En la vida de una persona, aunque las cosas están predestinadas en gran parte en lo que respecta a su duración o si uno ha de ser rico o pobre, uno aún ha de ser recompensado con bondad si hace actos buenos y es bondadoso, y se topará con desastres si hace cosas malas.

Los acontecimientos específicos pueden cambiar en cualquier momento en función de la bondad o maldad del corazón. Cielo y Tierra, dioses y deidades pueden juzgar las cosas claramente sin la menor discrepancia.

Si el corazón de una persona siempre se centra en la bondad, esta persona acumulará virtud y buena fortuna. Incluso cuando se tope con situaciones de peligro, los dioses podrán transformarlas en bendiciones. En contraste, si se elige seguir cometiendo actos malos a voluntad, se plantarán semillas perversas; entonces aún si uno estaba destinado a tener buena fortuna, terminará sufriendo.

Esto es lo que conocemos como la ley natural de causa y efecto. A raíz de este principio, es el corazón de uno el que tiene la llave del destino de la totalidad de su ser. Un corazón bondadoso genera un futuro con bendiciones, mientras que un corazón perverso hilvana un destino perverso.

Hay muchas historias registradas que enseñan sobre este principio. Los siguientes son algunos casos del libro ‘Ejemplos de consecuencias en respuesta a los actos’.

Mellizos distancian sus destinos

En la dinastía Song (960 – 1279), había un par de hermanos mellizos llamados Gao Xiaobao y Gao Xiaoji, que parecían una sola persona en todo sentido: sus formas de hablar y de pensar, sus conductas e intelectos. A la edad de 16 años, ambos pasaron el examen para ser funcionarios del condado. Ambos se casaron más tarde en el mismo año. Después de casarse, sus padres les pidieron que usaran ropas de distinto color para que sus esposas no los confundieran.

Un día, los mellizos conocieron a un daoísta de nombre Chen Xiyi. Esta daoista leyó los rostros a los mellizos y luego dijo: “Ambos son bien parecidos, con una nariz recta y rígida, y tienen puntos rojos en sus labios. Vuestras orejas, puras con una hélice rosada, demuestran un buen comportamiento y postura. Además, tienen ojos radiantes. Así que ambos son grandes candidatos para los exámenes imperiales. ¡Y tendrán el mismo éxito en vuestros exámenes!”

Cuando llegó el otoño, los hermanos fueron a la capital para tomar los exámenes y se quedaron en la casa de un pariente. Una bella viuda vivía al lado. Gao Xiaobao se concentró en sus estudios y ni siquiera tomó nota de la viuda. Pero Gao Xiaoji no pudo controlarse y tuvo un romance con ella. Alguien se enteró y le contó al clan de la viuda. La viuda, por miedo y culpa, se suicidó arrojándose al río.

Después del examen, los dos hermanos fueron a visitar al daoísta de nuevo. Cuando el daoísta los vio, se perturbó un poco. “Ya hay grandes cambios en vuestras apariencias. Una mejoró, mientras que la otra empeoró. Xiaobao muestra un resplandor púrpura en sus cejas, y sus ojos brillan como estrellas. Él definitivamente pasará el examen con la mejor nota. El rostro de Xiaoji también han cambiado: sus ojos están hinchados y su nariz es roja y negra; se ve que su espíritu está marchito, se está desvaneciendo. Este cambio tiene que haber resultado del deterioro de su moral. No solo no pasará el examen, sino que muestra signos de una muerte temprana”. Después de la publicación de los resultados, Gao Xiaoji realmente falló y más tarde murió de depresión.

Gao Xiaobao se convirtió en un oficial de alto rango y un hombre reconocido. Sus hijos y nietos también salieron capaces y talentosos. Cuando estaba celebrando su cumpleaños número setenta, el daoísta apareció y, tras felicitarlo, dijo: “Es fácil leer el rostro de la gente común, pero no es fácil decir con precisión cómo terminará esa persona; porque el destino lo decide el Cielo, mientras que la apariencia es decidida por los actos de uno mismo. Si uno puede seguir los principios celestiales y mantiene su moral en la sociedad humana, entonces uno definitivamente disfrutará de prosperidad. El Cielo es justo y desinteresado, por eso la fortuna de uno puede declinar con la mala conducta, y a su vez los pecados se pueden expiar con actos buenos. Lo que ocurre en el corazón de una persona se puede ver en su rostro; nada puede escapar de los ojos de otros. Por eso decimos que no hay puerta a la buena fortuna o la mala fortuna, ya que todo se da según la conducta de uno mismo”.

Cómo perdió Ding Shi el primer puesto

En la dinastía Qing, había un erudito llamado Ding Shi. Era sagaz y muy talentoso, con una personalidad muy directa. A menudo recibía críticas de su padre por apostar, pero nunca lo escuchó ni intentó emendar esta conducta. En un momento dado, su padre se enojó con él por esto y lo echó de la casa. Entonces Ding Shi viajó a la capital y, a través de varios métodos, logró entrar a la universidad imperial.

Un día, Ding Shi pasó caminando por el templo Xiangguo, donde un adivinador lo sorprendió al decirle: “¡Luces muy bien! He leído el rostro a muchas personas y puedo ver que en ti hay cosas muy buenas”. Después, el adivinador le preguntó su nombre y, luego de escucharlo, escribió una frase y la colgó en la pared: “Ding Shi será el erudito Nº 1 este año”. Ding Shi se puso muy feliz y se hizo aun más arrogante; entonces empezó a apostar más. Cuando escuchó que había dos candidatos ricos de Sichuan, los invitó a apostar. Ding Shi se pasó todo el día ganándoles y terminó embolsando una suma enorme.

Unos días después, Ding Shi fue otra vez al templo Xiangguo. El adivinador se sorprendió de verlo y le preguntó: “¿Por qué luces tan mal? Así no tienes esperanza de pasar el examen, ni hablar de ser el Nº 1”. Mientras decía esto, quitó de la pared el papel que había escrito cuando lo vio aquel día y dijo con un suspiro: “Este nombre simplemente me está manchando. Esta vez me equivoqué”.

Ding Shi le preguntó por qué hizo eso. A lo que el adivinador respondió: “En la lectura del rostro, miramos la frente primero. Si el color es amarillo y radiante, es un signo de buenos augurios. Ahora tu frente luce seca y oscura. Debes haber tenido malos pensamientos y obtenido ganancias sucias. Has enfadado a los dioses en el Cielo”.

Asustado, Ding Shi le contó al adivinador lo que hizo y le cuestionó con desconcierto: “Solo nos divertíamos. ¿Qué es tan serio?”. El adivinador tomó en serio el asunto y le dijo: “No me digas que solo te estabas divirtiendo. Todas las cosas que involucran dinero son supervisadas por los dioses. Cuando alguien se hace rico por medios corruptos, naturalmente se atrae infortunios”.

Ding Shi se arrepintió de lo que hizo y preguntó ansioso: “¿Puedo devolver el dinero?”. El adivinador dijo: “Si quieres enmendar tus malos actos desde el fondo de tu corazón, los dioses del Cielo ciertamente lo sabrán. Si realmente puedes rectificarte y cambiar, aún puedes conseguir el sexto lugar en los exámenes”. Ding Shi se apresuró a devolver el dinero a los dos candidatos ricos y juró no volver a apostar.

Cuando se publicó la lista de los candidatos que aprobaron, una persona llamada Xu Duo estaba en primer lugar, y Ding Shi, en el sexto.

(Minghui.org)

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Categorías: Cultura Legado divino

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