(Minghui.org) A lo largo de la historia, el Himalaya ha sido la tierra de muchos cultivadores. La gente que vive allí lleva una vida simple, modesta y todos cantan y bailan. Ellos también veneran a Fo Fa. Casi un milenio atrás, en esta región había un cultivador llamado Milarepa. Mientras que muchos Fo y Pusas necesitaron reencarnarse durante muchas vidas y pasaron por muchas calamidades antes de obtener la Perfección, Milarepa logró la poderosa virtud en una sola vida y, más tarde, llegó a ser conocido como el fundador de la Vía Blanca del Budismo Tibetano.

(Continua de la Parte 2)

Rechungpa preguntó: “Maestro, usted dijo que hizo obras malas antes. ¿Qué pasó?”.

Milarepa contestó: “Primero, hacer cosas malas significaba producir cantidades masivas de ye (materia negra que se obtiene cuando el hombre hace maldades, efectúa cosas incorrectas o maltrata a los demás) con técnicas de conjuros para matar como también técnicas para crear tormentas de granizo”.

“Maestro, ¿por qué quiso aprender técnicas de conjuros?”, preguntó Rechungpa.

Milarepa dijo: “Cuando estudié con el lama de la Vía Roja, se iba a realizar un festival en la planicie Kyangats un día. Los aldeanos invitaron a mi maestro como invitado de honor, y él me llevó consigo. La gente preparó un festín y le sirvió el mejor vino a mi maestro. Ah, ese día había tanto vino del bueno. Todos bebieron tanto como pudieron, y yo hice lo mismo. Después de eso, con el estómago lleno y la cabeza mareada, me embriagué”.

“Viéndome ebrio, mi maestro me dijo que regresara primero al templo con las ofrendas. Estaba todo torcido hacia delante en el sendero de la colina, relajado y libre de preocupaciones. De algún modo recordé a aquellos que cantaban durante el festival. Sus voces eran tan bellas. Mientras estaba pensando en ello, me picaba la garganta, y no pude evitar cantar”.

“Mi canto era muy conocido en la villa. También estaba feliz y ebrio, así que mi voz era más fuerte y clara. La melodía era buena, como si mi mente estuviera volando. Mis piernas estaban ágiles, y salté y bailé mientras continuaba cantando y caminando. Sin notarlo, tomé el camino a casa. Incluso cuando llegué a la puerta, seguía cantando y bailando. En ese momento, mi madre estaba fritando trigo. Estaba sorprendida por mi voz, murmurando: ‘Esta voz que canta es como la de mi hijo. Pero probablemente no haya persona en el mundo que tenga una vida tan amarga como la nuestra. No creo que mi hijo tenga el estado mental para cantar tan felizmente’. Con curiosidad, fue a la ventana a dar una mirada. Viendo que era yo, se puso tan furiosa que su cuerpo entero se estremeció. Soltando la leña que tenía en su mano derecha, bajó apresuradamente las escaleras. Después de salir, tiró las cenizas en mi cara y me golpeó salvajemente en la cabeza, gritando: ‘¡Mila Sherab Gyeltsen, padre de la familia! ¡Mira a tu hijo! ¡La familia está acabada! Míranos, pobre madre e hijo’”.

“Lloró, gritó, y se desmayó del enojo. Mi hermana Peta salió de la casa, llorando y rogando”.

“’Hermano, ¡Piensa en lo que has hecho! ¡Mira en lo que se ha convertido nuestra madre!’”.

“El caos repentino me devolvieron un poco la lucidez, y las palabras de mi hermana me despertaron. Vergüenza y angustia surgió en mí, y el remordimiento me hizo llorar. Mi hermana y yo lloramos mientras sosteníamos las manos de mi madre, meciéndola y llamándola. Después de un largo rato, recobró la consciencia. Con lágrimas en los ojos, me miró y dijo: ‘Hijo mío, ¿hay alguien en este mundo más desgraciados que nosotros? ¿Cómo puedes tener el estado mental para cantar tan felizmente? Si simplemente miraras a tu madre, esta anciana, no te quedarían lágrimas para llorar’”.

