Un hombre cuyo oficio es lustrabotas, se acerca a un exclusivo restaurante en Bogotá, Colombia, y ofrece limpiar los zapatos de una mujer que estaba por cenar en el sitio. Ella se niega, pero en medio de un acto admirable, este hombre se fue más que contento. 

El pasado miércoles 25 de julio, un lustrabotas ingresa al restaurante ‘La Toscana’ y se acerca a Paula Silva y le pregunta si puede limpiar sus zapatos, pero ella se rehúsa. Seguidamente, el hombre le pregunta si le puede dar algo de comer, pero la mujer le indica que se siente con ella en la mesa y que ordene lo que quiera. 

Él, un poco sorprendido y nervioso por lo que podrían decir los meseros, titubeante se sienta al lado de ella.

Desde su cuenta de Facebook, Paula compartió la conmovedora escena junto con el siguiente mensaje.

“Llega el embolador a ofrecerme sus servicios al restaurante ‘La Toscana’ del parque el Virrey, le digo no gracias; me pide algo para cenar, le digo claro siéntese y pida la carta, salen los meseros, le pasan la carta, cubiertos y servilletas como cualquier cliente, él pide un salmón para llevar y una ginger mientras espera”, escribió.

Sin dudarlo dos veces, los empleados del lugar le ofrecieron asiento, le dieron el menú y lo atendieron como a un rey, pero él les respondió que no iba a quedarse a cenar, porque le gustaría cenar con su familia, así que se llevaría la comida a casa, para compartirla con todos.

Entonces, lo sorprendieron empacándole el salmón y la bebida para llevar y también le obsequiaron una pizza para que la disfrute con sus seres queridos.

El hombre no pudo aguantar las lágrimas y abrazó a los meseros que lo atendieron como todo un príncipe.

Leonardo Becerra, capitán de meseros, dijo a RCN Radio que el ejemplo y orden de sus jefes siempre ha sido no discriminar a nadie en el sitio.

“Siempre nos han inculcado que no hay discriminación en este restaurante. Todos somos iguales, así sea un embolador o la persona que limpia carros, el hecho de entrar a un restaurante que sea lujoso o no, no implica nada”, afirmó Leonardo.

Igualmente recalcó que la experiencia es una muestra de solidaridad hacía los demás.

“Es común que vayan al restaurante, es libre la terraza y vienen personas que venden y hacen trabajo ambulante y lo vivimos cada día; pero este fue un caso diferente que nos sorprendió a todos por la amabilidad del señor y del equipo que le ofreció la comida”, indicó el mesero.

“Como debe ser. Restaurantes de altura”, concluye Silvia.

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Categorías: Historias


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