Un arquitecto talentoso, que comenzó con una visión creativa única, ahora bien podría ser el mejor reparador del mundo. Inspirado por una fábrica de cemento abandonada, Ricardo Bofill, un arquitecto español, imaginó como transformar el edificio. 

La fábrica de la época de la Primera Guerra Mundial, que él sabía que algún día sería su hogar, fue un proyecto que duró décadas en reparaciones.

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Bofill y su equipo, requirieron un total de 45 años, desde el principio hasta el final, para transformar algo desolado y en ruinas en una propiedad animada y encantadora, que llamaron La fábrica.

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Al eliminar la contaminación ambientalmente peligrosa del lugar, Bofill le dio nueva vida al edificio, que ahora es reconocido por su rico color y vegetación, además incluye jardines alrededor y una variedad ecléctica de árboles.

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Pero la vegetación estéticamente agradable no fue la única actualización que realizó Bofill. Su remodelación se expandió a todas las grietas de la antigua fábrica.

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Hoy en día, casi no hay remanente del edificio que alguna vez fue. La luz natural ilumina los espacios modernos, reflejando efectivamente la visión original de Bofill.

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Impresionante y atractiva, esta lujosa propiedad es una fortaleza de ocio y entretenimiento, donde cada habitación está dedicada a un propósito específico.

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Si bien los elementos de relajación y disfrute son importantes para él, también incluye un área para servir como espacio de estudio dedicado a su pasión: la arquitectura.

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Para el artista, La fábrica nunca estará completamente terminada. Al igual que la condición humana, Bofill ve este hogar como un lienzo perpetuo, en constante evolución y libre para adaptarse a sus caprichos imaginativos.

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Categorías: Historias


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