Lo ideal sería que cada mujer tuviera a su marido a su lado durante el embarazo y el parto, los momentos más sagrados de la vida. Aunque tengo un marido, pasé esos momentos sola y viví como una madre soltera durante los últimos ocho años de mis nueve años de matrimonio.

En mi camino, atravesé por toda una serie de emociones complicadas, desde el odio al resentimiento, desde el orgullo a la alegría, desde la culpa al reproche, hasta la calma y la satisfacción, pero 2 años después del nacimiento de mi hija, el destino me condujo a un camino de paz interior.

El diagnóstico de cáncer de mi madre, me llevó a iniciar una búsqueda en Internet. No esperaba encontrar algo que cambiara mi vida y mi visión del mundo para siempre.

Aunque mi hija y yo vivimos separadas de mi marido, todavía disfrutamos de la calidez de una familia, nos cuidamos y respetamos mucho.

Cuando pienso sobre mi situación, no sé lo que me deparará el futuro, pero espero que mi historia pueda beneficiar a otros que buscan un sentido a sus vidas en medio de los desafíos y las adversidades de la vida.

Una historia de amor

Se dice que los nacidos en el Año del Cerdo serán felices. Esto fue cierto para mí desde que nací en 1983, hasta la edad adulta. No quiero decir que viví en el lujo, pero fui bendecida con condiciones de vida cómodas y nunca me faltó nada. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar después de que me casé.

Conocí a mi esposo en mi clase de noveno grado. Desde el primer día que lo vi, le tuve confianza y afecto. Se sentaba a mi lado y nuestra relación comenzó a desarrollarse. Ambos tenemos buenos recuerdos de esa época.

Pero el noveno grado terminó unos meses más tarde, lo que significaba que tendríamos que estudiar en diferentes escuelas secundarias. Estaríamos a gran distancia el uno del otro. Nuestras familias también vivían lejos unas de otra.

Sería difícil mantenerse en contacto sin los números de teléfono. Pero a nuestra incómoda edad, el orgullo y la vanidad hacían difícil que nos pidiéramos nuestros números, ya que se vería como una especie de coqueteo o búsqueda.

Al final, tomé la iniciativa y pregunté. Fue un acto audaz que parecía obligado por una fuerza superior a la mía. Respondió rápidamente, reunió todo el coraje para decirlo. Sin embargo, solo oí con precisión los primeros cuatro dígitos de su número, porque todo lo que podía oír era el latido de mi corazón.

Pasaron unos meses y pensé en él todo el tiempo. Me culpé por no conseguir su número de teléfono. No sabía cómo contactarme con él. Después me contó que siempre venía a una tienda de videojuegos cerca de mi casa para poder verme.

Creo que el destino hizo lo suyo, porque de alguna manera el cielo dispuso que volviéramos a estar juntos. Un día levanté el teléfono, mientras pensaba en él e inconscientemente marqué el número lo mejor que pude y oí su voz al otro lado de la línea.

Era como si el tiempo se detuviera. No recuerdo cómo inicié la conversación, pero se hizo posible cuando dejé mi orgullo. Así fue como comenzó nuestra historia de amor, que finalmente nos llevó al matrimonio.

Un buen esposo en el que podría confiar

Estábamos muy enamorados el uno del otro y cuanto más estábamos juntos, más cosas buenas veíamos el uno en el otro. Estaba segura de que él sería el único amor de mi vida.

Vi que era un hombre amable, tierno y educado. Siempre estaba dispuesto a detenerse y ayudar a un anciano a cruzar la calle. Una vez recogió un gato delgado y ciego de entre muchos gatos sanos que vendían y se lo llevó a casa para cuidarlo, gastando todo el dinero que tenía. También me di cuenta del gran amor que le tenía a su madre.

Siempre caminaba por la calle para que yo pudiera caminar por la vereda. Me tomaba de la mano con fuerza cada vez que cruzábamos la calle y me acercaba a él en medio del intenso tráfico de la hora pico.

Un hombre tan amoroso y cariñoso sería, sin duda, un marido en el que podría confiar para que me cuidara y me protegiera. Nos casamos en 2009.

Alejando a mi esposo de mi vida

Sin embargo, pronto alejé de mí a al hombre que más amaba. Yo era una persona decisiva e independiente, siempre quería ser líder y tener el control, incluso en el amor. Pero quería que mi esposo fuera fuerte y poderoso, aunque al mismo tiempo tierno y amable. No podía contenerme de darle órdenes, ni siquiera de hablarle con sarcasmo y de compararlo con los demás.

Creía que sabía lo que otras personas pensaban sin tener que escucharlas, o eso creía y le pedí a mi marido que también fuera así: “rápido” y “sensible”. Podía evaluar situaciones fácilmente y trabajar con rapidez y precisión, le exigí lo mismo. También quería que tuviera sentido del humor, pero también que fuera intenso y reflexivo. Tenía que ser inteligente pero humilde, generoso y sociable, cuidando hasta el más mínimo detalle.