“Con esas palabras, sollozó de nuevo, y también mi hermana y yo. Después de un tiempo, dejé la pena y dije resolutamente: ‘Madre, por favor deja de estar tan triste. Lo que dijiste es verdad. Ahora he decidido que siempre que tengas un deseo, sin importar lo que cueste, ¡prometo cumplirlo!’”.

“‘Quiero venganza contra esos enemigos despreciables que usan lino fino y cabalgan caballos corpulentos. Nosotros estamos débiles y no tenemos ayuda. Así que la única forma de conseguir venganza es a través de conjuros que puedan matar. Quiero que aprendas estos y las técnicas para crear tormentas de granizo. Necesito que aprendas todo y que vuelvas a matar al tío, la tía y a esos vecinos crueles y sus familias. Este es mi único deseo. ¿Puedes hacerlo?’”.

“‘Te lo garantizo. ¿podrías prepararme ofrendas para mi maestro y gastos de viaje?’, contesté determinado”.

“Así que mi madre vendió el resto de la tierra de su lote y compró una gema grande y cara. Luego trajo un caballo blanco, un balde de tintura, y cuero de buey para mi maestro como también para el viaje. Me quedé en un hotel cercano por varios días, esperando encontrarme con compañeros de viaje.

“No mucho después de eso, me encontré con cinco jóvenes que iban hacia Ü-Tsang (parte central y occidental del Tíbet) para aprender conjuros y hechizos. Estaba feliz de conocerlos y les pregunté si podía acompañarlos. Ellos también estaban contentos de tener otro compañero de viaje y aceptaron que fuéramos juntos”.

“Los invité a mi casa para que se quedaran unos días. Mi madre los trató muy bien, y cuando nos estábamos a punto de ir, ella dijo: ‘Escuchen todos, mi hijo es joven e ignorante. Temo que no pueda ser estricto consigo mismo. Espero que lo alienten a aprender los conjuros bien. Los recompensaré cuando regresen’”.

“Todos concordaron en cuidarme y se lo aseguraron a mi madre”.

“Así que estábamos listos para irnos. Ataron la tintura y el equipaje al caballo, mientras que la gema quedó escondida en mí. Mi madre caminó con nosotros por largo rato y nos despidió con bebidas en el camino. Una vez más, le recordó a mis amigos que me cuidaran bien. Luego me sacó del camino y tomó mis manos. Una sensación de separación llenó nuestros corazones y casi nos sofocaba, y nos quedamos mirándonos en silencio. Había tantas palabras que queríamos decirnos, pero no sabíamos por dónde empezar”.

Después de un rato, mi madre finalmente rompió el silencio y dijo: ‘Hijo mío, solo piensa en todo lo que hemos atravesado. Sin importar qué, tienes que lanzar un hechizo en esta aldea. La razón de tus amigos para aprender conjuros es diferente de la tuya. Ellos simplemente quieren ganarse la vida con esas habilidades. Pero tú, tú tienes que trabajar duro. Hijo mío, si regresas antes de derribar esta aldea con un hechizo, me suicidaré frente a ti’.

“Yo prometí fervientemente: ‘Madre, si no aprendo lo necesario, ¡nunca regresaré! Por favor no te preocupes’”.

 

“Solté lentamente sus manos, regresé con mis amigos, y dije adiós. Caminé varios pasos y di la vuelta para mirar. Caminé varios pasos más y me di vuelta para mirar de nuevo. Las lágrimas corrían por mis mejillas. Mi madre también era reticente a irse. Incluso cuando estábamos lejos podía verla claramente, mirando hacia nosotros. Pensé en regresar para mirarla de nuevo. Mi instinto me decía que este era el último adiós y que nunca más la volvería a ver”.

“Mi madre esperó hasta que ya no nos pudo ver más y lloró antes de regresar a casa. En los días siguientes, todos en la aldea se enteraron de que el hijo de Nyangtsa Kargyen se había ido para aprender conjuros”.

