La campaña de Lula da Silva comenzó, irónicamente con el pie izquierdo por no asistir al primer acto en su agenda. Por su parte, el presidente Jair Bolsonaro comenzó en Juiz de Fora, donde recibió un atentado hace cuatro años.

La campaña presidencial en Brasil comenzó con las dos mayores fuerzas políticas liderando actos públicos en distintos puntos del país. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, izquierdista, fundador del Partido de los Trabajadores (PT) y expresidiario por dos cndenas de corrupción se medirá contra Jair Bolsonaro, el actual presidente que llevó al país a ser el único de la región con deflación al garantizar la libertad al comercio y al trabajo.

El país es posiblemente el bastión más importante a nivel político dentro de toda la región. Si el comunismo logra llegar de nuevo al poder a través de Lula da Silva, garantizarían la expansión de las ideas que se viene dando en naciones como Honduras, Chile y Colombia, con mandatarios afines a la izquierda y por ende, simpatizantes de dictaduras como la venezolano y la cubana.

En total, son 12 aspirantes pero el foco está puesto en el expresidente izquierdista y actual mandatario conservador. Ellos, dieron inicio a la campaña presidencial en lugares cargados de simbolismo para cada uno.

El discurso de lucha social

La campaña del fundador del PT comenzó, irónicamente con el pie izquierdo. El partido canceló el primer evento en São Paulo de su candidato por supuestos «motivos de seguridad» a pesar de que esa región industrial —conocida como ABC Paulista— fue donde Lula da Silva comenzó su camino sindical en la década de los años 70.

Lula da Silva terminó apareciendo en la fábrica de Volkswagen do Brasil en São Bernardo do Campo, lugar históricamente aliado al PT y útil para fortalecer un discurso de «lucha social». Desde allí mencionó palabras copiadas al carbón de otros líderes de izquierda: señalar a su oponente con calificativos despectivos. Llamó a Bolsonaro «fariseo», «genocida» y que está  «poseído por el demonio». También promete «restaurar logros sociales para las clases más vulnerables» y demás discursos utópicos que en modelos socialistas, terminan en la nada misma.

El candidato de izquierda pudo postularse a esta campaña presidencial en Brasil por un fallo del Tribunal Supremo de Brasil que le restituyó la posibilidad de optar por cargos públicos y anuló dos condenas por corrupción. Fue un tema de formas. El magistrado Edson Fachin dictaminó que el juzgado de Curitiba que procesó al exmandatario no era competente. La sentencia total en prisión sumaba 26 años. Ese gesto abrió las puertas de par en par para su campaña presidencial.

Bolsonaro advierte el peligro para Brasil

El presidente y candidato conservador inició su campaña con un evento religioso en Juiz de Fora, en Minas Gerais. La misma ciudad donde sufrió lo apuñalaron en el año 2018. Mucho pasó desde entonces y Bolsonaro regresó para fijar posición política y mencionar aquel incidente. “No puedes evitar emocionarte al volver a Juiz de Fora […] Doy gracias a Dios por mi segunda vida y por tener la misión de ser Jefe Ejecutivo. No es fácil”, dijo ante sus simpatizantes.

Bolsonaro centra su campaña en los avances en materia económica, sin dejar de advertir lo que podría pasar con un hipotético gobierno de izquierda. De hecho, no tuvo reparo en advertir que Brasil marcha «a grandes pasos hacia el socialismo”.

Para molestia de sus opositores, bajo la gestión de Bolsonaro, Brasil volvió a ser una de las 10 mayores economías del mundo. Además, ha rechazado imposiciones ideológicas populistas y también logró objetivos en materia de seguridad. Por ejemplo, la disminución de 6 % en los homicidios en Brasil en los primeros tres meses de 2022, de acuerdo al Monitor de Violencia.

«Este país no quiere retrocesos, no quiere la ideología de género en las escuelas, no quiere liberar las drogas. Este país respeta la vida desde su concepción y no quiere el comunismo», reiteró.

Horas más tarde del inicio de la campaña presidencial en Brasil, ambos abanderados políticos coincidieron en la investidura de Alexandre de Moraes como nuevo presidente del Tribunal Superior Electoral. Un funcionario acusado de formar parte de la llamada dictadura de la toga, con decisiones que han beneficiado a Lula da Silva como la orden de silenciar publicaciones que lo vinculan a Lula con la mayor red criminal del país, denominada el Primer Comando Capital (PCC).

La carrera para la presidencia comenzó y el próximo 2 de octubre los ciudadanos hablarán para elegir al próximo mandatario.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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