Desde tiempos remotos, los chinos adoraron a los ríos y a los mares, y los filósofos chinos llegaron a profundos entendimientos observando el fluir del agua. Inspirados en el Dao y el Fa (ley) de la naturaleza y la gran sabiduría generada por la armonía de la unión del Cielo y el hombre, dejaron sus profundas poesías, que incluso hoy sirven como guía espiritual.

Un erudito llamado Zhuang Zi solía decir que “cada año el agua llega a tiempo y cientos de arroyos se convierten en un río”, lo que representa la ley del ciclo de generación del universo sin límites.

Una vez, Guang Zhong dijo que había encontrado la ley de la vida gracias a la bondad del agua. “El agua es la fuente de todas las cosas, cosas traídas al mundo por seres divinos, y en el agua se encuentra la explicación de las cosas”.

Taizong Li Shimin, emperador de la dinastía Tang, gobernaba su país inspirado en el agua. Solía decir: “El agua puede hacer flotar al barco y también hundirlo’. Con este principio convirtió a su país en un pueblo floreciente que es recordado como la Edad de Oro de China.

Incluso los grandes maestros que heredaron las enseñanzas de Lao Zi finalmente concluyeron que la esencia de la cultura tradicional china es divina, y no hay nada que no esté “empapado” de la virtud del agua y el espíritu del gran Dao.

Lao Zi y el Dao del agua

Un día, Confucio y Lao Zi salieron a dar un paseo. Apuntando con su dedo hacia el Río Amarillo, Lao Zi le dijo a Confucio: “Está corriendo mucha agua, ¿por qué no aprendes de la gran virtud del agua?”

“¿Qué virtud tiene el agua?”, le preguntó Confucio.

“El Shan (la benevolencia superior) es como el agua, la suavidad puede vencer a la firmeza. El agua es beneficiosa para todas las cosas y no lucha contra nada, siempre pasa por lugares que a las personas no les gusta pasar; ésta es la virtud de una persona modesta y sin pretensiones. Por eso, gracias a la bondad del agua, el río y el mar pueden reinar en las cosechas de los cereales. Si el mundo no es tan suave y débil como el agua, no puede vencer a los sólidos y firmes. Esa es la virtud de la suavidad, por eso la suavidad vence a la firmeza y los débiles vencen a los fuertes, es porque existe donde sea y puede entrar en el espacio que sea”.

Después de escuchar esto, Confucio entendió repentinamente y dijo: “Sus palabras abrieron mi entendimiento. Cuando toda la multitud está arriba, el agua está en lugares bajos; cuando todas las personas quieren obtener cosas fácilmente, solamente el agua llega a lugares peligrosos; cuando toda la gente permanece en lugares limpios, solamente el agua pasa por lugares sucios. El agua puede pasar por aquellos lugares por donde nadie desea pasar, entonces, ¿con quién se pelea? Su Shan es superior”.

Imagen ilustrativa

Lao Zi afirmó con su cabeza y dijo: ‘A ti se te puede enseñar. Guárdalo sólidamente en tu memoria y no luches contra el mundo, entonces nadie en el mundo luchará contigo. La virtud del agua es un templo para seguir: el agua se ha asimilado al Dao, el Dao existe en todos lados; el agua beneficia a todas las cosas, evita la altura y corre hacia lo bajo atravesando los obstáculos. Cuando está tranquila se ve transparente; y si es profunda no se puede medir su profundidad; aunque es profunda, disminuye, pero nunca se acaba; da pero no pide; es amable y amorosa; cuando queda en círculos, gira; cuando está en un lugar cuadrado se dobla, se adapta a todo tipo de forma; si está tapada se estanca, si el envase está roto, se filtra. También es buena para guardar confianza y limpia y purifica toda la suciedad; nivela las alturas y desde abajo puede controlar todas las cosas. El agua puede hacer flotar las cosas, y se pueden identificar las cosas dentro de ella debido a su claridad…”

Confucio dijo: “Sus palabras salen de su pulmón y entran en el corazón de su discípulo; su discípulo está muy beneficiado por sus palabras, las cuales no olvidará en toda su vida; su discípulo va a seguir sus enseñanzas incansablemente para agradecer su misericordia”.

Después de esta conversación, se despidieron, y Lao Zi se subió a su carreta en dirección a su reino. A Confucio le dio pena separarse de su maestro.

Lao Zi admira el agua más que a todas las cosas que existen en la naturaleza, pues considera que la virtud del agua está cerca del Dao. “La benevolencia superior es como el agua”, repetía el sabio, y enfatizaba que su virtud fortifica a todas vidas pues “el río manda alimentos a la mesa y el arroyo que corre por las montañas riega las tierras de cultivo”. El agua hace todo lo posible por beneficiar a los objetos y a las personas; esta característica es la llamada benevolencia superior.

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