Redacción BLes – El flúor es el ingrediente indispensable en la inmensa mayoría de productos de higiene dental hoy en día en todo el mundo y en algunos países además se añade al agua del suministro. También está presente en aguas embotelladas, sal, té, vino, café e incluso en leche para bebés. Existe una creencia muy arraigada de que el flúor es muy bueno para mantener nuestra dentadura sana, pero no todo el mundo está de acuerdo con esto. 

Numerosos estudios, profesionales de la medicina, científicos y una parte cada vez más numerosa de la opinión pública internacional defiende que el flúor es altamente tóxico para el organismo. Aseguran que es un veneno acumulativo que no tiene ninguno de los beneficios que se le atribuyen y que sus supuestas “propiedades anti-caries” son una pantalla de humo para ocultar los efectos dañinos que este elemento, principal residuo de la industria del aluminio, causa al verterse al medio ambiente.

En muchos países se añade artificialmente flúor al agua del suministro

¿Qué es el flúor?

El flúor es 13.º elemento químico más abundante del planeta, pertenece al grupo de los halógenos, lo que significa que es cuatro veces más tóxico que el plomo. Es el más inquieto de todos elementos los de la tabla periódica, ya que reacciona y forma compuestos con virtualmente todos los elementos. Los compuestos que llevan flúor se denominan fluoruros -estos pueden ser orgánicos o inorgánicos- y están presentes en el aire, el agua, el suelo y los organismos vivos de forma natural.

En la naturaleza muy rara vez se lo encuentra en forma pura y no fue hasta 1886 que se logró aislar. El flúor permaneció como una curiosidad de laboratorio hasta que en 1940, la industria nuclear estimuló su producción comercial. El flúor y sus componentes se usan en la producción de uranio, plásticos, cerámicas, pesticidas y farmacología.

Flúor asociado con salud dental

La primera asociación entre el flúor y la salud dental se produjo en 1888. Un médico alemán llamado Kuehns planteó una posible relación entre las manchas que tenían en los dientes los habitantes de Durango, en México y alguna sustancia que había en el agua, de manera natural muy rica en hierro y manganeso.

En 1901, otro médico J.M. Eager asoció el ennegrecimiento de los dientes de los habitantes de Pouzzoli, en Italia, con el consumo de ciertas aguas.

Sin embargo, la investigación más conocida la realizó Frederick Sumner McKey a principios del s. XX en Colorado Springs, Estados Unidos. Sus conclusiones fueron:

1. Las manchas se debían a imperfecciones del diente
2. Solo las tenían las personas de una zona donde había minas de oro
3. Los dientes afectados eran más resistentes a la caries

En 1931, la Compañía de Aluminios de América (ALCOA por sus siglas en inglés) condujo una investigación con experimentos controlados en Bauxite, (Arkansas, EE.UU)- donde tenía una de sus fábricas- y detectó que el agua contenía 13,7 ppm (partes por millón) de flúor y que este era el causante de las manchas. Hoy conocemos como fluorosis a esta afección y se sabe que bastan 4 ppm en el agua de beber para provocarla.

La fluorosis es una afección dental mucho más grave que la caries

A principios del siglo XX, en Groenlandia, trabajadores que extraían una roca mineral rica en fluoruro llamada criolita (50% de flúor) de una enorme veta que fue descubierta, comenzaron a verse aquejados de una especie de parálisis. Esto provocó que en los años 30 y por orden del subcomisionado de salud de la ciudad, Kaj Eli Roholm, comenzara a investigar la dolencia y a sospechar que el flúor podía estar relacionado.

Se comprobó que los trabajadores padecían de dientes en mal estado, artritis, problema estomacales, sarpulllidos y úlceras. Incluso los hijos de las obreras mostraban los mismos síntomas a pesar de no haber estado expuestos directamente al flúor. Su conclusión fue clara: “La suposición de que el fluoruro es necesario para la calidad de los dientes se basa en información deficiente. El actual conocimiento indica claramente que el fluoruro no es necesario para la salud de ese tejido sino que, por el contrario, el esmalte dental es especialmente sensible a los efectos perjudiciales del fluoruro”. Su recomendación médica fue: “El uso terapéutico de los compuestos de fluoruro, al menos en niños, debe cesar”.

Roholm siguió investigando y viajó a otros lugares donde podría haber intoxicaciones por flúor, que ya se había convertido en un elemento básico en la fundición de metales, fabricación de ladrillos, vidrio, barnices y fertilizantes. Estas nuevas investigaciones le reafirmaron en sus sospechas y propuso que reconociera la intoxicación crónica por fluoruro como enfermedad laboral a compensar y que se prohibiera la contratación de mujeres y jóvenes para trabajos expuestos a compuestos de fluoruro. También recomendó que exigiera a la industria que se encargara de neutralizar los residuos de fluoruro y que se valorara prohibirlo en los fármacos.

Algunas grandes corporaciones industriales no estaban de acuerdo con estas conclusiones y decidieron hacer pruebas por su cuenta. DuPont y General Motors contrataron a Robert Arthur Kehoe para que demostrara los grandes beneficios del flúor.

Robert Arthur Kehoe (1893 – 1992) llegaría a convertirse en una influyente figura del estamento científico.

Kahoe había logrado convencer a las autoridades que el plomo de la gasolina era inocuo causando que entre 1927 y 1987, según cifras del propio gobierno de EE.UU, se produjeran 5.000 muertos al año y que 68 millones de niños sufrieran problemas cardíacos, neurológicos y problemas de aprendizaje,

Una campaña de marketing a favor del flúor

En 1943 empezaron a presentarse las primeras demandas contra esas compañías, pero se resolvieron rápidamente con compensaciones económicas siempre y cuando las empresas no tuvieran que reconocer responsabilidad alguna. En la sangre de algunos granjeros se encontraron hasta 310ppm de fluoruro.

