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“Liberar la ira” es uno de los conceptos sociales más arraigados. Pero moldear el cerebro en base a la comprensión podría resultar mucho mejor que simplemente despotricar.

Un encontronazo con un peatón (siendo automovilista) o un encontronazo con un automovilista (siendo peatón) normalmente generan una reacción de emociones que tienden a liberarse mediante los más escandalosos insultos verbales. No hacerlo de este modo y guardar la ira dentro del corazón, en vez de exteriorizarla, es una de las cosas menos saludables que el humano pudiera hacer en casos como estos ¿cierto? Según Dolf Zillman, Dianne Tice y una escuadra de los más reconocidos estudiosos de nuestra psique, tal afirmación es una de las falsas creencias populares que más ha repercutido en nuestra modernidad.

“La gente suele pensar que la ira es ingobernable y que, en todo caso, no debiera ser controlada. O que una descarga ‘catártica’ puede ser sumamente liberadora”, dice el Dr. Daniel Goleman, pionero en el concepto de “inteligencia emocional”.

En su célebre best seller “Inteligencia Emocional: por qué es más importante que el coeficiente intelectual”, Goleman afirma que “Cuantas más vueltas demos a los motivos que nos llevan al enojo, más ‘buenas razones’ y más justificaciones encontraremos para seguir enfadados”.

Por su parte, la Dra. Dianne Tice, de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, asegura que “el enfado es la más seductora de las emociones negativas, porque el monólogo interno que lo alienta proporciona argumentos convincentes para justificar el hecho de poder descargarlo sobre alguien”.

La creencia social (o “superstición”, en palabras de Goleman) de que en un ataque de ira lo más saludable es “sacarlo todo” a relucir, podría tener su origen en el concepto de “catarsis emocional” tan afincado por los profesionales del psicoanálisis primitivo, como el medio para solucionar estados negativos de la mente. Sin embargo, según el Dr. Dolf Zillman, de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, ya en los años cincuenta existían estudios serios que indicaban que la catarsis emocional de la furia servía poco o nada en la resolución de tal estado.

De hecho, según los estudios de Dianne Tice, “el hecho de expresar abiertamente el enfado constituye una de las peores maneras de tratar de aplacarlo, porque los arranques de ira incrementan necesariamente la excitación emocional del cerebro y hacen que la persona se sienta todavía más irritada”.

Pero la solución al problema de la ira no suele ser tan simple como tragarse el odio por el prójimo cuando un distraído se infiltra en la cola de pagos, o cuando ese chofer de colectivo arranca y frena cual transportista de ganado.

El correcto dominio de nuestras emociones puede ser entrenado hasta el grado en que cualquier atisbo de enfado pueda disiparse con un pensamiento, en lugar de formar un círculo de alimentación negativa sobre la situación. “Parece mucho más eficaz en suma –dice Goleman– que la persona comience tratando de calmarse y que, posteriormente, de un modo más asertivo y constructivo, entable un diálogo para tratar de resolver el problema”.

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El falso concepto de que “liberar la ira” es saludable
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Categorías: Salud

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