Me sentía un modelo a seguir y esperaba que mi esposo fuera exactamente lo que quería que fuera. Luego me molestó que no cumpliera con mis expectativas.

Por un lado, era una mujer capaz, mientras que por otro tenía un complejo de inferioridad. A menudo estaba celosa y decía cosas hirientes sin tener en cuenta los sentimientos de mi marido. Sin embargo, nunca se molestó, sino que simplemente guardó silencio y se mantuvo alejado de mí.

Nuestro matrimonio a la deriva y nuestras vidas separadas

Después de quedarme embarazada alrededor de un año después de nuestro matrimonio, decidí mudarme a la casa de mis padres. Desde entonces, mi esposo y yo vivimos separados. El lugar donde él estaba le quedaba a cinco minutos de su trabajo y la casa de mis padres también estaba a cinco minutos del mio. Era conveniente para ambos, pero nuestra relación cambió de tal manera que era como si fuéramos amigos, no marido y mujer.

Nuestros problemas empeoraron y continué expresando enojo y decepción con mi esposo, aunque ya no vivíamos juntos. Como consecuencia, nunca me visitó durante mi embarazo. Parecía como si una fuerza invisible lo mantuviera alejado.

Mientras tanto, lo culpé por no preocuparse por mí y orgullosamente me cuidé sola y di a luz a nuestra hija. Mi esposo no me visitó hasta después de que nació nuestra hija.

Una vez más lo culpé por ser cruel y frío, sin importarle su hija. Él mismo no tenía ninguna explicación de por qué no podía estar con su esposa y su hijo. Parecía que estaba enfocado en trabajar y ganar dinero, creía que esta era su manera de cumplir con su responsabilidad hacia la familia y que era suficiente.

Anhelaba el amor

Para entonces, ya no quería vivir con mi marido y estaba dispuesta a criar sola a nuestra hija. Desarrollé odio hacia él, pero nunca hablé mal de él delante de nuestra hija o de mi familia. En el fondo de mi corazón, sabía que él no era el culpable de nuestra terrible relación.

No importaba lo fuerte que me veía por fuera, anhelaba el amor. Esto probablemente hizo que los hombres se sintieran atraídos por mí. Los hombres coqueteaban conmigo y me invitaban a salir, me gustaba la atención que recibía. Fui a bares, bebí, bailé y a veces me fui de viaje, justificándolo todo, pensaba que tenía derecho a divertirme y a disfrutar, mientras no cruzara la línea en mis relaciones con otros hombres, porque todavía estaba casada.

Sin embargo, nunca consideré dejar a mi esposo y él tampoco quería el divorcio. Todavía queríamos ser una familia, pero con un arreglo extraño que los demás no entendían.

Del diagnóstico de cáncer de mi madre a una doble buena noticia

A menudo sentía que mi vida estaba vacía, a pesar de todas las oportunidades que tenía para salir y divertirme. Creía que la vida humana tenía un propósito y que no solo era para la búsqueda de la felicidad y la prosperidad, así que busqué y aprendí todo tipo de disciplinas espirituales y religiosas, así como filosofías humanistas. Pero nunca encontré nada que respondiera a todas mis preguntas sobre la vida. Un día, en un templo, tuve un simple pensamiento en mi mente: “Por favor, muéstrame el camino correcto”.

Luego, en 2012, cuando mi hija tenía aproximadamente 2 años, el “destino” o algún gran poder invisible me trajo la respuesta.

A mi madre le diagnosticaron cáncer. No sabía qué hacer excepto buscar en Internet para tratar de aprender todo lo que pudiera sobre la enfermedad. Pero lo que me llamó la atención fueron los numerosos resultados de personas que practicaban una disciplina tradicional china llamada Falun Dafa que se recuperaron completamente de varios tipos de cáncer y otras enfermedades graves.

Busqué más información en Internet y encontré que a las personas que querían aprender más sobre Falun Dafa se les recomendaba que leyeran Zhuan Falun, el libro principal de enseñanzas de la práctica. Leí cuidadosamente el libro gratuito en línea, prestando mucha atención a cada palabra. Tenía la sensación de que esto era lo que buscaba desde hace mucho tiempo.

Entonces, recibimos la buena noticia: el diagnóstico de cáncer de mi madre resultó ser falso. Por mi parte, fueron dos buenas noticias, ya que todas las preguntas que tenía sobre la vida y el universo fueron contestadas en Zhuan Falun.

