Sin duda la tecnología nos ha tomado a todos por sorpresa y es tal su vórtice que no nos ha dado tiempo ni de pensar, logrando un efecto avasallador en todos los órdenes del desarrollo humano hoy en día.

El impacto tecnológico sin precedentes en la civilización nos ha puesto a correr detrás de los últimos desarrollos para aprender a utilizarlos y aplicarlos cuanto antes a nuestras actividades comerciales, ahora mucho más competitivas y exigentes, además de tener que responder ante la presión social por estar “al día” con los más sofisticados dispositivos que al igual que servicios nos proporcionan estatus.

En un abrir y cerrar de ojos hemos sido despojados de tradiciones culturales, de criterios y hasta de sentido común sintiéndonos forzados a rendir pleitesía a la deslumbrante y todopoderosa tecnología, que a la manera de un “nuevo dios” todo lo alcanza y nada se le escapa.

Así las cosas, se impone el introducir responsablemente a nuestros niños en el mundo de las máquinas con criterios claros y definidos, y no de la manera caótica e improvisada que suele verse con frecuencia.

Una cuestión de responsabilidad

Últimamente se escucha decir que los niños ya “traen el chip instalado” aludiendo a su rapidez y destreza en la comprensión y manejo de los dispositivos electrónicos, y efectivamente asombra la facilidad con que lo hacen.

Esto no significa que se les deban ceder plenos derechos sobre el uso de los aparatos, su capacidad de discernimiento en formación no les permite proyectar las eventuales consecuencias nocivas para su desarrollo, que pueda acarrear el uso indiscriminado de los dispositivos, y peor aún, de los contenidos de todo tipo a que quedarán expuestos prematuramente.

Se ha denunciado que muchos padres evaden la responsabilidad de prestar la atención necesaria a sus hijos, averiguar qué les molesta y en cuanto estos empiezan un “berrinche” les pasan el celular o la tablet para que vean lo que más les gusta.

Así, poco a poco los pequeños van presionando a sus padres para que les suelten los celulares tantas ves como sus deseos se los sugiera, creando un círculo vicioso en donde los padres pierden autoridad y control sobre sus niños, y estos se sumergen aún más en los mundos imaginarios o inapropiados que encuentran en sus incursiones en la red.

Los niños pueden convertirse en adictos a la tecnología, si no hay quien regule su uso.

Las grandes personalidades de la tecnología limitan a sus hijos el tiempo con ella

Ya en 2010, Steve Jobs, al mando de Apple, aludió a que sus hijos no usaban el recientemente creado iPad y afirmó: “limitamos la tecnología que nuestros hijos usan en casa”.

“Facebook apela a la parte reptílica de tu cerebro (la más primitiva), que genera principalmente el miedo y la ira (…) y con los teléfonos inteligentes, te entretienen en cada momento de vigilia”, dijo Roger MacNamee, uno de los primeros inversionistas de Facebook, al sentirse horrorizado por lo que había ayudado a hacer a través de esa compañía.

Por su parte, Sean Parker, quien también invirtió dinero en Facebook, señaló recientemente a The New York Times acerca de las redes sociales: “Solo Dios sabe lo que están haciendo a los cerebros de nuestros hijos”.

Por su parte, en enero de 2018, Timothy D. Cook, director ejecutivo de Apple, dijo: “No tengo un hijo, pero tengo un sobrino al que puse algunos límites. Hay algunas cosas que no permitiré; no las quiero en una red social”, reportó el diario The Guardian.

Para algunas personas esos hechos deberían haber servido de advertencia sobre los peligros que implica el uso de los aparatos electrónicos por parte de los niños. Sin embargo, recién en los últimos años han empezado a tomarse medidas en ese sentido.

Jim Steyer, director ejecutivo y fundador de Common Sense, una ONG dedicada a educar y a apoyar a las familias para promover una tecnología segura, comentó: “Ves un grado de hipocresía con todos estos tipos en Silicon Valley”.

