Redacción BLes- ¿Sabías que cuando se tiene sed, uno ya está deshidratado y que esto puede provocar el auto-envenenamiento del cuerpo? En este artículo te contaremos cómo prevenir la deshidratación, y sobre todo por qué es tan importante para nuestro organismo que nunca le falte agua.

Hay agua en todo lo que nos rodea, en la bruma matinal, en el aire que respiramos y desde los picos nevados de las montañas hasta las células que componen nuestros cuerpos. Dependiendo del lugar donde estemos, el índice de grasa corporal, la edad o el género, el ser humano está compuesto entre un 55% y un 60% de agua. Aún más en el caso de los bebés menores de un año, que son un 75% agua.

El ser humano es mayoritariamente agua. Con los años perdemos proporción de agua

¿Cuál es la función del agua en nuestro organismo?

El agua es el elemento mayoritario en la composición de nuestras articulaciones, protege y amortigua los huesos y órganos, regula la temperatura corporal e hidrata el cerebro y la espina dorsal. También ayuda a convertir nuestros alimentos en energía, y es la parte más grande de nuestros sistemas sanguíneo y linfático, transportando alimento y oxígeno a las células y desechando intrusos y toxinas. ¡Nuestra sangre es agua en un 92%!

Pero el agua de nuestro cuerpo no está solo en la sangre, nuestro corazón y cerebro son más del 75% agua, los pulmones un 85% e incluso los huesos están compuestos en un 31% de agua.

¿Por qué necesitamos beber agua?

Lo cierto es que nuestro cuerpo está constantemente perdiendo líquido, cada día perdemos entre un 25% y un 30% de agua a través del sudor, la orina, las heces y la respiración. Por lo tanto necesitamos, como mínimo, beber tanta agua como perdemos, para no alterar el equilibrio del organismo. Cuando no ingerimos suficiente agua y este balance es negativo, estamos deshidratados.

Así,  la deshidratación se suele definir como un balance negativo del agua corporal que se produce cuando la excreción de líquidos supera el consumo.

Consecuencias de la deshidratación

La deshidratación puede provocar diferentes tipos de daños al cuerpo dependiendo del grado: puede ser leve (1%-3% del peso corporal), moderada (3%-10% peso corporal) o grave (más del 10% del peso corporal).

Los daños más graves para el organismo por la de la pérdida de agua son:

  • La ralentización de la función de las enzimas: estas regulan todo tipo de procesos bioquímicos y funciones esenciales para la vida. Un mal funcionamiento en un solo tipo de enzima puede generar una enfermedad letal.
  • El auto-envenenamiento: En ausencia de los niveles adecuados de agua, el aparato excretor comienza a funcionar de manera deficiente. Al no haber suficiente agua, la orina se hace más amarilla, con una concentración mayor de toxinas. Estas toxinas no pueden salir del cuerpo y se van acumulando en los órganos excretores, provocando estreñimiento, infecciones y hasta puede dar lugar a la intoxicación de la propia sangre y de las células.

¿Por qué nos deshidratamos?

Muchas personas encuentran muy difícil seguir las recomendaciones de los médicos y expertos que nos aconsejan beber entre un litro y medio y dos litros de agua diarios. Ellos argumentan: “es que no tengo sed”. Pues bien, ¡aquí está el problema!

La sed es la señal de alarma de nuestro organismo, que nos avisa de que ya estamos deshidratados. Es decir, realmente el estado ideal es no llegar a sentir sed, porque bebemos agua suficiente, a lo largo del día, para cubrir la pérdida natural de fluidos del cuerpo.

Los niños son especialmente vulnerables a deshidratarse

Aunque está bien beber cuando se tiene sed, lo mejor es no confiarnos demasiado, lo cierto es que como a casi todas las cosas que hacemos o sentimos a menudo, podemos crear cierta tolerancia a la sensación de sed. Es decir, si siempre “aguantamos” la sed, esta cada vez tarda más en aparecer y posiblemente no será ya señal de una deshidratación leve, sino moderada y peligrosamente cercana a ser grave.

Otra razón es que, en ocasiones, confundimos la sensación de sed con la de hambre. Si esto ocurre y satisfacemos la sed comiendo, esta cada vez se hace más débil, hasta que desaparece y con ello nuestro sistema de alarma de deshidratación.

¿Cómo reconozco si estoy deshidratado?

Aparte de los habituales síntomas como la sensación de sed o haber sudado mucho, hay una serie de síntomas y señales que nos pueden ayudar a identificar si estamos deshidratados y en qué grado.

Deshidratación moderadaDeshidratación severa
Boca seca y pegajosaSed extrema
Somnolencia y cansancioIrritabilidad y confusión
Piel secaOjos hundidos
 Dolor de cabezaTensión arterial baja
EstreñimientoRitmo cardíaco acelerado
MareosRespiración agitada
Poca orinaFiebre
Contracciones muscularesMuy poca orina de color fuerte

Los niños son especialmente vulnerables a deshidratarse, por eso hay que estar muy atentos a los siguientes síntomas:

  • Fontanela hundida
  • Pocas o ninguna lágrima al llorar
  • Boca seca
  • Poca orina en los pañales
  • Somnolencia
  • Respiración agitada
Los niños menores de un año tienen una proporción de agua del 75%, casi como los peces.

Prevenir la deshidratación

Como toda función fisiológica, podemos restaurar nuestra capacidad de sentir sed. Lo único que tenemos que hacer es beber agua con regularidad. Pero ojo, cuando decimos agua, nos referimos exactamente a eso, al agua.

Otras bebidas (zumos, café, té, refrescos), por refrescantes y apetitosos que sean, no sustituyen al agua en las funciones tan vitales que esta cumple en el organismo. Es más, algunas de estas bebidas contribuyen a deshidratarnos aún más, como el café y todas las bebidas alcohólicas. Mientras que otras nos acidifican el organismo, como los refrescos, lo que tiene un efecto negativo en nuestro equilibrio de pH.

Es muy importante beber agua de buena calidad

El agua embotellada suele ser un agua muy buena, pero los envases que se utilizan para almacenarla acaban liberando químicos que no son muy saludables. Además no es una opción muy sostenible por la gran cantidad de residuos de plástico que generan.

Lo mejor es beber agua de nuestro grifo, pero esta nos llega a casa con cloro, flúor y otros muchos químicos que se utilizaron en el proceso de depuración. Una buena opción es filtrar el agua del grifo en casa y si quieres ir un paso más allá, se puede lograr revitalizar el agua devolviendo la estructura molecular cristalina que tiene en la naturaleza, tras discurrir por cascadas, ríos y oxigenarse chocando contra las rocas.

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Temas: Categorías: Salud

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