Chiara Páez, de 14 años, fue asesinada por su pareja por no querer ponerle fin a la vida que llevaba en su vientre. Irónicamente ahora el feminismo la usa para exigir el aborto.

Tenía solo 14 años cuando fue asesinada Chiara Páez, la menor que dio origen a la campaña “Ni una menos”. Esta consigna surgió como parte de la lucha contra la violencia hacia la mujer. Conmovió primero a Argentina y luego a toda la región. Meses después el movimiento mutó. Pasó de ser contra la violencia hacia la mujer a convertirse en una lucha por el aborto legal, a pesar de que la víctima —que dio origen a la causa— fue asesinada por no querer hacerlo.

A Chiara la asesinaron por no querer abortar. Nunca hice proselitismo provida, pero siento que a nivel nacional, por mi postura, quedé afuera del movimiento de mujeres”, explica Verónica Camargo, madre de Chiara.

Chiara estaba embarazada de 8 semanas cuando fue brutalmente asesinada a golpes. La autopsia muestra que en su interior tenía sustancias para inducir un aborto pero, lo que finalmente produjo su muerte fueron las contusiones.

Dado que Chiara medía más de un metro setenta y superaba los 70 kilos, su familia cree que hubo varios implicados en su asesinato y el posterior traslado de su cuerpo.

El padre de la criatura también era menor de edad al momento de la muerte de Chiara. Manuel Mansilla fue condenado a 21 años y seis meses de prisión en la cárcel de Coronda. Intentó apelar, tras tres años de reclusión, pero aún no ha sido actualizada su sentencia.

Mansilla vivía en la localidad vecina a Rufino –donde habitaba Chiara– junto a su madre, padrastro y abuelo, que también están imputados por estar vinculados a la muerte de la menor. Y es que el cadáver de Chiara apareció en el terreno de la casa de Mansilla. La olfatearon y descubrieron los perros de la policía. Y con total indolencia la familia de Mansilla disfrutaba de un asado cuando la policía irrumpió en su vivienda. Estaba la mesa servida, como si nada.

«En el juicio quedó claro que ni Mansilla ni la familia querían al bebé. Y bueno, la mataron», exclamó la madre de Chiara.

Chiari no se animó a contarme que estaba embarazada. Se lo había dicho a una tía, pero era tan pesado el secreto que la tía terminó contándomelo. Mi hija estaba muy angustiada. Le había dicho que o abortaba o se mataba. Al final Chiari me lo dijo y juntas decidimos continuar con el embarazo. Le dije que iba a ayudarla. Ella estaba feliz, más allá del susto”, explicó Verónica.

Por meses, Verónica Camargo fue el rostro de la campaña «Ni Una Menos», reclamando justicia por su hija y su nieto. Eso fue en 2015. Pero al año siguiente, en 2016, la violencia hacia la mujer dejó de ser el foco de la campaña y tomó como rol protagónico exigir la despenalización del aborto.

Desde entonces, Verónica se desvinculó (y fue desvinculada) del movimiento feminista en el que se convirtió «Ni una menos». Pues su hija murió por no querer abortar, y las feministas —que alegan luchar contra la violencia hacia la mujer— llaman derecho matar a criaturas que están en el vientre de sus madres.

Para 2018, Verónica afirmó su postura y defendió la postura provida cuando se debatió la despenalización del aborto en Argentina. Defendió la vida desde la concepción ante la Cámara de Diputados. Ella, al igual que la madre de otra víctima de violencia, reprocharon el uso de la vida y muerte de sus hijas para pedir matar a los hijos de otras madres en sus vientres.

El argumento feminista apunta a que los hombres matan a las mujeres porque las consideran su propiedad. Por ende, para ser dueñas de sus propios cuerpos, las mujeres deben poder abortar y así reducir la violencia hacia la mujer en la sociedad. Eso es lo que alegan quienes ahora se apropiaron de la campaña «Ni una menos».

Pero la evidencia demuestra que el ser humano tiene un corazón, no dos. Como el corazón humano empieza a latir a partir del día 16 de la gestación y las pruebas de embarazo pueden realizarse desde unas dos semanas después de la concepción, cuando este se confirma la mujer ya alberga en su interior a otro corazón, por ende, poner fin a esos latidos implica poner fin a la vida de otra persona.

De manera que la argumentación feminista no se corresponde con la realidad. Tampoco el hecho de alegar que se protege a la mujer al poner fin a la vida de sus hijos por nacer. Al contrario, al usar casos como el de Chiara Páez, se expone cómo a menudo las mujeres son forzadas a abortar, y al despenalizarlo, en lugar de ser un criminal quien fuerza a la mujer a poner fin a la vida de sus hijos en el vientre, se convierte en un facilitador de lo que ahora llaman derecho.

Mamela Fiallo Flor – PanAm Post

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