A su vez los educadores Joe Clement y Matt Miles, coautores del reciente libro “Escolarización en pantalla: Dos maestros veteranos exponen cómo el uso excesivo de la tecnología hace que nuestros hijos sean más tontos”, escribieron: “¿Qué es lo que estos ricos ejecutivos de tecnología saben sobre sus propios productos que sus consumidores no saben? La respuesta, según un creciente conjunto de pruebas, es el poder adictivo de la tecnología digital”.

Cantidad de tiempo gastado en medios de comunicación

Según La Academia Americana de Pediatría niños y adolescentes de Estados Unidos pasan más de 21 horas semanales viendo televisión, además del tiempo que pasan viendo películas y videos musicales, escuchando música, jugando videojuegos y juegos por computadora o navegando por Internet por diversión; en conjunto este tiempo es mayor al aplicado en compartir con actividades creativas, activas o sociales.

La institución también declara que un joven, en promedio, puede observar hasta 14.000 referencias sexuales por año, de las cuales muy pocas contienen información educativa con respecto al comportamiento sexual.

La promoción del tabaco, el alcohol y las drogas ilícitas son frecuentes en los mensajes comunicados en los medios y tratan de atraer a los jóvenes a quienes les bastaría con “solo decir sí” para acceder a su consumo. Los protagonistas de las obras artísticas u otros personajes simpáticos consumen y disfrutan de estos productos adictivos, haciéndolos más atractivos a sus espectadores desprevenidos.

Problemas de salud

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En el video se aprecian algunas de las enfermedades que los celulares pueden causar a los niños.

Se ha encontrado que los celulares son causa de enfermedades gastrointestinales por ser portadores de virus y bacterias; hay estudios que concluyen que suelen tener 18 veces más gérmenes patógenos que un sanitario.

Si bien las quemaduras son menos frecuentes, también pueden ser causadas por dejar cargando el aparato demasiado tiempo, o hasta pueden provocar un choque eléctrico.

La ansiedad también se hace presente con el uso del celular en opciones diferentes a aquellas para las cuales fueron creados inicialmente, es decir para comunicarse.

Adicionalmente el insomnio es propiciado por la luz generada por los teléfonos móviles, lo cual altera el reloj interno y los ritmos cardíacos, retardando la producción de melatonina, la hormona que origina el estado de sueño.

En cuanto a la salud visual también resulta afectada, hallándose degeneración temprana de la retina, lo que lleva al desarrollo temprano de cataratas, o incluso ceguera.

Y en el peor de los casos, existen riesgos de contraer diversos tipos de cáncer. Las ondas emitidas desde las antenas, generan radiofrecuencias perjudiciales para los tejidos cerebrales en desarrollo, que llegan a absorber hasta 10 veces más radiación que los cerebros de los adultos, y aumenta considerablemente la probabilidad de desarrollar cáncer.

La radiación de los celulares podría causar cáncer en los niños.

Se ha documentado también que el aumento del tiempo viendo televisión incrementa significativamente el sedentarismo y la obesidad.

Además, un nuevo estudio presentado en la Reunión de las Sociedades Académicas de Pediatría, en 2017, reveló que los niños de entre seis meses y dos años de edad son los más propensos a experimentar retrasos en el habla por el uso de pantallas de mano como teléfonos inteligentes, tabletas y juegos electrónicos.

Otros riesgos 

La UNICEF, organismo de las Naciones Unidas para la protección de los infantes, advierte sobre tres riesgos predominantes que amenazan a los niños: los de contenido, de contacto y de conducta.

Por riegos de contenido quiere decir que a través de Internet los niños tienen a su disposición materiales no deseados e inapropiados. Bien pueden ser imágenes sexuales, pornográficas y violentas, formas de publicidad que inciten al racismo, a la discriminación y al odio. Podrían ingresar a sitios que promueven conductas peligrosas como las autolesiones, el suicidio o la anorexia.

Los chicos también podrían entrar en contacto con extraños, con adultos que buscan relaciones inapropiadas o explícitamente sexuales. Por otro lado, estos podrían convencerlos de que se radicalicen o participen de conductas que atenten contra su salud o la de los demás.

