(Redacción Bles) Para arrojar un poco de luz sobre el asunto, se hace indispensable saber que un organismo modificado genéticamente (OMG) es cualquier organismo que ha sufrido una alteración en su ADN, al aplicársele la biotecnología moderna.

Los OMG más comercializados son los ’transgénicos’, llamados así porque se les incorpora fragmentos de ADN de otra especie. Por ejemplo, la práctica transgénica más común es tomar ADN de bacteria e insertarlo en un vegetal, para que este produzca su propio insecticida, al tiempo que se lo modifica genéticamente para que tolere los pesticidas, es decir, que sobreviva después de absorberlos.

Desde que en 1994, se patentara en EE.UU. el primer producto alimenticio modificado genéticamente (MG): La marca de tomate SavrFlavr®, el desarrollo de los OMG ha crecido vertiginosamente, pese a la controversia que suscitan.

Este alimento, sin embargo, se retiró del mercado de productos frescos dos años después, debido a consecuencias imprevistas como “la piel blanda, un sabor extraño y cambios en la composición del tomate”, informó la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

En 2001, la FAO, declarándose a sí misma como foro neutral, hizo un llamamiento a proceder con cautela y asegurar el tratamiento ético de estos avances técnicos, y mencionó que:

“Desde hace varios años, la ingeniería genética ha generado plantas con resistencia innata a las plagas y tolerancia a los herbicidas” que podrían tener efectos positivos desde el punto de vista del impacto ambiental y de los costos de producción para los consumidores, aunque admitiese que no existía ningún análisis que corroborara tales informaciones.

Hoy en día, parece ser que a pesar de que la escala que ha alcanzado el debate mundial sobre los OGM no tiene precedentes, polarizando a científicos, productores de alimentos, consumidores y gobiernos, los estudios aún no han logrado demostrar los riesgos y ventajas de su aplicación en los sectores agrícola y alimenticio, pero ¿qué significa esto?

Algunos atribuyen la escasez de respuestas a que resulta difícil realizar un seguimiento de la población consumidora, otros a que haría falta una gran inversión en investigación para crear los instrumentos precisos que brindaran datos fiables, otros piensan que hay demasiado dinero e intereses en juego.

Sea como fuere, la pregunta es: ¿cómo puede ser que, después de 30 años, en cuestiones relevantes como la inocuidad de los alimentos o los efectos sobre el medio ambiente, no se haya alcanzado todavía consenso?

Debido a esta inexplicable falta de transparencia y de respuestas concretas, el equipo de redacción de BLes decidió hacer su propia investigación sobre los transgénicos.

Luces y sombras de los transgénicos

La cifra tanto de partidarios como de detractores, se ha visto multiplicada en los últimos años. Los primeros, debido a la carencia de fundamentos, trasladan al terreno psicológico la aceptación de los OMG, y afirman con rotundidad e incluso se amparan en la pseudociencia para garantizar que son completamente seguros, reclamando mayor confianza en las instituciones científicas. Al mismo tiempo, intentan ganar el favor del público, al proclamarlos como la inminente solución al hambre en el planeta.

Por ejemplo, Stefaan Blancke, filósofo de la Universidad de Ghent, titulaba su artículo, de la web ‘Scientific American’: “¿Por qué la gente se opone a los transgénicos aunque la ciencia dice que son seguros?”.

Según alegó, “(en base a) la abrumadora evidencia científica que demuestra que los OMG son seguros como alimentos, y que traerán beneficios ambientales al hacer que la agricultura sea más sostenible”, reiteró que el rechazo a los OMG podía deberse “a que la mente es propensa a distorsionar o rechazar la información científica a favor de creencias más intuitivas”. 

Este artículo no es una excepción. Existe gran cantidad de escritos en los que se intentan “promulgar” las mismas consignas, asentadas en una base científica ficticia como se observará, bien sea por ignorancia o con intenciones ulteriores.

Otro ejemplo, lo constituye el bioquímico inglés Richard Roberts, premio Nobel de Medicina en 1993, quien durante la ponencia inaugural del II Congreso Internacional “Pobreza, hambre y sostenibilidad (2017)”, defendió ante los numerosos medios que se dieron cita, que los transgénicos ”son totalmente seguros”, e instó a la audiencia a que se dejaran guiar por las asociaciones científicas profesionales, ya que no había nada de que preocuparse.

