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Un oasis en el medio de la Ruta de la Seda en China guarda un tesoro único: una ventana a los Cielos.

Dunhuang es una ciudad oasis rodeada de desiertos al sur, mesetas al norte y cadenas montañosas al este y al oeste. Durante siglos representó una parada en la conocida Ruta de la Seda, para encontrarse con lo divino cara a cara.

Las Cuevas de Mogao están ubicadas a 24 km de Dunhuang y albergan la mayor colección de pinturas y esculturas budistas del mundo.

Según la leyenda, un monje peregrino tuvo en ese lugar una espectacular visión de Buda Maitreya, junto a otros mil budas, seguidos de doncellas celestiales voladoras.

Conmovido por lo que estaba viendo, decidió conmemorar allí a los seres divinos que le estaban ofreciendo tan magnífica escena, y plasmó su visión lo más fielmente que pudo.

Algunas imágenes describen la gran solemnidad del Buda; otras, los terrores del infierno para los perversos.

Para los antiguos chinos, que creían que el Cielo protege a los devotos, las imágenes de las cuevas eran particularmente impactantes y representaban un vistazo terrenal a reinos de otros mundos.

Siglos después, con la decadencia de la Ruta de la Seda, las Cuevas de Mogao lentamente quedaron olvidadas, sin embargo su belleza celestial persiste allí.

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Cuevas de Mogao: una ventana a los Cielos
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