Un nuevo informe saca a la luz 285 sospechosas “asignaciones presupuestarias” del año fiscal 2020, que suman la impresionante cifra de $16.800 millones de dólares.

En el Congreso se está librando una batalla sobre las propuestas para restablecer la práctica de las “asignaciones” de gastos, pequeñas disposiciones deslizadas dentro de los proyectos de ley de gastos que discretamente autorizan millones para proyectos locales e intereses especiales. Pero un nuevo informe nos recuerda que, a pesar de la “prohibición” de las asignaciones en 2011, esta práctica nunca desapareció del todo. 

Publicado por el grupo de defensa Ciudadanos contra el Despilfarro Gubernamental, el Congressional Pig Book 2021 (Libro de Cerdos del Congreso) expone 285 asignaciones de fondos para el año fiscal 2020, por un total de $16.800 millones de dólares. Aquí hay 7 descabellados ejemplos de las asignaciones que el nuevo informe expone.

  1. $663.000 para eliminar la serpiente arbórea marrón, una plaga que se encuentra en Guam.
  2. $65 millones para el ‘Fondo de Recuperación del Salmón’, un programa destinado a “invertir el declive del salmón y la trucha del Pacífico, apoyando los esfuerzos de conservación en California, Oregón, Washington, Idaho y Alaska”.
  3. $41 millones para el ‘Programa Juvenil Starbase’, una iniciativa que “enseña ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) a jóvenes en situación de riesgo, en múltiples ubicaciones en o cerca de bases militares de todo el país”.
  4. $1.700 millones para “17 aviones de combate F-35 Joint Strike Fighter (JSF) no solicitados”, un tipo de avión que, según advierte el informe, “ha estado plagado de sobreprecios, retrasos y malos resultados”.
  5. $41 millones para combatir las plagas submarinas, con 25 millones asignados a la lucha contra las plantas acuáticas.
  6. $5 millones para ‘National Capital Arts and Cultural Affairs’, una partida destinada a instituciones dedicadas al entretenimiento de la élite en Washington DC como el Kennedy Center.
  7. $20 millones para la “Fundación Asia“, que está “comprometida con la mejora de las vidas dentro de una Asia dinámica y en desarrollo”.

Algunos argumentan que las asignaciones no son más que el dinero que engrasa las ruedas del Congreso para que las cosas se hagan, o, alternativamente, desestiman la cantidad de dinero como relativamente trivial. Pero el despilfarro de miles de millones de dólares no es un asunto de risa para un país ahogado en deudas. Además, la propia naturaleza de los fondos asignados los hace propensos a la corrupción y a la disfuncionalidad.

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“Los resultados [del despilfarro e ineficiencia] no son para nada sorprendentes”, explicó para FEE.org el profesor de Economía de la Universidad de Pepperdine, Gary Galles, “porque, a diferencia de lo que ocurre cuando la gente gasta su propio dinero (y, por tanto, elige sólo lo que valora más que el costo), las asignaciones provienen casi exclusivamente del bolsillo de otros a través de la financiación federal. Si lo que aportan las asignaciones fuera eficiente desde el punto de vista de los beneficiarios locales, deberían haber estado dispuestos a financiarlas ellos mismos”.

“Si los directamente afectados no están dispuestos a pagarlos con su propio bolsillo, entonces sería mejor dejar el dinero en sus bolsillos, sin un costoso desvío de recursos dentro de los círculos de Washington DC”, concluye.

Debido a este sistema disfuncional, las asignaciones de fondos financieros dan lugar a un mayor despilfarro e ineficiencia que el proceso de gasto normal. Eso no es algo que ningún contribuyente responsable deba tolerar.

El despilfarro y la corrupción expuestos por Ciudadanos contra el Despilfarro Gubernamental no podrían ser más relevantes, ya que las revelaciones llegan en el momento en que muchos legisladores están tratando de restablecer la práctica en su totalidad, bajo el nuevo disfraz de “proyectos comunitarios”. Sin embargo, el informe está galvanizando aún más una presión contra esta reinstauración entre los legisladores fiscalmente conservadores.

“Por demasiado tiempo, las asignaciones han sido utilizadas como una especie de soborno legal, permitiéndole a los jefes de los partidos aprobar gastos irresponsables e inflados, que ha disparado los gastos del gobierno y ha incrementado nuestra ya asombrosa deuda nacional de 28 billones de dólares”, declaró el senador Ted Cruz. “[Deberíamos] mantener y restaurar la prohibición de las asignaciones para los fondos presupuestarios porque el Congreso debería concentrarse en defender la cordura fiscal, no en llevar el pan a la mesa del hogar”.

El senador de Utah, Mike Lee, añadió que las asignaciones de fondos son “una de las prácticas más vergonzosas del Congreso”, y advirtió que “traer de vuelta las asignaciones de fondos presupuestarios… hará imposible acabar con nuestro sistema de gastos, ya quebrado y que no rinde cuentas”.

Y el senador Rand Paul, un veterano defensor de la lucha contra el despilfarro gubernamental, le pidió a los fiscales conservadores que se mantuvieran “vigilantes” para detener el regreso de las asignaciones de fondos presupuestarios que “canalizan el dinero de los impuestos hacia intereses especiales y hacia donantes de campañas”.

Mientras sigan existiendo ejércitos de grupos de presión que se babean por conseguir aún más carne, el debate sobre las asignaciones no va a desaparecer. Pero esta práctica es algo más que una cuestión aislada. Es emblemática de la disfunción burocrática y la inmoralidad de un gobierno federal que reparte, de los bolsillos de otros, billones todos los años.

Resolver el problema no es simplemente una cuestión de poner a las personas adecuadas en el cargo. Será necesario reducir el gobierno federal a su original y minoritario rol que desempeñaba dentro del sistema constitucional.

Brad Polumbo – fee.org