“Mis amigos y yo viajamos por un gran camino hacia Ü-Tsang. En un lugar de la Espalda del Tíbet, vendí la tintura y el caballo a un hombre rico local a cambio de oro, el cual llevé conmigo. Después de cruzar el río Tsangpo, continuamos hacía Ü (Tíbet Central). Encontramos muchos monjes, y les preguntamos si conocían a un maestro de conjuros, hechizos, y técnicas para conjurar tormentas de granizo. Un monje dijo que un lama llamado Yungton Trogyal había alcanzado la completa maestría de estas técnicas. Continuamos nuestro viaje, y al final, encontramos al lama.

Lo reverenciamos, y cada uno de los viajeros presentó sus ofrendas. Yo le dediqué el oro, la gema, y todo lo demás que tenía. Me arrodillé y dije: ‘No solo el oro, la gema y todo lo demás es para usted, Maestro, pero mi cuerpo, habla, y mente, todo lo que tengo lo dedico a usted. Maestro, mis vecinos y parientes cometieron actos muy crueles contra mi familia. Necesito castigarlos con conjuros. Por favor enséñeme los conjuros. También espero que me provea de ropa y comida mientras estudio aquí’”.

“Escuchando mis palabras, el lama sonrió y dijo: ‘Esperaré y veré si lo que dices es verdad’”.

El Maestro no nos enseñó los conjuros más profundos. En vez de eso, solo nos enseñó uno o dos conjuros, algunos hechizos, y cómo practicarlos. Esto tomó más de un año. Mis compañeros los aprendieron y estaba listos para regresar a sus casas. El lama nos dio a cada uno un saco de lana hecho localmente. Yo no tuve confianza y pensé: ‘Si busco venganza con estos conjuros, podrían no funcionar, y mi madre se suicidaría’. Así que deliberadamente decidí quedarme. Mis compañeros me preguntaron: ‘Topaga, ¿no vas a regresar a casa?’.

“Contesté: ‘Sí, también quiero regresar. Pero no he aprendido lo suficiente y me siento avergonzado de regresar’”.

“Los cinco dijeron: ‘Estos hechizos ya son muy profundos. El lama mismo dijo que no hay conjuros más avanzados que estos. Tenemos confianza de que nos traerán fama y estatus social en nuestro pueblo. Pero si te quieres quedar más tiempo, está bien por nosotros. Depende de ti’”.

“Así que se despidieron del maestro y se fueron a casa. Me puse el abrigo y caminé con ellos por un par de horas. En el camino de regreso, recogí una bolsa llena de estiércol de buey y la utilicé para fertilizar el mejor campo del maestro. Me vio desde la habitación y le dijo a otro discípulo: ‘Muchos estudiantes vienen a aprender mis técnicas, pero ninguno es tan bueno como Topaga. Me temo que no habrá otro estudiante tan bueno como él en el futuro. No se despidió esta mañana de mí, lo que significa que regresará. Recuerdo la primera vez que vino, dijo que sus parientes y vecinos maltrataron a su familia. Pidió aprender conjuros para vengarse. También dijo que dedicaría su cuerpo, habla y mente a mí. Es verdaderamente un muchacho sincero. Si lo que dijo es verdad, sería una pena no enseñarle los conjuros’”.

“Este discípulo me dijo estas palabras, y yo me emocioné, sabiendo que había más conjuros para aprender. Corrí felizmente hacia el maestro, que me vio y me preguntó: ‘Topaga, ¿por qué no te fuiste a casa?’”.

“Me saqué el abrigo, se lo devolví, me postré ante él para venerarlo, y contesté: ‘Maestro, mi tío, tía, y vecinos hicieron cosas muy malas a mi familia. Nos sacaron nuestros bienes por medios inapropiados, causándonos todo tipo de sufrimiento. No tenemos el poder para vengarnos, así que mi madre me pidió que viniera a aprender conjuros. Ella dijo que si regresaba sin dominar completamente los conjuros, se suicidaría frente a mí. Así que, no puedo volver. Maestro, por favor tenga piedad de mí y ¡enséñeme los conjuros más avanzados!”.

