Alyson creció en la costa de Connecticut, en un lugar agradable y en una buena familia promedio. Empezó a beber en la universidad, nada fuera de lo normal, los fines de semana ya que todos los hacían. Después de graduarse, consiguió un trabajo en Rhode Island y se mudó. En 2008 la despidieron y se dedicó a la buena vida a costa del seguro de desempleo, recostada junto a la piscina todo el día bebiendo y saliendo por la noche. Hasta que decidió poner fin a eso.

En 2009, continuó con ese estilo de vida y salía con un chico a quien conocía desde la secundaria sin saber que era adicto a estupefacientes. En enero de 2010, quedó embarazada. Él le exigía que abortara. Decidió ser madre soltera y durante el embarazo dejó de beber. Apenas tuvo al bebé, continuó bebiendo.

Ya había pasado año y medio y en una ocasión en un bar, ni siquiera la dejaron entrar por estar demasiado ebria. Tan mala era su condición y el escándalo que provocó que intervino la policía y acabó en la estación, fichada y teniéndose que presentar a la semana siguiente. Al otro día, se sentía tan mal que quería resarcir el daño.

“Quería ir y decir: ‘¿Qué he hecho?’. Sé que, ¡soy una mamá!, junto con la culpa y la vergüenza, tenía una terrible resaca que ni podía curármela. Este incidente no fue uno de mis mejores momentos en la vida”, fueron las las palabras de Alyson al contar su historia por Internet.

El cargo fue por conducta desordenada, una llamada de atención. Pero no tocó fondo: se cambió de ciudad para estar más cerca de su novio e inmediatamente él cortó la relación de 3 años; sus dos abuelos murieron con una diferencia de 9 meses entre uno y otro. En estas circunstancias estaba abrumada con la vida, todo era alcohol y ansiedad. Y su hijita, sufriendo todas las consecuencias.

Pasó de beber una copa de vino por la noche después de un largo día de trabajo, a tomar vodka antes del trabajo por la mañana, tomar vodka o vino en la hora del almuerzo, y luego conducir a casa por la noche para seguir con más alcohol. No recuerda incluso cómo hacía su vida diaria, era algo más que una “alcohólica funcional”. Fueron 5 años, que incluso se encontró asqueada de esta situación.

Durante muchos momentos intentó dejar el alcohol, incluso por su hija. Ha recibido críticas por no tener fuerza de voluntad, pero, de lo que se ha dado cuenta es que, a pesar de que se propone y decide, ha llegado a un punto en su adicción que realmente no lo ha podido dejar por sí sola por la dependencia física y mental a la sustancia: “Yo no elegí ser una alcohólica. No he elegido no estar presente para mi hija. No he elegido esta condición para parecer que cada día me muero”, entendió por fin lo Alyson.

Y tocó fondo. En realidad, estaba muriendo, y estaba enloqueciendo.

En noviembre de 2016, no pudo más. Llamó a su madre a las 6 de la mañana después de beber vino tinto toda la noche. Pidió ayuda, ir a algún lado, desintoxicarse, buscar la rehabilitación.

Y su familia la amó y la ayudó. Su hermana se hizo cargo de su pequeña hija y Alyson inició la desintoxicación. A las 4 de la tarde bebió su último sorbo de vino el 14 de noviembre de 2016 en el estacionamiento de la clínica. Se despidió de su hijita y entró en el mismo edificio en el que había estado 7 años antes, cuando ella llevó al padre de su hija para tratamiento.

Solo 5 días fueron suficientes. Fue un infierno para ella. No habían pasado ni 24 horas cuando ya quería escapar. Necesitó toda la fuerza, por su hija… por ella misma. Como no quería volver a sentirse enferma ni como un zombie nunca más, ahora lucha por no tomar ni un trago más, beber no hará nada mejor.

Está en pie de lucha por retomar su vida. Alyson sabe que ningún problema ha sido resuelto alguna vez con la bebida. Eso, solo empeora las cosas.

Si has podido vencer al alcohol, cuéntanos tu historia, y motiva a otros.

La forma en que Alyson despertó y se dio cuenta que puede tener una vida mejor, le puede ayudar a muchos, comparte, por favor.

All photos: © alys_wickedsober/Instagram

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Categorías: Historias


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