Pedagogo de profesión, maestro jubilado, artesano, dibujante y hasta agricultor, don Cristóbal Baltazar Casimiro alertó sobre la adversa situación que enfrenta el violín, instrumento que es desplazado por el mercado chino, y como todo creador, dijo, solo pide una cosa: “que nos dejen comercializarlo”.

Con más de 25 años de fabricar sus pequeños Stradivarius, o ‘Stradipocos’ como él los llama en alusión a que se están acabando, este hombre descendiente de la cultura mazahua y originario Santa María Cintendeje, municipio de Jocotitlán en el Estado de México, apuesta no sólo por el violín para formar grandes ciudadanos, sino por el arte y la cultura.

Sin embargo, desde su perspectiva, el violín está siendo desplazado; “se requiere de un proyecto fuerte, que los gobiernos nos permitan, sobre todo, comercializarlo. Porque llegamos a lugares y nuestro primer obstáculo son los inspectores, los reglamentos para la venta, nos piden permisos, que no podemos estar aquí, que nos vayamos a otro lado y ese es el problema”.

“La artesanía es un mosaico y nunca se va acabar, pero necesitamos que nos den espacio. Hay programas para impulsar, pero hay mucha traba, papeleo y uno se cansa y al final uno de dedica a esto. Y no es una apreciación exclusivamente mía, es de todos los artesanos”, dijo en entrevista con Notimex.

Maestro vendedor de esta hermosa artesanía (miniatura), hombre de carácter amable, sostiene con alegría y orgullo que sus violines son conocidos no sólo en México, sino también en Francia, gracias a que el músico guerrerense Ángel Tavira Maldonado, director de la película “El violín” y el productor de la misma, Francisco Vargas Quevedo, le hicieron un pedido de 100 de estas miniaturas para promover dicho filme en el Festival de Cannes, en el 2006.

“En ese tiempo se promocionó la película ‘El Laberinto del Fauno’, de Guillermo del Toro, y ganó, pero ‘El Violín’ no lo hizo en Brasil. Es una de las grandes satisfacciones que tengo que mis violines hayan sido parte de la promoción del filme.

“Fue una alegría interna, pues a veces uno no alcanza comprender esto, pues inició como una necesidad, pero gracias al trabajo y la constancia, mis violines llegaron lejos, la música sola fue abriendo espacios”, indicó.

Este viaje por el violín nació de la necesidad de sacar a sus seis hijos adelante (hoy todos convertidos en profesionistas), de complementar ese gasto para sus estudios y de irse adentrando poco a poco en el arte.

“Todo esto se inició por una necesidad económica, en ese tiempo no me alcanzaba para cubrir los gastos de mis muchachos que estaban en la escuela y buscamos la manera de complementar dichos gastos.

“Yo compraba violines ya fabricados y salí a vender a varias partes del país, pero con el hecho de que algunos violines tenían desperfectos, poco a poco me adentré en esto y llegó el momento en el que me dediqué a trabajar por mi cuenta”, señaló.

Al principio, recordó, fue muy difícil y complejo, pero el conocimiento que adquirió se lo debe a la misma clientela y amigos artesanos, quienes lo asesoraron a la hora de fabricar estos pequeños “Stradivarius”.

Convencido de que se trata de un instrumento muy noble y sensible, confesó haber encontrado en él, varias cualidades, en primer lugar: permite conocer al niño si es zurdo o derecho, o de memoria auditiva, temperamento, etcétera.

“Y lo he descubierto porque cuando yo vendo el violín, lo toco y ellos memorizan, y me emociona cuando lo hacen bien, porque contribuyo sembrando en ellos, una nota en su corazón.

“El violín es terapéutico, ayuda a descubrir las habilidades en los niños con la música, y tengo testimonios de varios de ellos que ahora forman parte de varias orquestas. Es una satisfacción encontrarlos y decirme que yo aprendí con ese violincito”, expresa con una sonrisa de oreja a oreja.

En su pequeño estudio, ese que llamó “El Rincón de la Alegría”, rodeado de trofeos, medallas, libros, y notas de diarios con la noticia de la película “El violín”, don Baltazar sale en defensa otra vez de este instrumento.

“Los extranjeros, en especial los chinos, están haciendo en serie este instrumento y nos están desplazando, además de que existen artesanos que no le dan el valor, todo regalan, le regatean, no conocen la función y ventajas de ello.

“Yo le busco lo artístico, que vaya más allá. Afortunadamente la música me va abriendo espacios y la gente se queda sorprendida de mis instrumentos, de cómo a este pequeño violín se le exprimen grandes notas”, destacó.

“Si usted le enseña a un niño todas las materias tendrá una persona equilibrada, sensible, buen tipo, agradable y eso es lo que nos hace falta y a eso es lo que voy, no solo vender, tengo otro objetivo y me da dado resultado. Yo siembro una nota en su corazón y el instrumento se encargará del resto”, expresó,

Siempre optimista y dándole la espalda al mal tiempo, adelantó en su oportunidad que viajaría a Taxco, donde del 25 de diciembre al 7 de enero, vendería sus pequeños violines.

“Iré a vender a Taxco, tengo ya varias cajas, estaré hasta el 7 de enero, pues este lugar tiene algo mágico. Iba de paso y mi primera venta fue una docena y dije aquí hay algo; y comencé a recorrer sus calles y en cada esquina donde me paraba eran una obra de arte y al final me enamore de Taxco, y ya hasta me consideran hijo adoptivo”, expresó el artista, para quien en estos tiempos de frío recomienda “tener la mente ocupada para que no entre el diablo”.

A través de NTX.

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Categorías: Cultura

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