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Con la tecnología más avanzada aún no podemos pronosticar exactamente cómo será el tiempo en los próximos días, mientras que estas personas vaticinan sin ruborizarse los grandes sucesos que pondrán en vilo a la humanidad. ¿Cómo es posible? Hallamos respuestas en la cultura espiritual oriental y en la ciencia.

Desde el tiempo antiguo, los humanos siempre han emprendido largos viajes en búsqueda de los secretos de la vida, del universo y de su propia existencia. Algunos incluso han sido capaces de sacrificar toda su vida para obtener tan solo un poquito de ese conocimiento, realizando literalmente aquella frase clásica de la cultura espiritual china: “trepar montañas y atravesar océanos para obtener la verdad”.

En la civilización actual, los métodos de investigación convencionales no han logrado proveer respuestas claras a aquellos que pretenden alcanzar la sabiduría que trasciende al hombre común. Para quienes la buscan obstinadamente por ese método, las teorías más brillantes terminan convirtiéndose en fronteras que encierran el conocimiento del hombre.

Tal vez sea esta una de las razones por las que a mucha gente le gusta conocer y estudiar las profecías antiguas. ¿Debemos tomar con seriedad a las profecías o no? Hay gente reacia a aceptar que muchos presagios abarcan grandes verdades y no son meros “cuentos chinos”. Y cuando un número de profecías se ha cumplido, surge una serie de preguntas: ¿cómo puede alguien describir grandes eventos de la humanidad que aún no han ocurrido? ¿Qué es la vida entonces? ¿Por qué todas las profecías, al final, parecen confluir en un mismo periodo de cataclismos y luego no predicen nada más? ¿Es la historia pasada y futura un guión ya escrito?

Nostradamus

Las profecías

Para los antiguos chinos, las profecías son advertencias divinas sobre los grandes eventos en la Tierra que marcarán la vida del hombre, eventos que corresponden a lo que llaman “cambios del fenómeno celestial”. Es decir, lo que hacen los profetas es transmitir en diferentes entornos, diferentes periodos y de diferentes formas, los elementos predeterminados por los dioses. Por eso en la antigua China, las profecías jugaban un rol importante en la vida de la gente. En más de 5.000 años de historia, antes de que el comunismo tomara el poder e impusiera el ateísmo, los chinos miraban al Cielo en búsqueda de repuestas y consideraban las profecías como señales o advertencias para que la humanidad cambiara ciertos comportamientos y evitase así la llegada de tragedias. Por eso, en la tradición de la antigua China la gente acudía a las profecías constantemente para obtener una guía, aunque normalmente no las entendieran completamente por estar formuladas como acertijos.

PARA LA SABIDURÍA CHINA, EL AUGE Y LA DECADENCIA DE LAS SOCIEDADES HUMANAS, HASTA LOS SUCESOS MENORES DE UNA PERSONA, VIDA TRAS VIDA, SON ARREGLADOS POR DIOSES DE DIFERENTES NIVELES

Hay una frase china clásica: “no se puede revelar los secretos celestiales”. Las escuelas Fo (Buda) y Dao consideran que el mundo humano es ilusorio y que el hombre debe iluminarse a la verdad dentro del espejismo. Por eso, la pregunta de por qué los profetas no daban datos más concretos sobre los sucesos de los que advertían no inquietaría a alguien empapado de aquellas escuelas espirituales. Los profetas sabían que revelar todo sin dejar lugar a que la gente se ilumine por sí misma es ir en contra de los arreglos y la voluntad divina. El proceso de iluminación a una profecía es también un proceso de introspección y una voluntad de cambio. Esta es la prueba para cada persona: si logra o no iluminarse a la verdad; y esto también demuestra que existe cierto margen para cambiar el destino, que las catástrofes predichas no son absolutas y que podrían evitarse -al menos hasta cierto grado- si el hombre elimina a tiempo las condiciones que las hubieran provocado.

¿Cómo logran predecir los profetas?