El flúor era un componente esencial para la producción de uranio enriquecido, esencial para fabricar la primera bomba atómica. Gran cantidad de este fluoruro era suministrado en grandes cantidades por DuPont, a pesar de que el saldo de trabajadores intoxicados y accidentes fatales iban en aumento.

El problema de la toxicidad del flúor podía afectar a la producción de armamento nuclear y surgió la idea de emprender una campaña de propaganda para convencer a la población de los beneficios del flúor, logrando que se asociase a este elemento como algo bueno para la salud, a pesar de no haber ni una sola evidencia médica que soportara tal afirmación.

La campaña fue un éxito y en Estados Unidos se comenzó a añadir fluoruro al agua del suministro para prevenir las caries. Pronto otros países siguieron la tendencia.

¿Está justificado añadir flúor al agua?

Añadir un compuesto al agua de beber por sus supuestas propiedades medicinales implica una serie de cuestiones que difieren de cómo se tratan otros suplementos o medicamentos:

Dosis controladas – Los medicamentos siempre los debe recetar un médico que, conociendo el historial del paciente puede recomendar con seguridad un suplemento o medicamento en la dosis adecuada y con seguridad de que no va a interactuar con ninguna otra medicación, condición o alergia.
El flúor en el agua del suministro implica que todo el mundo toma la misma dosis, sea esta adecuada o no, con este agua se preparan biberones de bebés que toman la misma dosis de flúor que un adulto.

La recomendación de Roholm fue: “El uso terapéutico de los compuestos de fluoruro, al menos en niños, debe cesar”.

Efectos secundarios – Todos los suplementos o medicamentos tienen efectos secundarios que hay que poner en conocimiento del usuario, de manera que este pueda elegir si los asume o no.
En el caso del flúor, no se ha dado opción a la población de elegir si quiere tomar flúor. Ni siguiera se ha consultado, sin embargo ingieren flúor a diario.

Médicos especialistas – Los medicamentos son recetados por médicos especialistas que tienen formación académica para evaluar los efectos de las sustancias farmacológicas en sus pacientes.
En el caso de la fluorización del agua, los que recomiendan esta práctica son dentistas que desconocen los efectos que estos compuestos pueden tener en los diferentes órganos, tejidos y procesos del organismo: riñones, cerebro, glándula tiroidea… etc.

Coctel químico – Recordemos que el flúor tiene una capacidad extraordinaria para formar compuestos con prácticamente todos los elementos orgánicos o inorgánicos con los que entra en contacto. Por esta razón es muy difícil prever que compuestos puede formar en el agua, en nuestro organismo o en nuestra alimentación. Se pueden producir cócteles químicos de consecuencias imprevisibles.

Residuos al medio ambiente
La mayor parte del agua que llega a nuestras casas no se consume sino que se usa en limpieza, etc, por lo que acaba en el sistema de alcantarillado y posteriormente en el medio ambiente, habiendo formado compuestos de fluoruros incontrolados.

El veneno hace la dosis

El flúor es una sustancia que no se elimina del organismo, sino que se va acumulando, por tanto es más que posible que los niveles de esta sustancia en el organismo aumenten, provoquen daños irreversibles y además no se detecte, atribuyendo la afección a otras causas erróneamente.

Un ejemplo: el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU (CDC por sus siglas en inglés) informó en 2005 que el 32% de los niños americanos tienen fluorosis dental, en 2012 el 41% de los adolescentes padecían esta afección, que es más grave que la caries.

En la actualidad se ha prohibido la fluorización del agua en casi todos los países europeos menos España. Hay comunidades en EE.UU y Canadá que están reclamando el fin de esta práctica.

Se ha demostrado que si el flúor aporta algún beneficio a los dientes, este se produce en contacto tópico, no a través de ingerirlo, por lo que la fluorización del agua es una práctica que arroja serias dudas y además no es eficaz para la salud dental. Se supone que el fluoruro endurece el esmalte dental y, por lo tanto, lo hace más resistente contra las bacterias de la caries. Sin embargo, un esmalte dental endurecido se fragmenta mucho más rápido con alimentos duros que un esmalte dental “no endurecido”. El esmalte dental natural más suave es mucho más resistente que el esmalte endurecido debido al fluoruro. Esto no solo es válido para los dientes, sino también para nuestros huesos.

Lista de países que añaden flúor al agua potable del suministro:

País Número de personas que beben agua fluorada % de la población
Argentina 3.100.000 19%
Australia 17.600.000 80%
Brasil 73.200.000 41%
Brunei 375.000 95%
 Canadá 14.260.000 44%
Chile 11.800.000 70%
Fiji 300.000 36%
Guatemala 1.800.000 13%
Guyana 45.000 62%
Hong Kong 6.638.000 100%
Irish Republic 3.250.000 73%
Israel 5.270.000 70%
Libia 400.000 22%
Malasia 20.700.000 75.5%
Nueva Zelanda 2.330.000 61%
Panamá 510.000 15%
Papúa Nueva Guinea 102.000 6%
Perú 500.000 2%
Serbia 300.000 3%
Singapur 5.080.000 100%
Corea del Sur 2.820.000 6%
España 4.250.000 11%
Reino Unido 5.797.000 11%
Estados Unidos 194.206.000 64%
Vietnam 3.500.000 4%
Total 369.656.000 5%

Fuente: Sociedad Británica de Fluorización (Datos de 2012)

Flúor: ¿panacea o veneno?
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Categorías: Salud

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