Las características de ambos géneros derivan del yin y el yang y mantienen un equilibrio. Cuando sus cualidades se invierten, se sienten insatisfechos y son poco felices sin saber por qué.

Ban Zhao, también conocida como Ban Huiban, fue una historiadora y un referente de la literatura en la Dinastía Han del Este de China (206 a.C.-220 d.C.).

Pasados los setenta años, terminó de escribir el primer libro completo en China sobre modales de las mujeres, Jie (o Preceptos para mujeres). Allí explica el significado de las ‘Cuatro Virtudes Femeninas’ — actitud, discurso, forma y destreza. Su trabajo tuvo una influencia extremadamente profunda y duradera en la historia.

La escritora declara en “Preceptos para mujeres” que las naturalezas de yin y yang son diferentes, y por lo tanto el comportamiento del hombre y la mujer también deberían ser diferentes. Yang se caracteriza por la fuerza, y yin es símbolo de delicadeza. Por eso, mientras un hombre es respetado por ser fuerte y protector, una mujer es considerada hermosa por ser amable y delicada. Sólo complementándose mutuamente como el yin y el yang y respetándose mutuamente, marido y mujer podrán tener una relación armoniosa y perfectamente satisfactoria.

En la cultivación personal de la mujer, nada es más importante que ser respetuosa. Ser amable y agradable es la clave para no volverse demasiado fuerte y agresiva. Aquí vale recordar un viejo proverbio chino que dice, «Con un hijo fuerte como un lobo, uno aún teme que sea demasiado débil; con una hija tímida como un ratón, uno aún teme que sea demasiado feroz».

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Hoy, de aquel dicho tiende a reflejarse cada vez más su parte no deseada, pero el equilibrio pareciera ser inquebrantable. Entonces, si el hombre se vuelve débil como un ratón, inseguro y retraído, la mujer se vuelve robusta, mandona y poco delicada.

En este intercambio sutil pero caótico de cualidades, queda en primer plano el «avance» de la mujer (yin en prosperidad), y pasa desapercibida la decadencia del hombre (yang en decadencia). Pero en ambos casos, pocos llegan a ver y lamentar lo siguiente: para ocupar el lugar vacío dejado por el hombre, la mujer obligatoriamente debe incorporar aquellas características del hombre, y viceversa.

En esta relación, aunque las cualidades inevitablemente continúan complementándose (equilibrio entre yin y yang), ambos están alejándose de su propia naturaleza. O sea, sostienen un equilibrio de esta manera, pero son poco felices y se sienten insatisfechos sin saber por qué.

Si en estos tiempos, hombres y mujeres comprendiéramos esta sabiduría de la antigua China, no habría tantos conflictos entre parejas, que muchas veces llevan a un fenómeno de nuestros tiempos: la desintegración de la familia.

Según los antiguos chinos el hombre y la mujer se complementan por naturaleza
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Categorías: Cultura

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