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Esta historia nos hace reflexionar sobre cómo juzgamos a quien no sigue la corriente o piensa diferente del resto.

Feng Shi del Estado Qin tenía un niño dulce y listo. A medida que crecía, se tornaba evidente que él era diferente a los demás. Su percepción del mundo era totalmente opuesta al resto.

Cuando algunos cantaban, él decía que lloraban. Cuando otros olían una deliciosa fragancia, él sentía un hedor asqueroso. Lo que para otros sabía amargo, para él era dulce. Cuando otros hacían algo que creían bueno, él lo veía malo.

Mientras la gente comenzaba a comentar que él estaba loco, su madre, muy preocupada, partió hacia otra ciudad a buscar ayuda.

En el camino se encontraron con el sabio Lao Tse. Feng Shi le contó sobre la enfermedad mental de su hijo y su búsqueda de un tratamiento. En respuesta, el sabio se rió a carcajadas y dijo:

“¿Cómo sabe que su hijo está loco?. Nadie es capaz de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto hoy en día. La gente confunde el bien con el mal y el mal con el bien. Si alguien habla como su hijo, lo tratan de enfermo mental cuando es quien tiene la mente más clara. El interés propio y el miedo a perder hacen que la gente perciba el mundo al revés. Esa es la verdadera locura. Dado que todos están locos, no son conscientes de ello”.

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El niño que percibía el mundo al revés que los demás
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Categorías: Cultura Legado divino

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