Muchas de las profecías de la antigua China era anónimas, mayormente historias trasmitidas de boca en boca; eran leyendas de figuras divinas y personajes que surgieron en China. Estos profetas dejaron relatos basados en su sabiduría que a menudo contienen advertencias y lecciones para la humanidad. Algunos han permanecido enterrados por cientos o miles de años y aparecieron misteriosamente en el último tiempo.

EL TRANSCURRIR COMPLETO DE ESTE MUNDO SERÍA VISIBLE DESDE SIEMPRE Y PARA SIEMPRE EN OTRO ESPACIO

La pregunta de cómo podría alguien predecir los grandes eventos del futuro ha sido siempre un enigma para el mundo occidental y la razón de rechazo e indiferencia para los escépticos. Pero en Oriente existen respuestas a este interrogante; e incluso para muchos científicos intrépidos esta pregunta tampoco es un tabú.

Albert Einstein

Los chinos antiguos decían que todo en el universo es materia; aun lo que se considera abstracto —como el amor, el odio, el pensamiento— tiene existencia material real en otros espacios. Y la materia es inextinguible. Asimismo, científicos como Einstein y equipos de investigación en proyectos militares han estudiado y hasta experimentado sobre la existencia de una “cuarta dimensión” en la que el tiempo aparece proyectado linealmente en su totalidad. Por lo tanto, de acuerdo con estos principios, el transcurrir completo de este mundo sería visible desde siempre y para siempre en otro espacio.

Para la sabiduría antigua china, los eventos en la Tierra están conectados con los eventos en los Cielos. El auge y la decadencia de las sociedades humanas, hasta los sucesos menores de una persona, vida tras vida, son arreglados por dioses de diferentes niveles. Esto es difícil de entender y de creer a partir de la visión occidental moderna sobre la casualidad de vida; pero para los chinos antiguos y los orientales en general, este principio es la base de todo lo relativo a la reencarnación: el hecho de que la vida en la Tierra es para mejorarse y elevarse para poder “regresar” y que cada vida está arreglada según el comportamiento bueno o malo de sus vidas anteriores.

Por lo tanto, no es difícil de aceptar que los profetas puedan predecir el futuro y hablar sobre el pasado si se entiende que todos son arreglos predeterminados y que son visibles ahora mismo en otro u otros espacios.

Nada es casualidad. Hasta uno de los científicos más respetados y admirados de la historia, Albert Einstein, respondió con su frase célebre cuando le preguntaron su opinión sobre la física cuántica: “El azar no existe; ¡Dios no juega a los dados!”

El ojo celestial

Después de entender que la vida está predestinada y que los sucesos pasados y futuros pueden ser visibles en otro espacio, la pregunta que surge es, ¿y podría alguien llegar a verlo?

La respuesta podría ser la misma que explicase, por ejemplo, cómo es que los antiguos médicos chinos pudieron diagramar un mapa completo de los canales de energía del cuerpo humano, canales que aún con la maquinaria más moderna de la actualidad no son perceptibles, pero que en la efectividad de la acupuntura y demás tratamientos de medicina china han demostrado su funcionamiento real.

TANTO LAS DEIDADES COMO LAS PERSONAS CON CIERTO GRADO DE PUREZA O ELEVACIÓN ESPIRITUAL PUEDEN “VER” CON LO QUE LOS CHINOS LLAMAN “TIAN MU” (OJO CELESTIAL)

De acuerdo con la cultura oriental, tanto las deidades como las personas con cierto grado de pureza o elevación espiritual pueden “ver” con lo que los chinos llaman “tianmu” (ojo celestial), que en Occidente se ha traducido más comúnmente como “tercer ojo“.

Los chinos antiguos creían que este “ojo” tiene la capacidad de ver en diferentes niveles de Cielos; una posible traducción a un lenguaje moderno podría ser la capacidad de ver las formas que generan partículas de diversos tamaños que son imperceptibles al ojo humano, más allá de las formas propiciadas por las moléculas.