“Con estas palabras, no pude evitar llorar. El lama me preguntó: ‘¿Cómo te lastimaron tus parientes y vecinos?’”.

“Le conté cómo mis tíos nos sacaron nuestra herencia y nos maltrataron después de que nuestro padre murió. Lloré mientras hablaba, repasando la historia en detalle. El maestro también lloraba mientras escuchaba. Luego dijo: ‘Si lo que dices es verdad, lo que hicieron está muy mal. En cuanto a la gente que viene aquí por los conjuros, ellos vienen de diferentes lugares: algunos traen grandes cantidades de oro y jade, algunos traen cientos de miles de lienzos finos y manteca; algunos traen los mejores tés y seda, como también más de 1000 cabezas de ganado. Pero tu eres el único que dedicó su cuerpo, habla y mente. No obstante, no puedo enseñarte los conjuros aún. Enviaré a alguien a verificar si lo que dices es verdad’”.

“Entre los estudiantes, había uno que era más rápido que un caballo y tan alto como un elefante grande. El maestro lo envió a mi pueblo a verificar mi historia. Varios días después, regresó y dijo: ‘Maestro, lo que Topaga dijo es muy cierto. Por favor enséñele los conjuros’”.

“El maestro entonces me dijo: ‘Topaga, si te hubiera enseñado los conjuros desde el comienzo, temía que una persona modesta como tú se arrepentiría. Ahora sabemos que lo que dices no es inventado, así que te los enseñaré. Tengo dos conjuros secretos. Además, hay un lama llamado Yonten Gyatso, que es experto tanto en medicina como en conjuros. Él tiene el secreto para generar tormentas de granizo. Después de que nos enseñamos estas técnicas entre nosotros, nos hicimos amigos cercanos. Cuando la gente viene aquí por los conjuros, también los envío allá. Él hace lo mismo. Hoy tú no eres la excepción. Enviaré a mi hijo mayor a que te acompañe’”.

“El maestro preparó comida, tela de lana fina, y algunos regalos para darle a Yonten Gyatso. Los colocamos en en las espaldas de los caballos y comenzamos nuestro viaje”.

“Después de llegar allí y encontrarnos con Yonten Gyatso, le di todos los regalos. Le conté mis trágicas experiencias y por qué necesitaba aprender los conjuros, rogándole que me enseñe. El lama dijo: ‘Yungton Trogyal y yo somos mejores amigos que moriríamos el uno por el otro. Debe tener sus razones para enviarte aquí, y te enseñaré los conjuros para matar. Pero antes de eso, necesitas construir una sala del Fa al pie de la colina donde la gente no pueda verlo’”.

“Así que los dos encontramos un lugar tranquilo al pie de la colina y construimos una simple sala del Fa. Usamos una roca grande como un buey para esconder la construcción”.

“En esta sala del Fa, el maestro me enseñará el hechizo secreto”.

“Después de practicarlo por siete días, el lama me dijo: ‘En el pasado, siete días era suficiente para aprender esto. Ahora has practicado por siete días, así que debería ser suficiente’”.

“Pero yo dije que necesitaba que el hechizo fuera intenso, así que pedí siete días más. La noche del día 14, el maestro vino y me dijo: ‘Esta noche, veremos el efecto del conjuro para matar al lado del altar’”.

“Justo mientras decía eso, un guardián celestial vino esa noche con cabezas, hígados y vesículas biliares de 35 personas. Él dijo: ‘¡Esto es lo que me pediste que haga!’”.

“La mañana siguiente, el lama me dijo que había dos personas más que deberían haber muerto. ‘¿Deberíamos matarlos?’”.

“Yo estaba satisfecho y contesté: ‘Los podemos dejar vivos como testigos de la retribución. Por favor, perdónalos’”.

