Redacción BLes – En medio del debate a nivel internacional sobre la legalización del aborto, las posturas de quienes están a favor y en contra están cada vez más polarizadas. Recientemente Argentina e Irlanda comenzaron procesos legislativos para aprobar la legalización total de la práctica del aborto. 

Entre los argumentos de quienes defienden la legalización y gratuidad del aborto se encuentran los siguientes: 

  • Mueren miles de mujeres anualmente por abortos ilegales. 
  • La vida no comienza en la concepción, un feto no es un ser humano, es un embrión que aun no tiene los derechos que ostenta un ser humano. 
  • La mentalidad “retrógrada” respecto al aborto es producto del “lavado de cerebro” de la religión católica. Sin embargo, aun así, cada vez más católicos están a favor del aborto. 
  • El cambio de ley solo va a afectar a los abortos ilegales, que los va a convertir en legales y seguros. No va a fomentar un uso indiscriminado de este procedimiento quirúrgico como el método anticonceptivo más común.

Esas mismas razones fueron las esgrimidas medio siglo atrás en Estados Unidos, uno de los primeros países que se destacó en el siglo XX por inclinarse a favor del aborto.

Uno de los principales promotores de la legalización del aborto fue el Doctor Bernard Nathanson, reconocido médico abortista, especializado en ginecología, quien reconoció ser el responsable de 75.000 abortos.

Este médico fue director del “Centro de Salud Reproductiva y Sexual” de Nueva York, que era entonces la mayor clínica abortista del mundo.

Sin embargo, al final de los 70 renegó de su militancia en pro del aborto, dio un giro radical a su pensamiento y llegó a ser un gran abogado de la causa pro-vida: “Aquello” que había abortado miles de veces, era en realidad un ser humano desde el instante de la concepción.

Como parte de su campaña pro-vida, el Dr. Nathanson escribió una carta abierta publicada en 1992 donde relata el proceso manipulador que siguió, junto con otros pro-abortistas, para lograr influir en la opinión pública y llegar a promulgar la que a día de hoy es una de las leyes pro-abortistas más permisivas del mundo.

Lo sorprendente del sincero testimonio del Dr. Nathanson es que los argumentos y estrategias del movimiento proaborto siguen usándose hoy en día para cambiar la mentalidad con respecto al aborto en todo el mundo y está influenciando la aprobación de leyes pro-aborto en países de América Latina, África e incluso en la muy católica Irlanda. 

Bernard Nathanson: el abortista que defendió la vida. Nueva York, 31 de julio de 1926 – 21 de febrero de 2011

Texto completo de la carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992)

Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.

Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; les convencimos de que la causa pro-aborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto.

Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en EE. UU. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.

El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanos convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en EE. UU. Y el número de anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más (a fecha de 1992).

La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.

Despreciamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del “malvado” principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas “probaban” reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.

La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.

Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.

Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.

Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?

Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.

Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.

Le puede interesar: El oscuro negocio detrás de las clínicas de aborto en EEUU y otros lugares del mundo.

Como científico no creo, yo sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad.

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“El rey del aborto”, el Dr Nathanson, reveló en una carta abierta por qué se convirtió en defensor de la vida
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Categorías: Mundo

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