”, promete Gabriel Boric, el candidato presidencial que representará a la izquierda en las elecciones del próximo 21 de noviembre luego de derrotar en las primarias al comunista Daniel Jadue.

Desde su modo de hablar, sereno y controlado, Boric ha trabajado su aspiración al palacio de La Moneda con tan sólo 35 años. Pero esa estrategia de presentarse como un estadista joven, capaz de tender puentes y de ofrecer un camino de cambios profundos sin revolución ni histeria, esconde que en la esencia de su pensamiento habita un devoto seguidor de Fidel Castro y Hugo Chávez, de quien es “difícil” hablar en Chile porque los medios “ridiculizan” la figura del exmandatario venezolano. Esto es lo que piensa el abanderado de la izquierda a la Presidencia de Chile.

En ese tono ha defendido a Nicolás Maduro. Aún se puede leer un mensaje de 2013 fustigando a quienes criticaban al dictador venezolano por no tener estudios universitarios y ser un obrero. Un perfil en el que coinciden, ya que Boric cursó la carrera de abogado pero no se imagina “ejerciendo en tribunales, litigando, qué paja. No me titulé ni estoy pensando en titularme, no me quiero dedicar a ser abogado nunca. Tampoco a ser político, sino a escribir novelas”. Así habla. Ese era su plan personal hace menos de tres años.

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Con receta chavista

Deambulando entre la poesía y la narrativa, Gabriel Boric, quien tiene escritas “cosas pero todavía tiene el tinte de la mediocridad y de la falta de disciplina que requiere todo oficio” –lo confiesa–  también recolectó firmas para inscribir su candidatura en mayo.

El dirigente de Convergencia Social y miembro del Frente Amplio –coalición centroizquierdista– apeló a una estrategia implementada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) al establecer que cada militante aseguraría 10 votos que, en su caso, se tradujeron en rúbricas, revela El Libero. Es la misma receta que el chavismo bautizó como el 1 por 10.

Esta táctica funcionó para contrarrestar el resultado de la Encuesta Nacional de Opinión Pública que en abril de este año arrojó par él la peor valoración positiva con solo 15 % de aceptación.

Copiar la fórmula del 1 por 10 implicó reclutar simpatizantes mediante un sistema piramidal donde a cada integrante del partido se le asignaba una localidad con el fin de conseguir los sufragios necesarios.

Ambigüedad como trampolín

Condenar la violación de los derechos humanos es la carta que juega Gabriel Boric para intentar conquistar a los sectores de centro, no sólo de la izquierda sino también los de la derecha que puedan estar indecisos. Su última carta en este terreno se la jugó a horas de ganar las primarias el domingo 18 de julio cuando emplazó a Maduro por no estar a la “altura” en la defensa y protección de estos, pero en ese mismo mensaje lo comparó con el presidente Sebastián Piñera, con lo cual apostó a un empate moral entre la dictadura socialista y una de las democracias liberales más sólidas de la región.

Es una ambigüedad que practica desde 2020, cuando giró su postura y reprochó en Twitter los abusos en Venezuela y Cuba, una maniobra que sólo expuso su intención de aplacar el costo político de haber defendiendo a Maduro, considerando que las violaciones sistemáticas existen desde hace más de una década en la nación bolivariana y desde hace más de medio siglo la isla caribeña.

Fue una pericia para atribuirle directamente a Maduro los problemas y desaciertos y salvar a la izquierda de los constantes fracasos del chavismo que trascienden a la escena internacional. Ahora es evidente que la maña le sirve para capitalizar votos en un momento crucial.

Sin embargo, la vaguedad de Boric es amplia. Por un lado declara su indignación por la muerte del comunero mapuche, Pablo Marchant Gutiérrez, en un enfrentamiento con los Carabineros, pero sobre el fusil de asalto M16 que portaba no dijo nada.

“Ese es Gabriel Boric, un socialista de extrema izquierda que ve a la gente común y corriente como enemigos por ser ‘serviles al neoliberalismo’ y a narcoterroristas y delincuentes como representantes de la justicia popular. Se trata del clásico populismo socialista propio de los fabricantes de miseria que ha caracterizado América Latina en todas las épocas”. Así lo define el Diario Financiero.

Gabriela Moreno – Panampost.com

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