El país dirigido por Xi Jinping es el principal proveedor del servicio que fue interrumpido por orden del régimen cubano a raíz de las protestas que iniciaron el pasado 11 de julio

Han pasado más de tres semanas desde que las protestas estallaron en Cuba. El llamado de libertad que circuló en redes sociales significó un espaldarazo para la población cansada de la falta de alimentos, de medicinas, vacunas contra el COVID-19 y de calidad de vida en general. «Patria y Vida» fue la canción que dio el empujón desde las plataformas digitales para salir a las calles, tanto que los manifestantes la adoptaron como consigna. Pero el régimen cubano tuvo la capacidad de cortar el servicio de internet gracias a sistemas creados por China. Lo que hay detrás, revela parte de las numerosas ambiciones de Xi Jinping en América Latina.

Para tener una idea más clara vale mencionar que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba SA (ETECSA) —que controla el internet en Cuba— tiene como únicos proveedores a las empresas chinas Huawei, TP-Link y ZTE. Desde el 12 de julio se comenzaron a reportar fallas en el servicio. Actualmente siguen registrándose nuevas interrupciones según el grupo de monitoreo de internet, NetBlocks.

El término «autoritarismo digital» ha salido a relucir en los últimos años, ya que constituye una punta de lanza para China. Es decir, a través de esta doctrina busca expandir su dominio dentro y fuera de sus fronteras, sin necesidad siquiera de recurrir a las armas. El Partido Comunista de China (PCCh) confía en ese sistema para «impedir el arraigo y la difusión de ideas liberales o democráticas, aunque China siga conectada al resto del mundo», reseñó en 2019 el portal Nuevas Sociedad. Para ese entonces ya circulaban en distintos medios los planes del dictador chino para aumentar su control.

Un año después trascendió que Cuba utiliza el software de administración de red de Huawei eSight para ayudar a filtrar las búsquedas en la web, reseñó una nota de The Diplomat, citando una investigación de la organización sueca Qurium. Dicho portal publicó un análisis válido de reseñar, ya que apunta a que la ayuda china para bloquear el internet de Cuba durante las protestas demuestra «una de las muchas formas en que Pekín ayuda a mantener a flote al régimen comunista cubano».

Fibra óptica, cables submarinos y otros menesteres

China sabe lo importante que es Cuba en términos geoestratégicos por su cercanía con Estados Unidos y sus nexos con regímenes dictatoriales de América Latina. Además de eso, podría buscar presionar a los cuatro países que reconocen a Taiwán para que cambien de opinión. Es mera estrategia.

Cuba también podría ser un área desde la cual China podría recopilar inteligencia y realizar ciberataques contra Estados Unidos, indica el portal. La Casa Blanca ya viene denunciando a este país junto a Rusia por ciberataques cometidos contra cientos de empresas estadounidenses.

¿Pero cómo se gestó este nivel de relaciones tecnológicas? Evidentemente, todo comenzó con Fidel Castro y se mantiene hoy con Miguel Díaz-Canel. En 2016 la dictadura cubana lanzó un programa piloto para proveer internet a los hogares. Las conexiones se lograron «a través de fibra óptica gracias a un convenio con la empresa china Huawei». Por cierto, por decisión de Donald Trump fue incluida en la lista negra de empresas que suponen una amenaza para la seguridad nacional de EE. UU. También fue objeto de prohibiciones para comerciar y operar allí, especialmente respecto a tecnología móvil 5G.

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Volviendo al tema de Cuba, para 2011 fue desplegado el ALBA-1, un cable de comunicaciones submarino que unifica las telecomunicaciones entre Cuba y Venezuela. Contó con financiamiento chino por unos 70 millones de dólares.

La relación que tiene toda esta estrategia con la falta de internet en Cuba quedó asentada en un mensaje publicado por el senador republicano Marco Rubio durante las protestas. “Hoy más temprano advertí sobre esto. Está ocurriendo y continuará. Por cierto, utilizan un sistema construido, vendido e instalado por China para controlar y bloquear el acceso a internet en Cuba».

Hoy el comunismo chino tiene una enorme influencia sobre el régimen cubano y la población del país caribeño. Hay decenas de contratos comerciales. Electrodomésticos y autos provienen de la nación asiática. A inicios de año se supo que las importaciones cubanas de productos chinos cayeron 40 % debido a la crisis acrecentada por la pandemia, pero eso no significa que las alianzas hayan mermado.

Vigilancia y control

Si buscamos otro ejemplo de este autoritarismo digital chino, basta con voltear hacia Venezuela. En 2018 expertos y organizaciones advertían sobre la participación china en el «sistema patria» que complementado con un carnet contiene toda la información de los ciudadanos, inscritos muchas veces sin ser afines al régimen, pero necesitados de alimentos a través de las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), de vacunas, gasolina o de bonos repartidos por la dictadura.

La predicción del comportamiento es la meta del sistema patria y China es el modelo, señaló una fuente independiente al Instituto de Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS). La organización recordó que el régimen de Xi Jinping creó en 2012 el Sistema de Crédito Social con una finalidad: beneficiar a las personas confiables y castigar a las que no se consideren como tal.

Aquí también entra el cambio político en la región, con gobiernos de izquierda electos los últimos años como Argentina, Bolivia y Perú. Las alertas están encendidas para Colombia y Hondura, y la posibilidad de que Daniel Ortega siga consolidándose en Nicaragua. «Al sostener a Cuba, China sirve indirectamente como una incubadora del autoritarismo en la región, proporcionando recursos a esos regímenes a medida que consolidan el poder», es otra frase reflejada por The Diplomat.

Los argumentos sobre la amenaza del Dragón Rojo tienen base. Hacer el recuento deja en evidencia cómo Xi Jinping ha tejido su red de influencia en América Latina. El hecho de que incorporara su forma de pensamiento a la Constitución china dice mucho de lo que pueden esperar los demás países.

Oriana Rivas –Panampost.com

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