“De esta manera, mis tíos quedaron vivos. Luego hicimos una ofrenda a los guardianes celestiales, los enviamos de regreso, y concluimos el ritual”.

“¿Cuál fue la manifestación del conjuro en mi pueblo natal de Kyangatsa? Era la boda del hijo mayor de mi tío ese día, y habían invitado a muchas personas para un festín en la casa. Más de 30 personas habían ido para celebrar, allí estaban aquellos que habían ayudado a mis tíos a lastimarnos. Algunas personas que sintieron lástima hacia nosotros también habían sido invitados, y estaban en camino hacia allí. Mientras iban hacia la casa, seguían hablando de las cosas malas que mis tíos habían hecho. Una persona dijo: ‘Había un dicho que el invitado se convierte en el anfitrión, mientras que el anfitrión se convierte en el perro. Esto es lo que pasó. Estas personas infames son unos sinvergüenzas. Tomaron los bienes de Topaga y encima maltrataron a su familia. Topaga se fue para aprender conjuros. Incluso si su hechizo no funciona, la retribución de Fo Fa llegará tarde o temprano’”.

“En ese momento, toda la familia de los tíos estaba sirviendo a los invitados. Los invitados estaban bebiendo alegremente. Una sirvienta que había trabajado para mi familia y ahora trabajaba para ellos bajó las escaleras para buscar agua. Allí, vio escorpiones, serpientes y cangrejos gigantes arrastrándose por todos lados en el piso. Los escorpiones se treparon a los pilares de la casa, intentando destruirlos. Aterrorizada, la niña salió corriendo a los gritos”.

“Ese día había muchos caballos de los invitados abajo. Un caballo estaba intimidando a una yegua, pero otro caballo lo vio y comenzó un alboroto. La yegua intentó patear al caballo, pero por alguna razón, derribó el pilar en su lugar. La casa entera colapsó en un instante. Había sonidos de gritos y llantos por todos lados. El hijo de mi tío, la novia, y más de 30 invitados quedaron aplastados todos juntos. El piso estaba cubierto de escombros y polvo del derrumbe. Bajo los azulejos y maderas rotas había decenas de cuerpos sin vida”.

“Mi hermana Peta estaba vagando por el lugar en ese momento. Viendo la situación, inmediatamente corrió a casa y le dijo a mi madre: ‘¡Madre! ¡Madre! ¡Ven a ver! La casa del tío se derrumbó, ¡y mucha gente murió!’”.

“Mi madre estaba escéptica pero feliz por dentro. Corrió hacia la casa del tío. Frente a ella había pilas de azulejos rotos y polvo por todos lados. Sorprendida y alegre, arrancó un pedazo de ropa de sus harapos y se apresuró a atarlo a un palo. Corrió por el lugar, flameando la bandera y gritando: ‘Todos, ¡vengan y vean! Lamas y fo, ¡los adoraré! Ey, vecinos, déjenme decirles, ¿acaso Sherab Gyeltsen no tenía un hijo? Yo, Nyangtsa Kargyen, usé harapos y comí basura para que mi hijo aprenda conjuros. ¿Quién dijo que no tendría éxito? Todos, ¡vengan y vean! El tío y la tía dijeron que, si tenía la habilidad, encontrara a alguien para que pelee con ellos y recupere la propiedad; dijeron que, si no podía encontrar a nadie, entonces podíamos aprender conjuros. Todos, ¿qué piensan? Ahora, Topaga acaba de lanzar un pequeño hechizo, y fue más poderoso que una gran batalla. Miren, gente arriba, tesoros en el medio, y ganado abajo, ¡todo desaparecido! Logré vivir hasta ahora para ver el truco de mi hijo. Yo, Myangtsa Kargyen, estoy tan feliz, ¡tan feliz! ¡Ja, ja, ja! ¡Nunca he estado tan feliz en mi vida! Hey, todos, ¡vengan a ver!’”.

