PYEONGCHANG, Corea del Sur (AP) — Una inusual invitación al presidente de Corea del Sur para visitar Pyongyang marcó el sábado la segunda jornada de la visita de una delegación de altos cargos norcoreanos al país. La iniciativa se enmarca en un acelerado deshielo diplomático que incluyó más apretones de manos, una comida con licor coreano y la potencial alegría compartida de ver a un único equipo representando a las Coreas en la competición de hockey de los Juegos Olímpicos de Invierno.

Por el momento no se ha concretado nada sobre la visita del dirigente surcoreano, Moon Jae-in. Pero el mensaje verbal, que llega en un “momento conveniente” para el líder norcoreano Kim Jong Un y que fue entregado por su hermana, Kim Yo Jong, forma parte de una repentina oleada de sentimientos positivos entre las dos naciones durante los Juego de Pyeongchang. El resultado: Una situación embriagadora y en ocasiones surrealista en una Corea del Sur que se ha visto más amenazada que atraída por el Norte.

Sin embargo, no sería Corea del Sur si la gente no se hiciese la perenne pregunta cuando se trata de su vecino del norte cambiando de actitud y mostrando un aparente efecto hacia su vecino: ¿Qué gana Pyongyang?

En el pasado, iniciativas de este tipo fueron interpretadas como que Corea del Norte intentaba recuperarse de las severas sanciones a su programa nuclear, o intentando abrir una brecha entre Seúl y su aliado Estados Unidos.

Un multitudinario desfile militar celebrado en Pyongyang el jueves, en la víspera del inicio de la cita olímpica en Pyeongchang, ha sido utilizado como ejemplo por los más escépticos: En él, Kim Jong Un exhibió varios misiles balísticos intercontinentales de gran tamaño, que se probaron con éxito en tres ocasiones el año pasado y podrían llegar a territorio continental estadounidenses una vez sean perfeccionados.

Aun así, existe también un optimismo cauto, o al menos curiosidad. Y si la paz no es inminente, una cumbre en Pyongyang entre Moon y Kim Jong Un parece mejor que las amenazas vertidas en los últimos meses.

Moon dijo a Kim Yo Jong el sábado que ambos países deberían seguir trabajando para establecer las condiciones para una reunión, explicó el portavoz del dirigente surcoreano, Kim Eui-kyeom. Estados Unidos y el Norte deberían reanudar pronto el diálogo, agregó.

La comida celebrada el sábado en la residencia presidencial de Seúl entre Moon y Kim Yo Jong es el encuentro diplomático de más alto nivel entre las dos naciones en los últimos años. El viernes por la noche, Kim Yo Jong y otros delegados norcoreanos asistieron a la ceremonia inaugural de los Juegos y vieron desfilar a un equipo coreano “unificado”, bajo una bandera con la silueta de la península sin la frontera que la divide.

En una surrealista combinación de mandatarios en el palco de autoridades del Estadio Olímpico, Kim Yo Jong y el jefe del parlamento norcoreano, Kim Yong Nam, se sentaron unas filas por encima y detrás del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, también contrario a la posición norcoreana. Pence y los Kim parecieron ignorarse mutuamente.

La televisora surcoreana mostró a un sonriente presidente Moon entrando a la recepción del sábado y estrechando la mano de los enviados norcoreanos.

La parte pública del encuentro giró casi por completo alrededor del clima: Todos coincidieron en que en Pyeongchang hacía más frío que en Seúl.

La oficina de Pence no se pronunció directamente sobre la invitación de Kim a Moon. “El vicepresidente está agradecido de que el presidente Moon reafirmase su compromiso con la campaña global de máxima presión y por su apoyo a la continuidad de las sanciones”, dijo la vocera del vicepresidente estadounidense, Alyssa Farah, al ser preguntada al respecto.

Presidente surcoreano, invitado a visitar Corea del Norte
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Categorías: Mundo

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