Además, Roberts, director de investigación de la empresa biotecnológica ‘New England Biolabs’, firme en su compromiso, lideró una iniciativa que posicionó a más de 100 premios Nobel en favor de la ‘agricultura de precisión’. Todos firmaron una enérgica carta que exigía a ‘Greenpeace’ y a todos los gobiernos del mundo que abandonaran su oposición y sus campañas en contra de los OMG.

Incertidumbre científica y ética profesional

El 22 de abril de 2017, se celebró el taller: “Incertidumbre Científica y Ética Profesional”, financiado por la NSF (Fundación Nacional para la Ciencia). Científicos, periodistas y abogados ambientalistas, tomaron a los transgénicos agrícolas como modelo, para estudiar la forma correcta de transmitir la incertidumbre científica al público.

En su presentación, Fred Gould, director del comité que elaboró el ‘Informe de la Academia Nacional de las Ciencias sobre OMG‘, declaró que tanto las instituciones como los medios, a menudo, ignoran y no cumplen ciertas condiciones o advertencias, al hacer afirmaciones sobre la seguridad de los transgénicos. “La investigación científica no puede garantizar la seguridad absoluta al consumir determinados alimentos”, añadió.

Después, intervino la Dra. Belinda Martineau, una genetista estadounidense que participó en el desarrollo del tomate SavrFlavr®. Recalcó que, en pos de la honestidad y la transparencia, tales afirmaciones sobre la precisión o seguridad de los transgénicos carecen de validez, y deberían expresarse obligatoriamente condicionadas, dada la incertidumbre que rodea a la ingeniería genética, cuyo conocimiento del genoma de las plantas y otros organismos abarca solo el 2-3%.

Además, tampoco se puede controlar el lugar donde se insertan los genes foráneos, lo cual puede provocar mutaciones impredecibles en la planta receptora, y por eso se hace necesario probarlos alimentando animales.

En este punto, hizo mención a un estudio de alimentación animal, llevado a cabo por el Profesor Seralini y revisado por pares (científicos cualificados), que evidenció los riesgos del maíz transgénico NK603; pero cuyos resultados, en lugar de ser corroborados, fueron silenciados.

El Dr. Gould, después de coincidir con todo lo expuesto y reconocer que los transgénicos se venden “exageradamente”, sin embargo, respondió: “Sí”, a la pregunta: “¿Cree que todos los productos transgénicos comercializados actualmente son seguros?”, incluso después de que la Dra. Martineau le recordase el caso del NK603, que acababan de tratar.

Dos semanas después, un nuevo artículo revisado por pares: “Análisis multi-ómico integrado del maíz transgénico NK603 tolerante al Roundup revela alteraciones metabólicas provocadas por el proceso de transformación transgénica“, demostró que el proceso utilizado para generar el maíz NK603 causa profundas alteraciones en su perfil molecular.

El caso del maíz transgénico NK603 tolerante al glifosato

Las leyes establecen que las consecuencias derivadas de la ingesta de transgénicos, solo las puede estudiar la propia industria agroquímica. Estas desarrolla esos estudios cuando necesita nuevas licencias comerciales.

Suelen ser ensayos de alimentación de roedores, que nunca exceden los 90 días, lo que equivale a 7 años de vida humana en ratas Sprague-Dawley (la cepa que se destina a tales evaluaciones). A pesar de que este período de tiempo no se considera suficiente para evidenciar daños en órganos o el cáncer, en algunos casos se detectan indicios tempranos de toxicidad en hígado y riñones.

En 2010, un grupo de científicos de la Universidad de Caen, Francia, coordinados por el Profesor Gilles-Eric Seralini, tras obtener los permisos correspondientes, decidió replicar y ampliar a 2 años un estudio, de estas características, sobre el maíz NK603 tolerante al pesticida ‘Roundup’ (glifosato), de la multinacional Monsanto.

El objetivo era verificar si la toxicidad observada, cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) aprobó la comercialización del maíz transgénico NK603 de Monsanto, carecía realmente de “significación biológica” como afirmaban o si, por el contrario, evolucionaba hasta una enfermedad grave.

