El desierto de Carcross en el Yukón de Canadá, con apenas 600 metros de ancho, es uno de los fenómenos geológicos más extraños de América del Norte.

Hay pocos lugares en el Norte, que puedan ser llamados desiertos. Y a pesar que los arenales ocupan un tercio de la superficie de la Tierra, este desierto no se parece en casi nada a los desiertos del Sahara o el Rub ‘Al Khali, si no que “más bien parece un arenero liliputiense”, según dice Mike MacEacheran, galardonado escritor de viajes y editor de revistas, quien escribe un articulo para la BBC donde narra sus experiencias en este desierto. 

Y es que con tan solo 2,5 km2 es uno de los pocos sistemas de dunas de este tipo que existe en América del Norte. Sin embargo, en su interior alberga un reino en miniatura formado por arenas de grano fino, un hábitat raro para plantas, ungulados y especies de insectos que bien pudieran ser desconocidos para los científicos. Sin duda alguna, en Carcross habitan flora y fauna con unas características únicas.

“El desierto ha sido durante mucho tiempo un enigma para nosotros los lugareños”, cuenta Keith Wolfe Smarch, miembro de la Primera Nación Tlingit que vive en Carcross, población 301.

Wolfe es tallador de madera y desde su taller puede ver las dunas, que durante mucho tiempo ha utilizado como inspiración para su trabajo.

“Hay mucha vegetación rara que vive junto a la playa, en el río Carcross, y un día el desierto se lo acabará tragando”, cuenta Wolfe a MacEacheran.

Originalmente era llamado Naataase Heen (que significa “agua que corre a través de los estrechos”). Lo que demuestra lo pequeña que era su aldea. Sin embargo, Carcross ha crecido, como también lo han hecho los visitantes al singular desierto de Yukón.

Ahora “tiene iglesias dispersas pintadas de blanco, una tienda y cabañas adornadas con astas de alce y hachas oxidadas, restos de la era de Klondike, cuando los ferris de vapor llevaban a los mineros a los campos de explotación de oro cercanos a Dawson City y Atlin”, relata a MacEacheran.

Se ha convertido en un destino común para los amantes del deporte quienes descienden el arenal todos los fines de semana, creando un parque de aventuras de usos múltiples. 

En verano, las dunas expuestas son utilizadas por cuadriciclos y excursionistas. Se convierten en refugio para ovejas, cabras montesas y ciervos.

Cuando comienza el invierno y la nieve cubre sus dunas lo suficiente, el lugar se convierte en una inolvidable pista de entretenimiento para esquiadores, snowboarders y demás excursionistas.

También se convirtió en un sitio muy visitado por científicos y geólogos canadienses que se esfuerzan por desentrañar sus secretos y por fin descubrir exactamente cómo se originó este singular desierto a ‘nanoescala’.

La geóloga Panya Lipovsky del centro de Yukon Geological Survey, se dedica a investigar la historia de fondo del desierto y entiende sus contradicciones mejor que la mayoría. Ella se especializa en estudiar ‘el polvo’, los deslizamientos de tierra y depósitos en la superficie.

Según Lipovsky, el desierto de Carcross se originó como resultado de 10.000 años de un proceso natural.

“La última vez que el Yukón se convirtió en glaciar fue hace unos 11.000 y 24.000 años. Carcross habría llegado a tener hasta un kilómetro de hielo en la superficie”, según explica Lipovsky a MacEacheran.

Luego explica que a medida que comenzó a derretirse, las placas de hielo iniciaron un retroceso hacia el sur, dejando parte del Yukon con valles bien marcados, de esta forma “el hielo arrasó con todo”, afirma.

Con el tiempo, se formaron lagos enormes y luego, cuando el hielo retrocedió, los niveles de agua cayeron, formando playas y líneas de filamentos entre los valles.

Los feroces vientos de la zona azotaban la arena y la arrastraban hacia el noroeste, dando lugar a uno de los desiertos más inverosímiles del mundo.

Ella afirma, que efectivamente este desierto no es resultado en un lago seco. 

“Los fuertes vientos dominantes continúan azotando la zona hoy, soplando arenas de grano fino. Así que la combinación del viento, el agua y la Edad de Hielo creó un conjunto distintivo de circunstancias” asegura Lipovsky.

Sin embargo, Carcross no es un desierto árido, en el cual caen hasta 250 milímetros de precipitación anual, por el contrario este se encuentra dentro de la categoría desiertos semiáridos, que son los que reciben entre 250 y 500 milímetros, es decir, es un desierto húmedo. 

“Pero con tanta arena y sedimentos, no hay posibilidad que la vegetación se regenere. Es un sistema verdaderamente dinámico”, asegura Lipovsky.

Sin embargo, tiene una riqueza en fauna y flora apenas estudiada. Por ejemplo, se han descubierto cinco nuevas especies de gnorimoschema, un género de la familia de las polillas y probablemente haya más. 

Este puede que no sea el Sahara, el Gobi o el Kalahari, sin embargo, cada paso a través de sus diminutas dunas alberga un mundo de maravillas.

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Categorías: Mundo


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