Irací Hassler inspirará su gestión en las estrategias de Hugo Chávez para fijar precios y ordenar a las comunidades a su favor.

Por primera vez, el Partido Comunista se sentará en el sillón municipal de Santiago de Chile y su representante, la alcaldesa recién electa, Irací Hassler, desempeñará el cargo con las políticas socialistas que impuso Hugo Chávez en Venezuela como base de su gestión.

Ella celebró la década y media que el mandatario estuvo en Miraflores y ahora rendirá honores. Cada victoria le sirvió para expresarle admiración en Twitter donde en 2012 festejó su reelección. “¡Uh, eh, Chávez no se fue!” trinó una y otra vez, para además exaltar la supuesta disminución de la pobreza en el país en manos de la revolución y el legado otorgado a Nicolás Maduro, reveló el Observatorio Liberal.

Con ese mismo espíritu Hassler se convertirá en la segunda mujer —desde el retorno a la democracia— que estará en el cargo local, luego del paso de la dirigente del Partido Por la Democracia (PPD) Carolina Tohá, entre 2012 y 2016.

Ella —de origen suizo y brasilero— está acusada de esconder su patrimonio millonario que asciende a cuatro millones de dólares en la declaración de sus ingresos para competir por la ciudad. Sin embargo, solo se preocupa de que su nombre esté bien escrito porque aunque lo deletrea “siempre lo escriben mal” mientras evade referirse al desempeño del fallecido presidente que por años ensalzó.

Con las ideas recicladas

Hassler tiene metas similares a Chávez o como mínimo inspiradas en él. A The Clinic le reveló que los barrios serán prioridad en su administración: “Lo primero será convocar a constituir los gobiernos participativos en los barrios, eje fundamental del proyecto de Alcaldía Constituyente para un Santiago democrático que tome decisiones para el buen vivir de nuestros vecinos y vecinas”, respondió al ser consultada por la primera medida que tomaría en caso de ser electa.

Será la reedición de los consejos comunales del chavismo en suelo austral.  Una versión más de las organizaciones comunitarias que el régimen decretó en 2006 con la promesa ficticia de que a través de ellos se avanzarían a “la democracia participativa”, porque en las localidades conllevarían al mejoramiento de la calidad de vida mediante la autogestión de los servicios y a nivel nacional permitirían liderar las transformaciones sociales hacia el denominado «socialismo del siglo XXI» donde los ciudadanos serían revolucionarios por excelencia y protagonistas del Poder Popular.

El resultado es sabido. Y ampliamente. Los consejos comunales bajo engaños y ayudas estatales operan como la estructura electoral del chavismo donde las prebendas confiscan los votos.

Pero Hassler apostará valiéndose de su acercamientos con los movimientos sociales, los mismos que fueron protagonistas en las protestas violentas en el centro de Santiago: “Se nos da un proceso de cercanía natural con el movimiento social, porque muchos temas y muchas batallas que están sobre la mesa los planteamos hace varios años”, afirmaba sobre este punto.

Programa con cambios

El programa de la dirigente comunista rayó —durante la campaña— en lo romántico. Habló desde la reforestación del Parque Forestal —zona donde reside— hasta una agenda medioambiental, con énfasis en “el movimiento feminista, porque el movimiento de mujeres llegó para quedarse y Santiago dirá basta a la violencia y el abuso”.

Dos días después de electa, su discurso es otro. Cree que “la fijación de precios es una de las herramientas que tiene Chile que debió y debe utilizarse, especialmente en algunos precios que son básicos en el país”.

Controlar se avecina como una política local, tras confesar que “es una de las medidas que es necesario utilizar junto con otras”. Así lo hizo Chávez. Se atribuyó la facultad de establecer cuánto debía costar un tubo de pasta dental, una compota para niños, una maquinilla de afeitar y hasta un frasco de champú con la Ley de Costos y Precios Justos, decretada en 2011 con la excusa de frenar la “especulación” de las empresas privadas. El resultado aquí es devastador: escasez, hambre y miseria.

Un blanco para polarizar

El presidente Sebastián Piñera es el primer blanco del discurso de la alcaldesa comunista. En sus primeras entrevistas en televisión asegura que el mandatario «genera una provocación permanente» y su permanencia en La Moneda «es un problema para el país».

Polarizar es su estrategia para posicionar su idea sobre el mandatario: el Presidente debió haber dado un paso al costado hace mucho tiempo y la acusación constitucional debió haber sido también una herramienta para poder sacarlo».

Ella lo intentó. El año pasado desde su curul como concejal interpuso una querella en contra Piñera y el exministro de salud, Jaime Mañalich, por la gestión en la pandemia. Su iniciativa no prosperó pero ahora desde su espacio vocifera que “la derecha nunca más gobernará” y su victoria la declara como la “antesala”.