En la actualidad se presenta una interesante paradoja: Los ateos creen en la ciencia, mientras los científicos creen en Dios.

Muchos ateos creen solo en la ciencia y se oponen a la existencia de Dios. Sin embargo, famosos científicos, llamados “padres de la ciencia moderna”, sí creían en Dios. Científicos de la talla de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, James Clerk Maxwell, entre otros, pensaban que este mundo es la obra maestra de Dios y se reconocieron como devotos creyentes del Creador.

Isaac Newton, un cristiano devoto, también demostró que tenía una fe absoluta en Dios, y afirmó: “Este hermoso sistema del sol, planetas y cometas, solo podía proceder del consejo y dominio de un ser inteligente y poderoso”.

Albert Einstein dijo: “No sabemos nada de [Dios, ni del mundo] en absoluto. Todo nuestro conocimiento no es más que el de un niño de escuela. Posiblemente llegaremos a saber un poco más de lo que sabemos ahora. Pero la verdadera naturaleza de las cosas, nunca la sabremos”.

Para muchos científicos creyentes, la búsqueda de nuevos paradigmas en la ciencia parece ser solo para encontrar las reglas que Dios esconde en su creación.

Opuesto a lo que muchos creen, la creencia en Dios no interfiere con la investigación científica, sino que su creencia motiva a los científicos a encontrar nuevos datos sobre la sublime obra maestra del creador.

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