Otra de las formas de comportamiento inadecuado puede consistir en la elaboración de material odioso sobre otros niños y la publicación y distribución de imágenes sexuales aún producidas por ellos mismos.

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En este video se aprecian ciertos riesgos que revisten los medios tecnológicos usados en exceso por nuestros hijos.

Algunas estadísticas

En Estados Unidos se calcula que el 42% de los niños menores de ocho años ahora tiene sus propios dispositivos o tabletas, un aumento considerable en comparación con el 7% hace cuatro años y menos del 1% en 2011, según un reporte de Common Sense Media.

James Steyer, director ejecutivo y fundador de Common Sense Media, en un correo electrónico a CNN escribió que “uno de los hallazgos más asombrosos es que los dispositivos móviles son ahora tan comunes en el hogar como los televisores, ya que el 98% de los hogares con niños menores de ocho años tienen un dispositivo móvil. La ubicuidad de los móviles está cambiando la infancia”, aseguró.

Steyer adicionó: “El móvil se está apoderando totalmente, ahora representa el 35% del tiempo de pantalla, comparado con el 4% en 2011″.

También aclaró que los niños provenientes de hogares de bajos ingresos, que ganan menos de US$30,000 al año, pasan un promedio de 3 horas y 29 minutos con acceso a dispositivos pantalla cada día, mientras que los niños de hogares de mayores ingresos, que ganan más de US$75,000 al año, pasan 1 hora y 50 minutos en pantallas.

Diversos estudios han revelado que niños menores a 9 años gastan, en promedio, 2 horas y 19 minutos ante las pantallas y cuando “van llegando a la adolescencia están pasando más de, digamos, 6 horas comprometidos con estos dispositivos de pantalla”, destaca la Dra. Jenny Radesky, profesora asistente de pediatría conductual del desarrollo del Hospital Infantil C.S. Mott de la Universidad de Michigan.

Asimismo, la especialista agrega que los bebés y los niños pequeños no han desarrollado todavía el pensamiento simbólico o las habilidades de memoria necesarias para entender las pantallas bidimensionales, lo cual ocurre cuando tienen recién entre 15 y 18 meses. 

Es posible aplicar estrategias saludables

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En el video Catherine L’Ecuyer, divulgadora educativa, transmite la relación que se da entre los niños y los dispositivos electrónicos.

“Cada vez más de nuestro consumo de medios está en algo que está a la mano o en el dormitorio del niño donde los padres son menos capaces de monitorearlo y establecer reglas consistentes”, dice la Dra. Radesky.

“Por lo general, recomiendo que las familias no les den a sus hijos pequeños el control total de estos dispositivos; en otras palabras, mantenerlos en alto donde los niños tengan que pedir permiso para usarlos, no almacenarlos ni cargarlos en la habitación del niño, y tener reglas sobre dónde y cuándo se pueden usar”, explica.

También complementa con otra sugerencia: “Quítele todas las aplicaciones inapropiadas y trate de enseñarle al niño a usarlas con fines creativos, como una cámara o un videograbador, y a compartir sus creaciones con los miembros de la familia para que aprendan que el uso de estos aparatos no siempre es una actividad en solitario”.

Sugiere además la importancia de aprender “modales digitales para que los niños sepan que no está bien ignorar a otras personas cuando miran una pantalla… y cómo reducir las distracciones cuando necesitamos tiempo especial en familia”.

En un estudio que se publicó en la revista Developmental Psychology el mes pasado, los niños de 3º a 5º grado (de 8 a 11 años) que tenían su propio televisor o videojuegos en sus dormitorios pasaban más tiempo con los medios de comunicación que aquellos que no tenían estos dispositivos en sus cuartos.

Una mayor cantidad de tiempo dedicado a las pantallas se asoció con una reducción en la cantidad y calidad de sueño y lectura, y la obtención de calificaciones más bajas en la escuela en consecuencia.

Además, las personas con dispositivos en los dormitorios tenían mayores probabilidades de estar expuestas a más violencia mediática, y tendían a actuar más agresivamente que los niños sin acceso a medios de comunicación en los dormitorios.