“Ella seguía flameando la bandera y corriendo por todos lados, muy emocionada y contenta. Todos en la aldea, incluyendo los tíos, escucharon esto. Una persona dijo: ‘¡Lo que dijo esta mujer podría ser verdad!’”.

“Otra persona dijo: ‘¡Sí parece real, pero lo que dijo parece un poco demasiado!’”.

“Después que la gente escuchó que yo había matado a tantas personas con un conjuro, se reunieron y dijeron: ‘Esta mujer ha causado un gran lío y todavía corre alegremente. ¡Tenemos que matarla y escurrir su sangre del corazón e hígado!’”.

“Un anciano estuvo en desacuerdo: ‘Incluso si matas a esa mujer, eso no ayudará. Solo haría que su hijo nos odie más y mate a más gente con sus conjuros. ¡Necesitamos pensar en una forma de matar primero a Topaga y luego lidiar con esta mujer!’”.

“Así que no mataron a mi madre. Pero el tío no se dio por vencido y dijo: ‘Todos mis hijos han muerto. Pelearé con ella. ¡No quiero vivir!’”.

“Con esas palabras, se fue a matar a mi madre. La gente lo detuvo rápidamente y le dijo: ‘Este lío es todo por ti. Topaga aún está vivo. Si matas a Nyangtsa Kargyen así, su hijo lanzará más hechizos, y todos moriremos. Si no nos escuchas, ¡te mataremos a ti primero!’”.

“Así que el tío se detuvo. Los aldeanos discutieron cómo enviar a alguien a que me mate. El hermano de mi madre fue a verla y le dijo: ‘Lo que hiciste y dijiste ayer hizo que todos en la aldea quieran matarte a ti y a tu hijo. ¿Estás preparada? Un conjuro es suficiente. ¿Por qué hacer que todos nos odien?’. Habló con ella por un largo rato para calmarla. Mi madre suspiró y dijo: ‘Tu viste lo que pasó todos estos años. Claro que sé qué es lo que piensa la gente. Pero tenía que buscar venganza contra esos que se robaron nuestra propiedad. Es así como esto empezó. Sabes, este odio es tan grande que no puede ser medido’”.

“Ella siguió llorando sin decir nada. Su hermano suspiró y dijo: ‘Lo que dices es verdad. Pero ¿qué pasa si alguien viene a matarte? Mejor que cierres las puertas ahora’”.

“Mi madre se apresuró y cerró las puertas y quedó preocupada, sintiéndose insegura. Sintiendo pena por mi madre, nuestra sirvienta anterior vino a verla y le dijo: ‘No quieren matarte ahora. Solo quieren matar a tu hijo. Deberías decirle que tenga cuidado’”.

“Mi madre escuchó esto y dejó de preocuparse por un rato”.

“Mi madre vendió otra mitad del lote de tierra por siete pepas de oro. Quería dármelos a mí, pero no confiaba en nadie de la aldea para traérmelos. Mientras pensaba en traerme ella misma el oro, un yogui de Ü que estaba yendo a Nepal en un peregrinaje pasó por nuestra aldea para mendigar limosna. Mi madre le hizo algunas preguntas y le pareció que era el mensajero adecuado. Así que le dijo al yogui: ‘Maestro, por favor, quédese unos días. Mi hijo está estudiando Fa en Ü-Tsang ahora. Quiero escribirle una carta. ¿podría usted llevarla?’”.

“El yogui aceptó. Mi madre lo invitó a quedarse unos días y lo trató bien”.

“Esa noche, mi madre prendió una lámpara y pidió un deseo arrodillándose frente a las deidades: ‘Si mi deseo se hace realidad, esta lámpara no se apagará; si mi deseo no se puede cumplir, por favor, apáguenla inmediatamente. Espero sinceramente que los ancestros de Topaga y los guardianes celestiales me puedan mostrar el resultado’. Después de pedir el deseo, la lámpara continuó encendida toda la noche. Mi madre creyó que su deseo se haría realidad. Al día siguiente, le dijo al yogui: ‘Maestro, la ropa y calzado de un peregrino son muy importantes. Me la puede dar para que la arregle. También quiero darle un par de suelas de zapatos de repuesto’”.

