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Se dice que hace un tiempo muy largo Dios creó un caracol sin caparazón. Poco después de nacer el caracol ya caminaba libre y rápidamente. Pero cuando se topaba con hierbas espinosas, disminuía inmediatamente su velocidad, pues se cuidaba atentamente para no dañar su cuerpo. Cuando había tormentas. el caracol frenaba inmediatamente y buscaba refugio, por temor a ser arrastrado por los vientos violentos. Poco a poco, el caracol se fue volviendo cada vez más lento. A cada paso miraba para todos lados por miedo a lastimarse. Esclavo del miedo, se tornó abúlico. No podía enfrentar la realidad y, como consecuencia, fue perdiendo fuerza para dar el siguiente paso.

El fuerte sentido de autoprotección del caracol se fue disolviendo en las profundidades de su alma. En la medida que el coraje para seguir adelante se desvanecía, la meta que debía alcanzar le parecía siempre demasiado lejana. Tenía miedo de ser lastimado solo pensaba en protegerse, entonces no se atrevía a aguantar ni un poco de dolor para llegar. El miedo empezó a crecer en su espalda como una cáscara de huevo, creció y creció hasta envolver a todo el caracol.

Cuando encuentra un problema, lo primero que hace el caracol es entrar en esa cáscara para esconderse; depende mucho de esa capa protectora, ¡y la respeta incluso! Desde aquel momento, el caracol vivió perdido completamente sin capacidad para determinar su vida.

Todos los días carga un pesado caparazón y se mueve lentamente; está tan perdido que ni puede pensar en cómo cambiar por completo la situación de su vida. En su lugar, se encierra en la cáscara estrecha y la considera como su propio nido, ¡ya no se acuerda de su verdadera apariencia!

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La leyenda del caparazón del caracol
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Categorías: Cultura

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