En la antigua China, no solo se hablaba de formar niños virtuosos a una edad temprana, sino que ya desde la gestación se pensaba en prestar especial importancia a su educación, porque se consideraba que -ya desde el vientre- el bebé es una vida y que es “educable”.

Según los registros históricos, la madre del emperador Wen de la Dinastia Zhou, tuvo estrictos requisitos mientras gestaba al futuro líder.

Mientras la Sra. Tairen estaba embarazada, se abstuvo de ver cosas malas, escuchar sonidos obscenos, decir malas palabras o comer comidas extrañas como sabores sazonados, amargos o astringentes.

Se cree que esta es una de las razones por las cuales el Emperador Wen pasó a la historia como uno de los gobernantes chinos más capaces y benevolentes.

En otro registro antiguo, un especialista en educación infantil de la Dinastía Ming escribió “cuando una mujer está embarazada, debe tener cuidado cuando se sienta, no dar pasos inestables mientras camina, abstenerse de ver y escuchar cosas malas y de comer comida extraña. Debe hacer obras buenas que promuevan la lealtad, la piedad filial, el afecto y la caridad. Por este camino, ella dará a luz a un niño de sabiduría, virtud y capacidad excepcional”.

La sabiduría antigua siempre nos ilustra y nos brinda una auténtica guía para la vida.

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