Redacción BLes– Joe Biden, en su primer día de presidente, como parte de las medidas implementadas en defensa del polémico Acuerdo Climático de París, canceló el proyecto del Oleoducto Keystone XL, el cual, durante la administración Trump, había acordado la contratación de 52 mil puestos laborales. Las críticas de aquellos que defienden la industria y el desarrollo local no tardaron en llegar.

El senador Steve Daines, republicano por Mont, durante una entrevista en America ‘s Newsroom, fue uno de los que rápidamente condenó la medida y advirtió que se trata realmente del inicio de lo que puede ser una serie de acciones catastróficas para los ciudadanos estadounidenses. 

Durante la entrevista destacó que el efecto inmediato en tiempos de crisis se reflejará en los bolsillos de la gente.

“Esto va a tener un efecto directo en los bolsillos del pueblo estadounidense, aquí, en medio de una pandemia”.

El oleoducto tenía pactado contratar más de 52 mil personas en forma directa, a eso se le suman los empleos creados por empresas y comercios proveedores de servicios que generan este tipo de inversiones. 

Otro punto destacable del oleoducto era el de la cuestión de seguridad nacional, teniendo en cuenta que implicaba un paso más hacia la total independencia energética de Medio Oriente. 

Pero nada de esto sucedió, Biden lo advirtió y cumplió. En su agenda tiene un gran item que se llama “Green New Deal” y sin duda esta acción es parte de ese objetivo incluido en los planes globalistas de la izquierda internacional. 

En un día se revirtió el camino trazado con esfuerzo durante cuatro años. Tal como afirmó Daines: “(La acción de Biden) invierte el curso y vuelve a colocar la dependencia en el Medio Oriente. Esa es una política terrible para nuestro país”, y agregó: “Parece que se preocupa más por los trabajadores en Arabia Saudita que por los trabajadores en Estados Unidos”.

Los demócratas, motivados por su ala de izquierda radical, pretenden tratar el supuesto “cambio climático” como una amenaza a la seguridad nacional buscando poner a disposición el Pentágono para combatirlo. 

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Los legisladores progresistas ya han anunciado, incluso oficialmente, su deseo de reducir el gasto en Defensa Nacional presupuestado para el año 2021. Y en distintas ocasiones han demostrado su interés en reducir este gasto en Defensa a fin de reubicar esos fondos en la lucha contra el “cambio climático”. 

Estas iniciativas podrían estar poniendo en riesgo el histórico aparato militar estadounidense y sus estrategias de defensa frente a las verdaderas amenazas a la seguridad.

La representante demócrata Cori Bush, dijo que espera desfinanciar al Pentágono durante su mandato. Por otro lado, los senadores Bernie Sanders, y los demócratas Elizabeth Warren y Ed Markey han promocionado una resolución similar de recorte presupuestario de defensa con el apoyo de Greenpeace.

“Si está teniendo un mal día, piense en todos los servicios sociales que vamos a financiar después de que eliminemos el financiamiento del Pentágono”, escribió el año pasado Bush en su cuenta de Twitter.

Michèle Flournoy, la número dos del expresidente Barack Obama en el Pentágono entre 2009 a 2012, habló en reiteradas ocasiones sobre su intención de “ecologizar” el Departamento de Defensa mediante iniciativas como la creación de una nueva oficina para la innovación energética, la cual se centraría en la investigación y desarrollo de tecnologías ecológicas y la lucha contra el cambio climático enfocado desde la seguridad nacional.

Muchos profesionales y políticos conservadores ponen en duda que el Green New Deal pueda realmente salvar el medio ambiente, lo que sí es seguro es que destruirá la economía estadounidense y hoy comenzaron a verse sus efectos con la pérdida de al menos 52 mil puestos de trabajo.

Los patrocinadores del Green New Deal, incluidos los congresistas demócratas Ocasio-Cortez y Ed Markey promocionan como objetivo lograr eliminar los combustibles convencionales (es decir, el petróleo, el gas natural y el carbón) para 2030, solo una década a partir de ahora. También mencionan como parte del cambio la implementación de una garantía federal de empleo; modernizar todos los edificios de los Estados Unidos; reacondicionar el transporte con trenes de alta velocidad; y proporcionar atención de salud universal.

Pero nadie menciona cómo se reemplazará esa energía utilizada como motor de la economía que sustenta la vida de las millones de personas que todos los días trabajan en los Estados Unidos. También surgen otros interrogantes: ¿Cómo se reemplazará la riqueza que se produce diariamente? ¿Quién financiará todas esas inversiones? ¿Cuál será el precio que deberá pagar el ciudadano estadounidense? 

El propio Joe Biden ha pronunciado su apoyo a las políticas afines al Green New Deal, incluso entre sus propuestas de campaña figuran como parte de sus propósitos fundamentales. Si bien nunca dio explicaciones de dónde sacaría los fondos para llevar a cabo sus planes al respecto, si lo han hecho sus legisladores a través de distintas propuestas. Todas ellas van en detrimento de la seguridad de los ciudadanos, la destrucción de industrias y la consecuente falta de empleos.

Andrés Vacca – BLes.com