Hay prisioneros que son sometidos a bajas temperaturas y luego los dejan solos durante horas, atados a una silla y con la espalda frente al aire acondicionado. Otros detenidos tienen que orinar y defecar dentro de las patrullas, sobre sí mismos, y luego permanecer horas embarrados.

El régimen cubano no está dispuesto a perder su curul que logró hace dos años en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Para evitarlo llegó ante el órgano a negar las 15 torturas que utiliza contra quienes disienten del comunismo reveladas por Prisoners Defenders.

Juan Quintanilla, representante permanente de Cuba en Ginebra, intentó desacreditar los 101 testimonios de presos políticos que se expusieron en la sesión 73 de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Actualmente, la mayoría de estos detenidos aún está en prisión. Las declaraciones recabadas confirman los tratos crueles y degradantes cometidos en su contra por el aparato judicial del régimen castrista.

La larga y macabra lista de acciones del castrismo la componen: actos de repudio, exposición a altas y bajas temperaturas, intimidaciones, chantajes, desnudos forzados, privación de atención médica, agresiones físicas, desorientación intencionada, privación de líquidos y alimentos, privación intencional del sueño hasta la privación de la comunicación con la defensa, la familia y allegados.

Sin embargo, Quintanilla objeta. Asegura que en la dictadura castrista hay “reconocimiento y ejercicio de los derechos Estado para prevenir la ejecución de los actos proscritos en la Convención contra la Tortura y en caso de que ocurran, castigarlos severamente”. Incluso, culpa a Estados Unidos de la falta de recursos para el “mantenimientos constructivos de los penales”.

De impacto

El esfuerzo del embajador cubano es inútil. Las 143 páginas del informe de Prisoners Defenders es impactante. Da la impresión —si se omite la palabra Cuba— que los torturadores son soldados que han ido a una guerra a pelear sin escrúpulos, destinados a lo que sea, y sus víctimas son individuos a los que se les da el peor de los tratos: el del peor enemigo. Así lo afirmó Abraham Jiménez, columnista de The Washington Post.

Es así. Los presos políticos de la investigación dan cuenta de celdas de castigo con camas de cemento y sin ventilación, plagadas de insectos y humedad; del uso de la temperatura como mecanismo de tortura, de inmovilizaciones con esposas a las manos y los pies a la misma vez por la espalda, de que a las víctimas las cuelgan del techo y les dejan suspendidos en el aire por horas o días, entre otras barbaridades.

Al menos el 77 % de los encarcelados registra cinco o más tipos de torturas desde su arresto. Ellos no son los únicos, considerando que existen 1167 presos políticos en la isla. “Todos sufriendo alguna forma de tortura”, según explica el portal Cubanet.

Vejaciones de todo tipo

La represión arrecia desde las protestas de julio del año pasado. Incluso, tres eran menores de edad forman parte de la lista de torturados. La víctima que acumula mayor número de tipos de tortura es Jonathan Torres Farrat de 17 años.

«En una ocasión, Torres Farrat fue esposado a una reja colgado, en un cuarto frío, y posteriormente golpeado. Lo confinaron a una habitación fría por exigir que no lo golpearan más», según el informe. Las habitaciones climatizadas y con bajas temperaturas son reservadas para los interrogatorios de activistas y periodistas. Ahí los dejan solos durante horas, atados a una silla y con la espalda frente al aire acondicionado.

Otros tienen que orinar y defecar dentro de las patrullas, sobre sí mismos, y luego permanecer horas embarrados. Lo descrito anteriormente puede ser aún peor. Imaginen que no dejen a una sola persona dentro de un vehículo al sol. Imaginen que dejan a 10, 20 en un carro jaula, unos sobre otros. Tal escena la padeció la activista Miraida Martín Castellanos.

Tampoco hay acceso al agua, salvo en los horarios de comida pero esta es oscura y con sabor a tierra. La Dama de Blanco Jackelin Boni atestiguó que agentes del sexo femenino revisaron sus órganos genitales, en ocasiones de modo violento. Quien se rehúsa es golpeada en la región lumbar y una vez en el piso es cargada como una bolsa entre varios agentes mientras le abren sus piernas a la fuerza para examinarla. ¿Qué hará la ONU? La sesión termina el 13 de mayo.

Por Gabriela Moreno – Panampost.com

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