En nuestra vida cotidiana, a menudo nos encontramos con algunas personas que, por su mal carácter, parecen estar al borde de explotar en cualquier momento. Otras, en cambio, son muy amables y suaves, tolerantes y gentiles, y poseen una actitud de humildad ante la vida. Algunas personas podrían decir que la risa, el enojo, la tristeza y la felicidad son simplemente los matices naturales propios de la personalidad de cada uno. Sin embargo, los sabios antiguos entendían que dominar las emociones y, en especial, la cólera es esencial para mantener una buena salud, ser libre y elevar la sabiduría.

La gente en la antigua China decía, “Siendo tolerante, ganas paz y tranquilidad; siendo humilde, alcanzas un nuevo horizonte”. Si uno tiene un carácter noble, puede tolerar y no discutir incluso cuando hay un malentendido, de este modo se ahorra muchos conflictos y preocupaciones, y se disfruta de una vida más libre.

Del mismo modo, la tolerancia es clave para la prosperidad. Confucio dijo, “La falta de tolerancia por pequeñas molestias arruina grandes proyectos”. Tiempo después, Si Maqian (145 a.C. – 90 a.C., autor de ‘Registros Históricos’ en la dinastía Han del Oeste) corroboró, “Un poco de impaciencia daña una gran estrategia”.

En la cultura tradicional china se dice que “La tolerancia puede traer muchas bendiciones, y la armonía puede causar enorme buena suerte” y “Siendo perseverante, uno puede vencer cualquier dificultad; siendo tolerante se puede conseguir la armonía suprema”.

Una conocida expresión de la “Canción de cien tolerancias”, escrita por Zhang Gongyi durante la Dinastía Tang, dice, “Una persona compasiva tolera lo que la gente común encuentra difícil de tolerar. Una persona sabia tolera lo que la gente común no puede tolerar. Tolerar las dificultades siendo perseverante produce ganancias. Tolerar la soledad sin ser libidinoso atrae salud”.

Lin Zexu (1785- 1850), gobernador de las provincias de Guangdong y Guangxi durante la Dinastía Qing, tenía un gran letrero colgado en la pared de su vestíbulo que decía, “Controla la ira”. Un día, irritado por un asunto comercial que estaba manejando, no pudo controlar su furia y estrelló una taza de té contra el suelo. A mirar el cartel “Controla la ira”, entendió que se había equivocado otra vez, y cuando vio a su sirviente limpiando su desastre, lo detuvo y él mismo lo limpió para aflorar su arrepentimiento.

En la vida cotidiana, si uno tiende a perder su temperamento cuando trata con otros, es una indicación de falta de autocontrol. Una persona que tiene mal genio debería aprender de Lin Zexu para mejorar el autocontrol, mirarse a sí mismo para reconocer sus errores, prestar atención a “controlar la ira” y utilizar la razón para convencer a los demás. Nunca hay que ser indulgente con el enojo, que daña tanto a otros como a uno mismo.

Ira versus salud

La medicina china antigua profundizó sobre el origen de la ira y su impacto en el cuerpo humano. Sus descubrimientos encontraron que la ira proviene de la frustración: que la ira y la frustración son gemelas. La frustración conduce a la explosión del enojo. Aquella ira “consumirá el vigor”, causará “altas temperaturas en el hígado” y finalmente lastimará el hígado; todos estos son principios bien conocidos dentro de la cultura tradicional china.

Son muchos los ejemplos de la vida diaria de personas que han muerto de rabia y enojo por una situación que no pudieron soportar. En la antigua China, no era cuestión menor y se reflexionaba mucho acerca de cómo sobrellevar este sentimiento. Un viejo refrán dice: “Tal vez un plato hondo de arroz no pueda llenar el estómago, pero no poder demostrar el punto de vista propio puede hacerte explotar y causar la muerte”.

Al respecto, hay una historia muy conocida de la época de los Tres Reinos. Zhou Yu (175 – 210) era un gran general que quería vencer en todo a otro general, Zhu Geliang. Siempre buscaba la oportunidad para derrotarlo en todo cuanto fuera posible e incluso asesinarlo. Pero Zhu Geliang siempre estaba un paso delante de él. Un día, Zhou Yu organizón una competencia de ingenio, pero el resultado fue que él mismo terminó siendo vencido con gran humillación. En ese momento, manifestó una rabia tan grande y dio tantos gritos de desesperación que vomitó sangre y murió debido a su frustración.

La ira de mucha gente viene de la avaricia, la envidia y el egoísmo. Abundan las peleas entre vecinos, colegas, familiares o incluso entre extraños en la calle pugnando por una diminuta pérdida o ganancia. Si uno puede tratar la reputación y la imagen personal ligeramente, entonces el enojo naturalmente se reducirá y uno ya no explotará por una diminuta pérdida o ganancia.

Profundizando en tal sentido, las escuelas Buda y Dao enseñan que, de hecho, la avaricia, la envidia o el egoísmo, además de llevar a la ira u otras acciones que generan pérdida o sufrimiento a otros, disminuyen nuestro ‘de’. ‘De’ es una materia blanca en otro espacio que se obtiene por hacer cosas buenas o soportar sufrimientos, y es lo que se intercambia por todo lo que se obtiene en la vida; mientras que el ‘ye’ es materia negra que se obtiene al hacer cosas malas y genera la retribución respectiva. Al estallar en un ataque de ira, uno le está entregando a la otra persona un ‘de’ proporcional al sufrimiento que le genera.

En el devenir de la vida siempre encontraremos muchas cosas irritantes. Pero si podemos girar nuestra mentalidad enojadiza a una más compasiva y desinteresada, entonces podremos convertir la ira en armonía y alcanzar un nivel de conciencia más alto. En la antigua China se ponía énfasis en practicar la tolerancia, porque una persona sabia no permite a la ira o al odio dominar su vida.

No se enoje con la persona que lo ha dañado, ya que quizás colaboró en templar su voluntad. Esté agradecido de la persona que lo ha recriminado, ya que le ha enseñado a resistir. El buen ánimo modifica el entorno y rompe las barreras entre la gente. Cuando uno sea capaz de enfrentar un insulto con una cálida sonrisa y responder con la voz y el corazón calmados, naturalmente emergerá la sabiduría.

Pensamientos sobre vivir sin enojo que seguramente te ayudarán
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Categorías: Cultura Legado divino

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