Sabemos que el mundo de los transplantes de órganos avanza a pasos agigantados. Todos los días aumenta la cifra de personas que, sensibilizadas con el drama ajeno, se han convertido en donantes de órganos para, de una manera altruista, ofrecer a algún desconocido la posibilidad de alargar y mejorar su vida.

Esto, en realidad, es algo beneficioso, pero hemos descubierto que la gran demanda de órganos existente en el planeta, ha favorecido el crecimiento de un mercado ilegal: El “turismo de trasplantes”, que ya hizo sonar las alarmas en países como Egipto e India pero que, ahora, lo hace con mucha más fuerza en China.

En este vídeo, muchas voces internacionales, entre ellas la del escritor Ethan Gutmann, autor del libro: “El Matadero”, reiteran que en los últimos años este tipo de turismo exprés ha ido en aumento en el país asiático, lo cual generó la llamada “extirpación forzada de órganos” que afecta tanto a prisioneros recluidos en cárceles como a aquellos que realizan trabajo esclavo en los campos de reeducación.

Las víctimas más numerosas, describe el informe, son los seguidores de una corriente espiritual, llamada Falung Gong (también conocida como Falun Dafa). Una práctica tradicional de meditación pacífica cuyos principios fundamentales son la Verdad, la Benevolencia y la Tolerancia, a la cual el Partido Comunista Chino persigue, a sangre y fuego, desde 1999.

La historia, casi demasiado espantosa para contar, vio la luz por primera vez en marzo de 2006, cuando una mujer denunció que alrededor de 4.000 practicantes de Falun Gong vivos habían sido asesinados para extirparles sus órganos, en el hospital de Shenyang, donde trabajaba. También declaró que su esposo, cirujano del mismo centro, le había contado que había extraído las córneas de unos 2.000 cuerpos vivos de practicantes de Falun Gong. Numerosos testigos también aseguraban que transportaban a los practicantes de Falun Gong masivamente por todo el país en trenes para ganado, por la noche y bajo estricta seguridad. Tampoco escapan a la persecución, aunque en un alcance muchísimo menor: tibetanos, cristianos y uigures.

El libro contiene numerosas evidencias y testimonios escalofriantes, como el realizado por el doctor Enver Tohti, cirujano chino involucrado en este crimen de estado, ante el Comité Conjunto de Comercio, Asuntos Extranjeros y Defensa, de Irlanda.

Gutmann afirma que no busca encontrar una solución, si no mostrarle al mundo un grave problema que está a la par de los grandes genocidios del siglo pasado, y pedirle a la comunidad internacional que no siga mirando para otro lado.

A pesar de que tanto el Parlamento Europeo como el Congreso de los EE.UU. ha exigido a China que ponga fin a estas atrocidades, a día de hoy, todo parece indicar que la industria del transplante chino es un espeluznante negocio al alza.

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Categorías: Persecución en China


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