¿Alguna vez escuchaste la frase “frío e inerte como una piedra? Pues hoy te presentamos unas asombrosas piedras que no son tan inertes. En realidad, se mueven.

Despacio, pero lo hacen, sin ninguna duda.

Estamos hablando de las piedras deslizantes de California.

Si bien el fenómeno más relevante de piedras deslizantes se encuentra en Estados Unidos, también se ha detectado en el desierto de Túnez e incluso en España.

Sin embargo, es en el corazón del parque nacional del Valle de la Muerte, en California, que estas piedras han alcanzado la mayor trascendencia.

Aquí se encuentra el Racetrack Playa, un lago seco de cinco kilómetros de largo, sobre cuyo antiguo lecho están impresos los surcos dejados por el paso de las piedras.

También conocidas como piedras navegantes o móviles, estas piedras peregrinas cubren unos 4,5 metros por minuto.

Sí, son lentas, pero constantes, y aunque llegan a pesar más de 300 kilos, algunas viajan más de 60 metros antes de detenerse.

Algunas son pequeñas como pelotas de béisbol, otras pueden llegar a pesar más de 300 kilos.

El traslado de las piedras tiene lugar cada dos o tres años y puede continuar incluso durante tres o cuatro más.

Las rocas que tienen la parte inferior áspera dibujan trayectos rectilíneos, mientras que las más suaves tienden a desviar su trayectoria.

Este misterioso fenómenos fue descubierto en los años 40 en un lago seco del Valle de la Muerte, en California.

En el 2013, un equipo de científicos estadounidenses decidieron supervisar las rocas de forma remota, mediante la instalación de un GPS en algunas de ellas.

Sus observaciones demostraron, al parecer, que para que las rocas entren en movimiento se necesita una rara combinación de eventos.

En primer lugar, que el lago se llene de agua, el cual debe estar a una altura lo suficientemente profunda para formar hielo flotante durante las noches frías de invierno, pero lo suficientemente poco profundo como para no bloquear las rocas.

Gracias al calor del Sol, el hielo comienza a derretirse y a romperse en grandes paneles flotantes que los vientos ligeros impulsan a través de la explanada, empujando las rocas y dejando rastros en el barro blando debajo de la superficie. 

Sin embargo, una investigación más reciente realizada por científicos de la Universidad Complutense de Madrid, presenta otra explicación para este singular fenómeno:

La respuesta -según revelaron los científicos españoles a The Daily Mail- está en las tormentas invernales y en los microorganismos de la zona.

“Se mueven durante el invierno, cuando se producen tormentas con fuertes vientos”.

El viento crea corrientes de agua “de hasta dos metros que serían la causa del deslizamiento”.

En fin, parece ser que el viento sería la causa común de estas dos investigaciones, cada una de las cuales se adjudica el descubrimiento definitivo de la resolución de este enigma que ha desvelado a los científicos del mundo durante años.

¿Te convence alguna de estas teorías?

Ya sabes que nos encantaría conocer tu opinión.

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Categorías: Asombroso Naturaleza


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