El acceso a los medios de comunicación en la habitación exponen a los niños a más violencia mediática y tienden a actuar más agresivamente.

Si a los niños se les guía adecuadamente en el uso de dispositivos y acceso a los medios de comunicación, cuando sean mayores serán capaces de:

  • Regular el uso de los dispositivos electrónicos.
  • Hacer elecciones positivas en el acceso a la información.
  • Seleccionar alternativas creativas al consumo de los medios de comunicación.
  • Desarrollar el pensamiento crítico y las habilidades de visión.
  • Y entender las implicaciones políticas, sociales, económicas y emocionales de los contenidos.
El uso de las pantallas en la noche produce trastornos del sueño en niños y adultos.

Como efecto paralelo a la velocidad y precisión de los servicios que la tecnología nos ofrece, no nos hemos dado cuenta de que, a modo de un extraño cortocircuito, casi todo el pasado se ha sumido en la oscuridad, nuestros recuerdos se van haciendo cada vez más vagos y borrosos, y nos hemos quedado prácticamente desamparados en un mundo ahora desconocido para nosotros, dado que nos cuesta entender los términos técnicos con los cuales está siendo resignificado.

¿Qué hacer?, casi automáticamente y por reflejo encendemos la computadora de escritorio o el portátil, ó, más probablemente, el smartphone y empezamos a teclear confusos las preguntas que nos acosan y para las que esperamos respuesta desde Internet.

Sí, esa es la situación, ciencia y tecnología se han fusionado en el imaginario colectivo constituyéndose en el gran oráculo que ahora determina nuestro destino como seres humanos, tanto individual como colectivamente: hemos dejado de reconocer nuestros propios criterios en cuanto al bien y el mal, y aumenta la incertidumbre con respecto al futuro.

Nuestras proporciones como seres humanos han disminuido dramáticamente, ante la todopoderosa tecnología, y en una extraña paradoja son ahora los jóvenes quienes aventajan a los adultos y ancianos en los saberes de las cuestiones de la vida (redefinidas por la ciencia y la tecnología) y aunque teníamos miles y millones de años de experiencia, como seres humanos, esta de repente se ha fundido en la penumbra del ayer, de un ayer ajeno de tecnología.

Son ahora los jóvenes quienes instruyen a los mayores, introduciéndolos al nuevo mundo de las interacciones vía Internet, son los que conocen las más recientes aplicaciones y cuando acceden a comunicar sus secretos, casi desdeñosamente, marcan un paso de superación sobre la autoridad conferida por la sabiduría de los años de experiencia en la vida.

Los niños, aparentemente, nacen con “el chip” incorporado y adoptan más fácilmente los medios tecnológicos de la comunicación que los adultos.

Esta nueva relación de dependencia en la que son los menores lo que se convierten en líderes, por su velocidad y agilidad mental en el dominio de los nuevos algoritmos reguladores de la civilización naciente, es la que va transfiriendo el mando de los mayores a los jóvenes y con ello el manejo de prácticamente todos los recursos sobre la tierra.

En cuestión de unas pocas décadas el mundo va quedando en manos quienes carecen de la sabiduría y el conocimiento de la vida; esta distorsionada tendencia causada por el vertiginoso desarrollo de la informática es la que poco a poco va llevando a los adultos a la impotencia, la que a su vez hace que cedan irreflexivamente ante las apremiantes demandas de artefactos tecnológicos por parte de los niños.

Se impone, por el bien de todos, la retoma de la autoridad y la responsabilidad implicada con ella para que los adelantos tecnológicos rindan beneficios a la humanidad y no que, en un proceso destructor sea la tecnología operada por manos inexpertas las que conduzcan a la raza humana en la dirección equivocada.

El desconcierto tiene que ser superado y es indispensable retomar la dirección de los destinos del ser humano, para que los aportes tecnológicos no se conviertan en una pesadilla demencial, sino que, por el contrario, sean para beneficio de todos.

Por Jose Ignacio Hermosa – BLes

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Categorías: Mundo Salud Tecnología

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