En la comuna de Til Til en Chile, se ha tomado por costumbre instalar un llamativo arbolito navideño de 10 metros de altura. La tradición que lleva más de 30 años, se convierte en un acto de tradición en donde las familias de la comuna se reúnen para celebrar esta festividad.

Cada año en temporada navideña, la pequeña placita ubicada en la intersección de la calle José Manuel Aguilar con la Avenida Barros Arena adopta la magia de la navidad y se convierte en en algo simbólico para la comuna de Til Til.

Alexis Ruz es el jovial hombre de 60 años que más allá de tener manos laboriosas que dan vida cada año a la estructura navideña, procura mantener vivo el espíritu de un niño que se maravilla ante los colores y las formas de Navidad.

La historia del entusiasta hombre que vive junto a la plazuela está marcada por una infancia privada de comodidades junto a cinco hermanos. Tuvo que asumir un inesperado golpe de la vida cuando a los cinco años su padre murió, una tragedia familiar que estuvo seguida de un recrudecimiento de la situación económica del hogar, que en gran medida el padre ayudaba a librar.

Por las mismas difíciles circunstancias, su madre nunca celebró navidad con ellos y el pequeño Alexis aún no contaba con la edad suficiente para asumir un cargo laboral: “Yo como era tan chico no podía salir a trabajar y nos teníamos que mantener con lo que teníamos no más” comentó según lo recogido por el medio El Mostrador.

No empezó a sentir lo que era el espíritu navideño hasta que se casó a los 19 años, con Roxana Gonzáles, quien además de dar a Alex sus primeros obsequios navideños, lo ayudó a conocer un poco más sobre la historia cristiana propia de la natividad.

Años más tarde, la pareja tuvo un hijo llamado Cristián, quien actualmente le ha dado la oportunidad a Alex de ser abuelo de tres nietos, quienes al igual que los demás niños del sector han visto cómo aquel hombre se esmera por mantener vivo el espíritu de la navidad.

La primera manifestación de aquel espíritu navideño se presentó hace 40 años luego de casarse, mientras miraba la tele en blanco y negro y pasaban un comercial estadounidense donde aparecía un árbol navideño donde lo que le resultó más llamativo era ver en torno al árbol tanta gente reunida.

Así le vino a la mente establecer un árbol navideño en Til Til, consiguió dos pedazos de cartón que sobraban de un matadero y encima trazó la figura de un árbol y algunos renos, luego realizó perforaciones cuidadosamente, de estas sobresalían las bombillas. Con el tiempo optó por materiales más finos como el metal.

Gracias a la ayuda económica de los vecinos, don Ale, como es llamado en la comunidad, consigue dar vida al simbólico árbol.

“Cuando hago estas cosas es como un juguete para mí. Yo mismo me hago mi juguete y hago feliz a los demás” afirma el hombre de 60 años. A partir de entonces cada noche del 24 de diciembre los vecinos se reúnen contiguo al árbol para hacer una procesión.

Cada reunión tiene como temática original entretener a los niños para que sus padres coloquen bajo el árbol los regalos navideños, sale a dar una vuelta con ellos y al regresar los mismos niños ubican la figura del niño Dios en el pesebre.

“Junto a hartos niñitos y esperamos las doce. Salimos caminando por aquí, como a cinco cuadras hay una tenencia y hay una iglesia antigua. Salgo con los niños de allá pa’ llegar justo acá a las doce en el pesebre” comenta.

Sin embargo no todo es espíritu navideño, llegó un momento en el que Don Ale no quería dejar a un lado la elaboración del árbol, para este 2017 estaba decidido a apagar su espíritu navideño.

Para estas fiestas varios vecinos comenzaron un rumor con el que aseguraban que Alexis se quedaba con el dinero que todos daban para los arreglos y lo invertía realizando viajes terminando la Navidad, a pesar de que él siempre acostumbra a llevar un libro en donde apunta a quienes dieron aporte junto con los recibos de lo comprado.

No obstante, ante la situación fueron muchos más los que se pronunciaron para que la luz que encendía la Navidad en Til Til no se apagara: “Usted le da felicidad a los niños. Ese es un momento muy especial para todos”, comentaron algunos habitantes del sector.

Don Ale recordó cómo han sido varias generaciones las que lo han acompañado en la celebración de las festividades: “Esos niños que yo alegraba ya son papás, algunos van a ser abuelos”.

La situación ayudó a que vario de los vecinos se sumaran a la construcción del árbol este año, e incluso en algunas tiendas le vendieron los arreglos a crédito.

Ruz comenta que espera continuar la tradición con arduo empeño, y espera que en un futuro pueda crear un pesebre vivo, dotado incluso de animales y ambientado con música a la chilena, asegura que el mejor pago es ver la alegría de todos.

“El sueño mío es que se juntaran dos a tres millones. Yo gasto un millón y medio en el árbol y con el resto traer a niñitos de Graneros, de esas partes, pa’ que vengan a tocar con música”.

El 21 de diciembre llegaron varias personas de la comunidad a encender el arbolitoL; un acto en donde se respiró el entusiasmo de la gente que arribó a la placita, e incluso don Ale salió premiado por su labor.

El acto conmemorativo del encendido se dio luego de que un padre bendijera a los niños y al arbol, luego Alex procedió a dar vida a aquel árbol en el que toda la comunidad contribuyó, acompañado de la algarabía de la gente celebrando. Al instante comenzó a salir nieve del árbol y algunos vecinos no esperaron para pararse bajo los ‘copos de nieve’.