Si bien no es totalmente demostrable en cuanto a la función que le implica la cultura oriental, la existencia del “tercer ojo” no está tan lejos de la comprobación científica como uno tendería a creer. Los científicos ya han confirmado que existe una especie de ojo dentro del cerebro humano, que es la glándula pineal, cuya parte delantera tiene la estructura de un ojo. Por eso se lo ha llegado a considerar como un ojo atrofiado dentro del cerebro humano.

Foto ilustrativa glándula pineal
Foto ilustrativa glándula pineal

Asimismo, existe un canal de energía, entre los tantos mapeados por la medicina tradicional china, que se encuentra en la frente entre las cejas, un poco hacia arriba. Este canal está conectado precisamente con la glándula pineal.

Todos los seres humanos nacen con este “ojo atrofiado”, pero para utilizarlo hay que “activarlo” o “abrirlo”. Para ello, el canal del tianmu tiene que estar abierto y despejado. Se dice que un niño menor de 6 años puede tener su tianmu abierto porque todavía guarda cierto grado de pureza, no tiene aun los pensamientos complicados, las intrigas y demás factores que acumula un adulto en la sociedad. Quizás por eso los niños suelen contar sobre un amigo imaginario que lo acompaña; cuando llegan a los 6 años, ya dejan de contar sobre aquel amigo.

Tal vez, algunas personas puedan recordar que cuando eran niños vieron esto o aquello. Y también hay casos de adultos que “ven”, porque su tianmu ha quedado abierto por alguna razón, y algunos de ellos, entonces trabajan como clarividentes. Pero en el curso de un trabajo, por utilizar este don para beneficio personal, normalmente esta capacidad desparece, pues ha perdido ese grado de pureza.

Las grandes profecías llegan hasta hoy

Llama la atención que las profecías sobre la humanidad, oriundas de China y de tantos otros lugares, concluyen sus predicciones describiendo escenarios similares en un período que -en aquellas que indican o se deduce la fecha- señala al presente. La Escuela Buda llama a este tiempo el “periodo final del Fa (Lev universal)”; y muchos profetas hacen alusión a un gran cambio o un nuevo mundo. Nostradamus le dijo a Enrique II que ello ocurriría “cuando sea renovado otro Ciclo de Saturno” (la primera década del tercer milenio); el argentino Benjamín Solari Parravicini dejó escrito entre sus dibujos premonitorios un “viraje del mundo en 2002”. Juan XXIII habló del 2003, y el calendario maya, de 2012. Pero nadie habló sobre más allá de este periodo.

Dado que los eventos profetizados sobre el viejo mundo giran en torno a un cambio espiritual y no están concluidos, el “nuevo mundo” no debería estar formado todavía, y nadie puede ver lo que no está determinado. Ya que las profecías tienen la finalidad de generar cambios, nuevos elementos pueden estar funcionando y generando un efecto.

Todas las profecías predicen que la Tierra llegará a dicha etapa con una civilización mecanizada, con los valores invertidos, belicosa, corrupta y saturada con deseos lujuriosos, obscenidad, avaricia y violencia. Esto es lo que lleva a la humanidad a una destrucción total; pero los profetas anuncian que han visto que esto puede ser cambiado; de hecho, expresan sus visiones sobre una corriente nueva de cambio.

Imagen ilustrativa

Como escribió Liu Bowen (1311 — 1375), a quien algunos llaman el “Nostradamus chino”, en una tabla de la dinastía Ming que fue hallada después de un terremoto hace dos décadas: “De los pobres quedarán mil de 10 mil; de los ricos, dos o tres de 10 mil; si pobres y ricos no dan un giro en sus corazones, la hora de la muerte será inminente”

Él tampoco dijo qué pasará después. Pero se atrevió a romper el cerco y revelar la manera de escapar de la catástrofe predestinada: dar “un giro en sus corazones”.

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¿Por qué podían predecir los antiguos profetas?
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Categorías: Cultura

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