En 2012, se publicaron los resultados: Toxicidad a largo plazo del herbicida ‘Roundup’ y del maíz modificado tolerante al ‘Roundup’, estremeciendo a la sociedad y la comunidad científica. Los resultados demostraban que los roedores alimentados durante 2 años con el maíz transgénico NK603 o con cantidades minúsculas del herbicida ‘Roundup’ (glifosato) disueltas en agua, sufrieron daños graves en hígado y riñones, alteraciones en la hipófisis, trastornos hormonales, tumores de gran tamaño y muerte prematura.

Se evidenciaba una relación alarmante entre los transgénicos y el cáncer, lo cual suponía el colapso de los sistemas reguladores que certifican la seguridad de los OMG, y por ende, de la industria OMG mundial.

La reacción de Monsanto y del sector científico pro-transgénicos fue “levantarse en armas” para rebatir dicha investigación. Por otra parte, científicos de todo el mundo y organizaciones científicas de interés público, mostraron su apoyo a Seralini.

Los medios de comunicación, los organismos reguladores de los OMG y otros grupos de presión, lograron, transcurrido un año que, por primera vez en la historia, un artículo revisado por pares fuera retirado de una publicación científica por motivos no científicos. Corinne Lepage, parlamentaria europea, manifestó que el objetivo final de la retirada del artículo era terminar definitivamente con la posibilidad de realizar estudios a largo plazo sobre los OMG.

Después de una ardua batalla, en 2014, el estudio que expone los peligros que representa el maíz transgénico NK603 para la salud humana: Toxicidad a largo plazo del herbicida ‘Roundup’ y del maíz modificado tolerante al ‘Roundup’, volvería a obtener el reconocimiento de la opinión científica internacional y republicarse, después de pasar tres revisiones de pares (marcando un hito en la historia, ya que ningún estudio ha necesitado tantas rondas de revisión para considerárselo válido, según Claire Robinson, editora de ‘GMOSeralini.org‘).

Riesgos y beneficios

Los estudios de evaluación de seguridad de los transgénicos para la comercialización son insuficientes, pese a que la ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que todas las técnicas de modificación genética de organismos vivos son poco fiables, incontrolables e impredecibles. Al igual que todos los organismos y productos que, hoy en día, no podemos identificar ni evitar comer o usar, porque no están etiquetados como tales.

También es razonable constatar, que las cosechas OMG no tienen razón de ser, ya que no han alcanzado ninguno de los objetivos de mejora para los que se supone que fueron creadas, sino todo lo contrario, representan una amenaza para los agricultores, consumidores y medio ambiente. Por lo tanto, cuando menos, son innecesarias, ya que ni siquiera aportan mejoras sobre las convencionales.

Los estudios demuestran problemas predecibles, causados por los transgénicos y los pesticidas (como el glifosato), tanto para la biodiversidad como para la salud humana y animal, tales como enfermedades infecciosas y mutaciones dañinas que pueden conducir al cáncer. Sin embargo, tales investigaciones intentan ser obviadas o silenciadas por las corporaciones transnacionales del agronegocio (Monsanto, Bayer, Dow, Dupont, Syngenta…).

En el ámbito agrícola, se ha observado una disminución en el rendimiento de los campos y en los ingresos económicos, mientras aumentaba drásticamente la cantidad de aplicación de herbicidas y la dependencia económica de los agricultores en las grandes compañías, en detrimento de la soberanía alimentaria.

Actualmente, se siguen fomentando los cultivos OMG, pese a que numerosos estudios documentan la productividad, y los beneficios sociales y ambientales de la agricultura sostenible, de bajos insumos y orgánica, que posibilita una manera de restaurar las tierras agrícolas degradadas por las prácticas agronómicas convencionales, y provee a los pequeños agricultores de herramientas para combatir la pobreza y el hambre.

videoPlayerId=5747f7b74

Ad will display in 09 seconds

Pero no son pocos los que predijeron, e incluso documentan, que uno de los objetivo principales en el desarrollo de estas semillas transgénicas es y será el control corporativo de la agricultura, las semillas y los agricultores. Que solo se han valido de este instrumento para instaurar un monopolio que controle el suministro mundial de alimentos, y acaparara las propiedades de agricultores que contrajeron deudas al comprar semillas y pesticidas. Henry Kissinger dijo: “Controla el petróleo y controlarás naciones; controla los alimentos y controlarás a la gente”.

El objetivo definitivo, es aún más escalofriante, puede leerlo aquí.

Share
Categorías: Ciencia Mundo Salud

Video Destacados

Ad will display in 09 seconds