En la localidad de Fulton, dos hombres de campo argentinos se salvaron de ser arrastrados por un tornado mientras llevaban a cabo labores agrícolas y el video que registró el momento se hizo viral.

El pasado fin de semana Darío y Facundo Serrano, (padre e hijo) dos campesinos habitantes de una de las localidades del partido de Tandil (provincia de Buenos Aires, Argentina) se vieron en apuros luego de que su jornada laboral se tornara en un campo de supervivencia contra la furia de la naturaleza.

Alrededor de las 6:00 a.m. el cielo de Fulton se tornó de densas nubes grises amenazando un fuerte temporal. Para entonces padre e hijo llevaban a cabo las actividades del campo en un tractor, desde el cual grabaron de cerca el amenazador fenómeno climático.

Según lo recogido por el diario La Nación, Darío comentó: “Diez minutos antes vimos que se estaba haciendo una nube de unos 4 kilómetros de ancho y luego pasó a tener unos 10 kilómetros. Después, el pico del tornado bajó a unos 300 metros de donde estábamos.

A través del perfil de Facebook “Meteorología de la República Argentina” informaron que los fenómenos estaban relacionados con las tormentas que recorrieron el sur y el sudoeste de la provincia y además algunos de ellos fueron considerados como superceldas (actividad supercelular) bastante inestable, tanto como para que se presentara la formación de tornados, lluvias torrenciales y ráfagas de viento.

La entidad metereológica también afirmó a través de su perfil de Facebook que aparte de arrastrar personas, animales y vehículos, los tornados pueden causar la muerte gracias a su capacidad de convertir cuerpos comparativamente de menor tamaño en proyectiles.

Respecto a los eventos, la entidad declaró que según las estadísticas la Argentina es la segunda región del mundo en donde más se presentan tornados, los especialistas indican que no es un fenómeno de ahora, sólo que debido a los avances tecnológicos es posible registrar de mejor manera dichos eventos.

El paso del tornado causó estragos en plantaciones y en cobertizos que alojaban semillas y combustibles; los vientos oscilaban a una velocidad de entre 130 y 200 kilómetros por hora.