En los primeros tres meses de 2022, el Monitor de Violencia registró una disminución de 6 % en los homicidios en Brasil. En todo el año 2021 la reducción fue de 7 %.

Brasil rompió récord histórico en reducción de homicidios. Jair Bolsonaro consiguió la Presidencia prometiendo mayor seguridad y una lucha férrea contra la delincuencia. En pleno año electoral para la reelección, el mandatario presenta números positivos como muestra de su exitosa gestión en esta materia.

«Logramos la mayor reducción de homicidios de la serie histórica en 2019 y la tasa de violencia más baja en 15 años en 2021, a pesar de que los ‘expertos’ pronosticaban un aumento de la violencia en mi gobierno. En 2022 los índices siguen cayendo. En caso de que fuera al contrario, ¿de quién sería la culpa?», dijo el presidente en su cuenta de Twitter.

Lo más destacado es que las cifras fueron publicadas nada menos que por la cadena Globo, que ha hecho una dura oposición a su gobierno. No obstante, los resultados favorables no se podían ocultar.

De acuerdo con el Monitor de Violencia, la tendencia está a la baja en el país. La administración de Bolsonaro rompió el récord histórico en 2021 (7 %) y la tendencia sigue una línea descendente en 2022.

En un país con más de 220 millones de habitantes, se contabilizaron 41.100 muertes violentas intencionales en 2021, la cifra más baja desde que existe registro (el Foro Brasileño de Seguridad Pública lo registra desde 2007).

Asimismo, en los primeros tres meses de 2022, Brasil ha registrado 10.200 asesinatos, lo que implica una disminución de unos 600 fallecidos de forma violenta, equivalente a 6 % menos, con respecto al mismo período del año pasado.

Según especialistas del FBSP (Foro Brasileño de Seguridad Pública ) y del NEV-USP (Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de Sao Paulo), el récord histórico se logró por medio de un conjunto de factores, entre ellos los cambios en la dinámica del mercado brasileño de drogas, mayor control e influencia del gobierno sobre los delincuentes, alivio de conflictos entre facciones, seguridad pública y políticas sociales.

La legítima defensa cumplió un rol clave

Tal vez se pasó por alto un detalle clave: civiles armados. El presidente de la República, Jair Bolsonaro, afirmó que «después de una larga secuencia de años en los que el ciudadano desarmado vio un aumento de la delincuencia, finalmente la situación se revirtió: ha aumentado el número de armas lícitas, se garantiza cada vez más la posibilidad de ejercer la legítima defensa y ha disminuido la violencia en su conjunto».

Cuando Bolsonaro asumió el poder en 2018, el país tenía registradas 51.027 armas nuevas. Luego de tres años de gestión, hasta el 13 de diciembre de 2021, el total ya había llegado a 188.805 armas legalizadas en manos de ciudadanos brasileños.

“Siguiendo las demandas populares por el derecho a la legítima defensa, el Gobierno Federal, que ve a los buenos ciudadanos como socios en la paz, facilitó su acceso a las armas en cumplimiento de los requisitos legales. Y, gracias a la libertad de usarlas para el bien, la criminalidad está siendo derrotada», dijo Bolsonaro.

Desde 2003, los brasileños quedaron a merced de los delincuentes por medio del Estatuto de Desarme. Finalmente, uno de sus promotores, el tres veces senador y primer gobernador del estado de Espíritu Santo, luego de la dictadura militar, Gerson Camata, murió asesinado de varios disparos que le propinó una persona que había trabajado con él.

El asesino declaró que no tenía permiso para portar el arma, tampoco de entrenamiento y además el arma del delito no estaba registrada.

De manera que se cumple la máxima augurada por Platón:

Las personas buenas no necesitan leyes para decirles que deben actuar con responsabilidad, mientras que las personas malas encontrarán un camino para saltarse las leyes.

Bajo el gobierno de Jair Bolsonaro esas personas malas se han encontrado no solo con la justicia sino también con mano dura por parte de las autoridades. Acorde disminuyó el asesinato de civiles inocentes en el primer año, aumentó la muerte de delincuentes. Pues además, los organismos de seguridad tienen más libertad para aplicar la fuerza.

Cabe destacar que tener un arma no implica necesariamente usarla, en cambio sí la oportunidad de exponerle a un delincuente que no se está en estado de indefensión y así disminuir la probabilidad de un ataque.

A pocos meses de la elección presidencial, Bolsonaro presenta avances históricos en seguridad como uno de sus mayores logros. Los brasileños deberán elegir entre un modelo de autonomía donde se pueden defender o retroceder a la dependencia estatal que les ofreció la izquierda donde los bandidos andaban armados y los civiles inocentes no.

Por Mamela Fiallo Flor – Panampost.com

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