Los proyectos intergeneracionales que reúnen a niños y ancianos están beneficiando a ambos grupos, explica Mariano Sánchez, experto en el tema, en artículo de El Periódico del 6 de octubre.

“Es mucho más que una simple idea simpática. Es un valor social”, afirma Sánchez según el mismo medio.

En España se amplían estas experiencias que vinculan a niños de varias edades con adultos mayores residentes de casas para ancianos.

Hay algunos hogares geriátricos con guarderías incluidas, y por otro lado, se organizan campamentos de verano para adolescentes que comparten talleres con personas de la tercera edad, estudiantes de secundaria que visitan periódicamente centros de adultos mayores, y otras interacciones que permiten estos intercambios de vida y experiencias tan variadas.

El video enseña la relación establecida entre ancianos y niños compartiendo:

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Mariano Sánchez es profesor de Sociología de la Universidad de Granada, España, y estudia proyectos intergeneracionales.

Sánchez les está haciendo seguimiento a estos programas desde 2006 y ha identificado 175 de ellos en España, a diferentes escalas y niveles.

“Las actividades sueltas de convivencia están aumentando mucho. Los que están creciendo menos son los espacios intergeneracionales de convivencia”, afirma.

Las recomendaciones sobre estos proyectos

Para el especialista es recomendable que estas relaciones intergeneracionales sean voluntarias y dirigidas por profesionales.

Quienes dirijan los programas han de tener claridad con respecto a las circunstancias de los ancianos, algunos de ellos con dificultades cognitivas, además de saber con precisión la sicología de los niños que participan de los eventos.

De todas maneras es un camino por recorrer, en el cual se requiere de formación del personal que interviene en los encuentros para que no se trate solamente de ‘hacer experimentos’, en palabras de Sánchez.

Los beneficios

“Los niños interiorizan un concepto positivo del envejecimiento y aprenden a relacionarse”, dice el profesor de sociología.

Asimismo, los jóvenes no desarrollan miedo al interactuar con personas mayores y aprenden algo tan importante en su crecimiento como es el relacionarse, ampliando su esfera social más allá del círculo de su familia inmediata.

También comparten cariño, cultivan amistades, aprenden sobre el proceso de envejecimiento y a respetar a los mayores.

A su vez, los adultos mayores continúan vinculados con aspectos de la vida cotidiana, sin tener que aislarse de ella. “Es una razón para vivir la vida, una responsabilidad, una persona que depende de ellos en un momento dado”, explica Sánchez.

Tanto los niños como los abuelos se benefician del contacto.

«Está demostrado que las personas mayores implicadas en actividades intergeneracionales se sienten más felices que otros de su misma edad”, sostiene por su parte Isabel Gómez de Salazar, psicóloga de la residencia Amavir Coslada, de Madrid, según ABC.

De esta forma, los ancianos aumentan su actividad física, estimulan su interés cognitivo y enriquecen sus interacciones sociales.

Por otro lado en la vida de los mayores su memoria se despierta, vuelven a la concentración, la atención se enfoca y más aún, disminuyen sus dolores.

 “No hay más que ver la alegría con la que los mayores participan en las actividades conjuntas, y la admiración con la que los pequeños escuchan y aprenden”, dijo Magdalena Álvarez Expósito, terapeuta ocupacional, según ABC.

En el caso específico de Amavir Coslada, se integran niños de 6 a 12 años que conviven con los residentes mayores, desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la tarde.

Comparten muchas actividades diarias, que entretejen educación y recreación, y también las horas de tomar los alimentos, es decir desayunos y comidas.

Se dan gimnasia, bingos, manualidades y excursiones y todo ello hace que los abuelos permanezcan expectantes a la llegada de los niños.

Por su parte, Andrés Rodríguez, director general de Macrosad, sostiene que estas interacciones aportan a los menores una manera de entender la vida y los mayores hasta olvidan el dolor.

“Se llama inter-generoterapia. Nosotros apostamos por eso. Es una manera de entender la vida y de enriquecimiento mutuo, tanto a nivel grupal como individual”, concluye, según una publicación de ABC.

José Ignacio Hermosa – BLes

Guarderías integradas en residencias de ancianos: beneficio para niños y abuelos
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Categorías: Salud

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