Dejando atrás la búsqueda y el resentimiento

Falun Dafa, también llamado Falun Gong, es una práctica espiritual que ayuda a las personas a mejorar su mente y su cuerpo, elevando su carácter moral. Los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia son fundamentales para la práctica. También incluye cinco ejercicios suaves que consisten en cuatro ejercicios de pie y una meditación sentada.

Comencé a seguir las enseñanzas y a aplicarlas seriamente en mi vida. Fue entonces cuando me di cuenta de que no era correcto para mí tener un corazón de búsqueda con respecto a mi esposo, tratando de forzarlo a cambiar y convertirse en la clase de persona que yo quería que fuera. Comprendí que solo podía hacer lo mejor para ser una buena persona en mi propia vida, dejando ir el perfeccionismo y el resentimiento.

Me di cuenta que cuando estaba tranquila, agradable y amable, mi familia respondía de la misma manera en lugar de sentirse constantemente presionada y desanimada por mí. Después de cambiar mis propios pensamientos y comportamientos, las relaciones tensas mejoraron gradualmente y el ambiente a mi alrededor se volvió pacífico y armonioso.

Una vez que entendí profundamente este principio, mi odio hacia mi esposo se disolvió. Sucedió tan rápido que me sorprendió, ya que durante mucho tiempo le tuve rencor y hería sus sentimientos, lo que causó un gran sufrimiento en mí y en todo lo que me rodeaban. Pero no era ni un poquito escéptica de los principios que se enseñan en Zhuan Falun. Me sentía protegida por un campo de energía muy fuerte y positivo que me borraba todos los pensamientos enredados y complicados que controlaban mi mente.

El amor tiene un reino superior

Ahora entiendo que todo en la vida te vuelve como un bumerán después de ser lanzado. Todo sucede por una razón y no tiene sentido culpar a nadie. La única solución es mejorar el carácter uno mismo.

Por ejemplo, si soy como un azulejo, duro y quebradizo, inmediatamente me rompería en una caída y mis piezas afiladas también lastimarían a otros. Pero si soy como una bola de lana blanda, no me rompería en absoluto en el impacto y no causaría daño a nadie.

Ahora considero mucho más los sentimientos de mi esposo, reconociendo las circunstancias y dificultades que tiene que enfrentar en su vida. Ya no lo critico, ni trato de cambiarlo, ni de buscar algún tipo de perfección. En cambio, me doy cuenta que el amor tiene un reino superior, que es compasivo, incondicional y poco exigente, que la felicidad solo se puede encontrar dentro de uno mismo.

Hace mucho tiempo que no discutimos ni peleamos. Aunque mi marido se enfade, me quedo callada. Ahora somos respetuosos y cálidos el uno con el otro. Sé que es feliz a mi lado y sé que se preocupa por nuestra hija y por mí. Lo noto profundamente y lo aprecio mucho.

Cumpliendo mi propósito de vivir con Verdad, Benevolencia y Tolerancia

Me esfuerzo por seguir los principios de Falun Dafa de Verdad, Benevolencia y Tolerancia para poder aplicarlos en cualquier situación o rol que desempeñe. Como esposa, necesito cumplir bien ese papel. También soy madre. Mi hija, ahora de 8 años de edad, practica Falun Dafa conmigo y tomo mi responsabilidad muy seriamente para ser un buen modelo a seguir para ella.

Ser siempre honesta y sincera, hacer lo que debo hacer sin defenderme o protegerme, sin imponerme a los demás. Pensar siempre en los sentimientos de los demás y no hacer cosas que puedan herir a alguien, eso es Benevolencia. No tener apegos a preocupaciones y ser capaz de soportar cualquier situación sin enojo, resentimiento o queja, eso es tolerancia y paciencia.

Estas son tres palabras simples pero poderosas y son la base que ahora me guía ante todos los problemas de mi vida. Estas virtudes no solo me ayudan a corregir los conflictos con mi esposo, sino que también me ayuda a resolver muchos otros desafíos en mi vida.

Estoy feliz de ser libre y de no estar atada a mis emociones oscuras anteriores, después de encontrar la paz interior y el sentido de mi vida. Eso es lo que me enseñó el libro Zhuan Falun, estoy feliz de poder compartir la belleza y bondad de Falun Dafa con todos los que se enteren de mi historia.

Dao Thanh Hang vive en Vietnam.

Nota del editor:

Falun Dafa es una práctica de cultivación de mente y cuerpo que enseña los principios de Verdad, Compasión y Tolerancia como una forma de mejorar la salud y el carácter moral y alcanzar la sabiduría espiritual. Para más información sobre la práctica, visite www.falundafa.org. Todos los libros, música de ejercicios, videos e instrucciones están disponibles sin costo alguno.

A través de La Gran Época.

El amor se reavivó: una disciplina ancestral que encontró en Internet le ayudó a salvar su matrimonio
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Categorías: Historias de vida Salud

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