La familia Wunderlich quería hacer lo que miles de familias en Estados Unidos llevan a cabo sin hacer preguntas: Educar a sus hijos en casa.

Pero educar en el hogar no se permite en algunos países, y el estado ha perseguido implacablemente a los Wunderlich, e incluso se ha apoderado de sus hijos. Una mañana de agosto de 2013, treinta y tres policías junto a siete trabajadores sociales se presentaron en su puerta, amenazándolos con abrirse paso con un ariete. Los padres lloraron mientras veían cómo sacaban gritando a sus hijos de casa.

Las autoridades alemanas les devolvieron a sus hijos después, pero ordenándoles que asistieran a la escuela pública. Desde entonces, los Wunderlich han continuado su lucha en los tribunales, llegando finalmente al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La semana pasada, perdieron su caso. El tribunal se puso del lado del estado alemán, reafirmando que la prohibición de educar en el hogar -vigente en Alemania- no viola los derechos de la familia en virtud del derecho internacional.

Represento a los Wunderlich. La pregunta que más comúnmente me hace la gente cuando les explico este caso es: “¿Pero qué tiene de malo la escuela?”.

Entiendo de dónde provienen. Pasé por un sistema escolar estatal y, en general, no me importó. Pero el hecho de que no me haya importado la escuela, y el hecho de que la persona que hace la pregunta no vea ningún problema con la escuela estatal, hace que pasemos por alto el asunto central de este caso.

El caso de los Wunderlich no se trata de si las escuelas estatales son buenas o malas, sino sobre quién tiene el derecho y la responsabilidad de criar a los niños.

La educación es asunto de los padres, no del estado

Los padres son los cuidadores de los niños por naturaleza. Conciben a los niños, los mantienen y hacen un sinfín de juicios sobre cómo criarlos. La educación es sólo una de esas áreas que pertenece al juicio de los padres.

Es difícil imaginar que haya muchas decisiones más grandes que la escuela adonde irá su hijo. De hecho, en mi país, los padres venden literalmente casas y se trasladan al otro lado de la misma calle para entrar en la zona de una escuela en particular con el fin de tomar la decisión educativa que desean.

Dirk y Petra Wunderlich querían la misma libertad. Por una combinación de razones religiosas, filosóficas y prácticas, decidieron que querían educar a sus hijos en casa.

Y no están solos. Millones de otros padres también han decidido educar a sus hijos en el hogar. De hecho, la educación en el hogar está creciendo en muchas partes del mundo, y las estadísticas de los EE.UU. estiman que más de dos millones de niños estadounidenses está recibiendo la educación en sus hogares. Este derecho lo protegen todos los principales tratados de derechos humanos que existen. Documentos importantes como el Convenio Europeo de Derechos Humanos protegen el derecho de los padres a dirigir la educación de sus hijos.

Alemania que aceptó acatar obligatoriamente estos documentos, sin embargo, es uno de los pocos países que no permite la escolarización en los hogares, llegando en algunos estados a criminalizar a los padres que lo intentan.

La lógica alemana reside en evitar que surjan “sociedades paralelas”. Los abogados que representaban al estado presentaron este razonamiento ante el Tribunal Europeo sin ninguna prueba que lo apoyara, ni siquiera como teoría.

Presentamos evidencia de lo contrario, mostrando que en los países con la historia más larga de educación en los hogares y el número más alto de educadores en el hogar, la práctica es probada, creíble y continúa creciendo.

Sin embargo, el tribunal se puso del lado de Alemania.

Todos deberíamos sentirnos preocupados cuando el estado anula la decisión de un padre basada en la vaga noción de que será “mejor para la sociedad”.

Un caso que nunca debió presentarse

Incluso las primeras conclusiones del gobierno alemán muestran que este caso nunca debería haberse presentado.

Antes del traslado de los niños, los Wunderlich se reunieron con un funcionario de la Oficina de Bienestar de la Juventud, quien informó positivamente sobre su situación de escolarización en el hogar: “Teníamos la impresión de que todos los niños se estaban desarrollando de acuerdo a su edad. Por parte de la Oficina de Bienestar de la Juventud, no hay necesidad de actuar”.

Pero la autoridad escolar no estuvo de acuerdo. En una respuesta que hemos obtenido, este funcionario -que no había visitado el hogar ni se había reunido con los niños- escribió: “Ciertamente, opino que existe un peligro para los niños, porque están siendo sistemáticamente retirados de todos los aspectos sociales de la sociedad y viven en una sociedad llamada paralela”.

Eso es ideología cruda, no preocupación por los niños. Y eso es lo que realmente está en juego en este caso.

Las personas que han mostrado, sistemáticamente, la mayor preocupación por estos niños a través de todos los procedimientos son los padres, que han luchado por la justicia desde que capturaron a sus hijos. Desde el principio, eligieron vivir una vida más frugal para poder estar en casa con sus hijos mientras crecían.

En su decisión de la semana pasada, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha socavado su pretensión de ser la “conciencia de Europa” y ha enfrentado a los padres contra los hijos. La corte, que fue creada para adjudicar disputas entre individuos y el estado, sin embargo enmarca erróneamente este caso como uno en el cual las cortes deben mediar entre el padre y el niño: “[El derecho internacional] requiere que se establezca un equilibrio justo entre los intereses del niño y los del padre”.

Las suposiciones vertidas aquí -que los padres no se preocupan por los mejores intereses de sus hijos y que el estado los conoce mejor que nadie- deberían preocupar a cualquier padre, ya sea que sus hijos sean educados en casa o en la escuela.

Robert Clarke – The Daily Signal

Robert Clarke es abogado y director de defensa europea para ADF International y abogado principal en el caso de Wunderlich v. Alemania.

Ir a la Portada de BLes.com.

Categorías: Mundo

Video Destacados