El emperador chino Qin Shi Huang tenía una obsesión por descubrir la fórmula de la inmortalidad. La fiebre por alcanzar la gloria lo condujo a crear una de las maravillas arquitectónicas más intrigantes y codiciosas del planeta.

A solo un kilómetro y medio de las más de 8.000 figuras que componen el “ejército de terracota”, un enorme montículo esconde los restos del monarca más déspota de la China antigua.

Los tesoros que alberga la pirámide, son todo un enigma.

Según antiguos documentos chinos, el emperador Qin intentó acondicionar su pirámide subterránea para que esta fuera una réplica exacta del territorio chino.

Los textos refieren que la gigantesca bóveda de la cámara estaría tapizada de cobre con incrustaciones de joyas, de modo que la luz de las lámparas simularan las estrellas del firmamento.

Asimismo, por toda la base de la gran pirámide debía circular, mediante un mecanismo desconocido, una réplica artificial de los ríos de China, realizada completamente en mercurio.

Actualmente, la pirámide del emperador Qin tiene 76 metros de altura, pero se estima que hace 2.200 años alcanzaba los 115 metros.

El emperador Qin se esmeró en dificultar su acceso cubriendo la pirámide con suelo y vegetación, pero los dirigentes chinos tampoco se han mostrado dispuestos a profundizar la investigación para descubrir los infinitos tesoros arqueológicos que pudiera albergar esta enorme y enigmática construcción.

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Temas: Categorías: Cultura

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