“Así le dio al yogui un pedazo de cuero grande para hacer suelas. Luego remendó el saco del yogui. En el centro y en la espalda, escondió siete pequeñas piezas de oro y cosió un cuadrado de ropa negra alrededor. Con el hilo blanco fino, luego bordó seis pequeñas estrellas en el centro de tela negra y las cubrió con otro pedazo de tela. Hizo todo esto sin que el yogui se diera cuenta. Al final, estampó un sello en el sobre, le entregó la carta, y le dio muchos regalos para agradecerle”.

“Para ese entonces, mi madre pensó: ‘No sé qué están pensando estos aldeanos ahora. Necesito pensar en algo para intimidarlos’. Así que le dijo a mi hermana: ‘El yogui que se fue ayer trajo una carta de tu hermano’. Peta le contó a la gente sobre esto. Mi madre luego escribió una carta falsa haciéndose pasar por mí:

“’Querida madre, estoy contento de escuchar que los conjuros para matar funcionaron bien. Si hay alguien más en la aldea que te maltrate a ti o a mi hermana Peta, por favor dime sus nombres para que mande un hechizo. Con mis habilidades para hacer conjuros, matar a alguien es simple, y erradicar a su familia y parientes tampoco es difícil. Si nadie en la aldea es bueno, espero que se muden aquí. Cuando me fui de casa en ese entonces, no tenía nada. Ahora tengo riquezas y estoy libre de preocupaciones. Te deseo sinceramente lo mejor, tu hijo Topaga’”.

“Le puso un sello falso a la carta. Después de mostrarle la carta falsa a los tíos, la gente cercana a ellos, dejó la carta en la casa de su hermano. De ese modo, los aldeanos ya no se atrevían a matarnos. Además, debido a la carta, los aldeanos demandaron que los tíos devuelvan las tierras del Triángulo de la Orma a mi madre”.

“Volviendo al paradero del yogui peregrino. Escuchando dónde estaba yo, vino a visitarme. Después de contarme en detalle sobre mi madre y hermana en la aldea, me entregó la carta. Fui a un lugar privado y la abrí”.

“En la carta, mi madre escribió: ‘Querido hijo. Por favor no te preocupes por mí. Viendo que mi hijo alcanzó esto, no tengo remordimientos ahora. Tu padre también estará satisfecho en el inframundo. Después de que tus conjuros se llevaron las vidas de 35 enemigos, recientemente escuché que los aldeanos enviarían a alguien para asesinarte. Por favor, ten cuidado. Como ellos están buscando venganza, no deberíamos perdonarlos fácilmente. Deberías enviar una tormenta de granizo pesada para destruir sus cultivos. Entonces estaré satisfecha. Si usaste todos tus bienes, puedes obtener más de nuestros familiares en la montaña que mira hacia el norte. Ellos están en lo profundo de la nube negra bajo las seis estrellas parpadeantes. Si no sabes dónde están estos parientes o dónde queda la aldea, puedes encontrarlo en el yogui. Él es el único que vive en esta aldea, y no hay necesidad de que vayas a otro lado. Tu madre, Nyangtsa Kargyen’”.

“Leí la carta, pero no sabía lo que significaba. Pensé en mi pueblo y en mi madre. No sabía nada sobre la aldea y los parientes descritos en la carta. Sin idea de dónde sacar bienes, comencé a derramar lágrimas. Lloré por un rato, sequé mis lágrimas, y fui a preguntarle al yogui: ‘Parece que tú conoces dónde viven mis parientes. ¿podrías contarme sobre ellos?’”.

“El yogui respondió: ‘Yo solo leí que tienes parientes cerca de los Himalayas’. Yo continué: ‘¿Conoces algún otro lugar? ¿De dónde eres?’. El yogui contestó: ‘Conozco muchas otras aldeas, pero no conozco a tus parientes. Yo soy de Ü’. Luego le dije: ‘Si es así, por favor espera y regresaré en un rato’”.

“Le mostré la carta a mi maestro y le conté lo que pasó. Él dijo: ‘Tu madre realmente tiene un enojo tremendo –matar a tantas personas no es suficiente, y pide por una tormenta de granizo’. Luego preguntó: ‘¿Dónde viven tus parientes en el norte?’. Yo contesté: ‘Nunca escuché de parientes en el norte. Pero la carta así lo dice. Le pregunté al yogui, y él no tenía idea tampoco. ¿Qué está sucediendo?’”.

“La esposa de mi maestro también estaba allí en ese momento. Ella leyó la carta y dijo: ‘¿podrías pedirle al yogui que venga?’. Ella comenzó un fuego e invitó al yogui a calentarse y tomar algo. Luego comenzó a hablar, de esto y aquello. Incidentalmente, se puso detrás del yogui, le sacó su saco, y se lo puso ella misma y dijo: ‘Usar ropa tan curtida para un peregrinaje, te traerá bendiciones’. Luego caminó alrededor de la casa y se fue para arriba. De este saco gastado, sacó el oro, lo cosió de nuevo, y regresó el saco al yogui. Luego lo invitó a comer y a quedarse por la noche”.

“Luego ella me llamó: ‘Topaga, ¡por favor ven a la habitación del maestro! Fuimos juntos a la habitación del maestro, y me dio siete pepas de oro. Le pregunté sorprendido: ‘¿De dónde viene esto?’. Ella contestó: ‘Tu madre es muy lista, y escondió el oro por seguridad. La carta menciona una aldea en la montaña que mira al norte, lo que significa que es un lugar adonde no llega la luz del sol. ¿Acaso no es la parte interior del saco del yogui un lugar en que no da el sol? Nubes negras significa que está cubierta por ropa negra. Las seis estrellas parpadeantes, se refiere a los seis puntos hechos con el hilo blanco. Siete familias bajo las estrellas indica los siete taeles de oro. Solamente el yogui vive allí, y no tienes que ir a ningún otro lado porque el oro lo lleva el yogui, nadie más’”.

“El maestro se rió y dijo: ‘La gente dice que las mujeres son inteligentes. ¡Esto es cierto!’”.

“Le di un décimo del tael de oro al yogui, quien estuvo muy agradecido. Luego dediqué siete décimos de taeles a la esposa de mi maestro y tres taeles a mi maestro. También le dije a él: ‘Mi madre me pidió que lance una tormenta de granizo. Por favor maestro, ¿me podría pasar el método más secreto para generar una tormenta de granizo?’”.

“El maestro contestó: ‘Para aprender los conjuros para una tormenta, tienes que pedirle a Yungton Trogyal’”.

“Así que el maestro escribió una carta y me dio algunos productos que crecían en el lugar para que los lleve. Fui hasta Yungton Trogual, le di la carta y los regalos, y le dediqué tres taeles de oro a él. Le expliqué en detalle por qué necesitaba aprender los conjuros para conjurar una tormenta de granizo. El maestro preguntó: ‘¿Funcionó tu conjuro?’. Contesté: ‘¡Sí, murieron 35 personas. Y luego recibí una carta de mi madre pidiéndome una tormenta de granizo. Así que espero que me pueda ayudar’. Él contestó: ‘No hay problema, tu deseo será concedido.’ Luego me enseñó el conjuro, y lo practiqué en el salón del Fa por siete días. El séptimo día, una nube negra emergió entre las rocas en la montaña que nos enfrentaba. Los truenos resonaban mientras los rayos resplandecían, como si una gran tormenta estuviera por caer. Sabía que tenía la habilidad para enviar tormentas de granizo”.

(Continuará…)

Leyendas de la Cultura China: La historia de cultivación de Fo Milarepa (Parte 3)
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Categorías: Cultura Legado divino

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