Cierre los ojos y siéntese cómodo. Si le apetece, antes, prepárese un té. Afine su oído. Pulse “play”. Si ha escogido una buena melodía, notará cómo las notas del erhu (léase “erju”) empiezan a envolverlo de una forma arrobadora.

Por la facilidad con que este instrumento deleita el corazón y transporta la mente, casi parece mentira que solo se valga de dos cuerdas y una pequeña caja de resonancia para lograr tal efecto. Así y todo, algunos dicen que bajo manos hábiles, del erhu llegan a surgir todo tipo de sonidos propios de la naturaleza: el canto de los pájaros, el relincho de los caballos, una suave garúa o el rugir del viento en las tormentas de verano. También hay quien afirma que es capaz de imitar con facilidad el llanto humano, los suspiros y hasta una charla íntima.

El prodigioso erhu, considerado por muchos como el “ancestro chino” del violín actual, es el instrumento más conocido de los pertenecientes a una familia de aproximadamente 30 instrumentos de cuerda frotada conocidos por el nombre de“Huqin”.

Los instrumentos Huqin tienen una historia aproximada de mil años. Se estipula que descienden de un instrumento similar a un laúd de dos cuerdas conocido como xiqin, utilizado por los nómades Xi, que habitaban la planicie central de China en aquellos tiempos. Como las minorías étnicas eran llamadas por el nombre de “Hu”, todos los descendientes del xiqin recibieron el nombre de huqin, que literalmente significa “instrumento bárbaro” o “instrumento extranjero”.

Se dice que estos huqin no surgen de la creatividad humana, sino que son instrumentos utilizados en los Cielos y legados por los dioses a la cultura “divina” china. En las milenarias grutas de Yulin, de las cuevas de Dunhuang, se pueden ver imágenes de feitian (seres femeninos celestiales voladores) con huqin.

Con relativamente pocas piezas y una disposición simple, el erhu es uno de los instrumentos más magníficos que existen. A diferencia del violín occidental, que posee cuatro cuerdas, el erhu se vale de solo dos. Por ello, tanto aficionados como músicos profesionales quedan asombrados del abanico de sonidos que los maestros de este “huqin” hacen brotar en la atmósfera de los auditorios.

Haciendo vibrar el alma

Quien lo ha escuchado seguramente asentirá que el sonido del erhu es como un lenguaje que llega a los oídos y va directo al alma, desde la cual se lo sabe interpretar: basta con escucharlo para adentrarse en un mundo o una historia de profunda belleza, tristeza, dolor o felicidad. Los sonidos se concentran en los tonos altos y están cerca de la voz humana; la expresión emocional es muy intensa y capaz de conmover fácilmente a los oyentes. A veces, el sonido es delicado como la seda y permanece en la mente durante mucho tiempo.

Las actuaciones del erhu penetran entonces las almas de la audiencia, dando a luz un manantial de emociones.  Una vez que el raudal de sentimientos se desborda, la tristeza y la nostalgia de la vida de uno mismo y de sus antepasados ​​se entremezclan, dando a las cuerdas un poder de expresión cargado de historia, aun de vidas anteriores. En este aspecto, los oyentes chinos y no chinos se ven afectados por igual.

Lo verdaderamente emotivo del erhu no radica solo en las técnicas, sino en el significado interno. Esto es igual para toda la música, sea oriental u occidental; el músico debe poner su corazón y la pureza de su alma en su expresión musical.  Y para ello, el erhu es un intérprete especial.

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Un poco de historia

La historia del erhu está profundamente entrelazada en la cultura china, especialmente a partir de la dinastía Song (entre los años 960 y 1279), cuando este tipo de Huqin llegó al estándar de desempeño y se lo empezó a utilizar frecuentemente en actividades populares y fiestas en los palacios. Hasta entonces generaba el sonido simplemente con dos pedazos de bambú rozando las cuerdas.

En las dinastías Jin (1115–1234) y  Yuan (1279-1368), los huqin aumentaron su protagonismo y se hicieron presentes en las ceremonias de culto y en las guerras. Marco Polo mismo registró en 1278 cómo los soldados mongoles cantaban y tocaban un tipo de violín de dos cuerdas cuando formaban filas al alistarse para pelear. Con el desarrollo de óperas locales en las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1912), los huqin se convirtieron en instrumentos importantes para acompañar las canciones populares y la ópera china.

Fue en los siglos XIII y XIV cuando el instrumento adquirió una forma semejante a la del erhu de hoy: ya tenía una cabeza tallada de dragón en el tope y un cuello curvado. Con el tiempo, el pueblo chino fue haciendo del erhu su instrumento chino por excelencia.

Más tarde, con la transmisión de la música occidental, surgió el problema de cómo conjugarla con la música china y cómo sopesar el gozo personal con el entretenimiento masivo.  Así, en el proceso de lidiar con estos asuntos, en 1927 ocurrió una “revolución” del erhu, en la que el instrumento absorbió las notas de la música occidental y la técnica del violín. Acompañando este cambio se crearon varias obras solistas de erhu, con lo que se elevó al erhu a un instrumento especial para actos unipersonales.

Arquitectura del erhu

Foto: Shen Yun Performing Arts
Foto: Shen Yun Performing Arts

Al ver un erhu por primera vez, muchos se sorprenden de cómo un sonido tan cargado de sensaciones puede surgir de tan simple aparato.

En la antigüedad, el erhu consistía en un par de trozos de bambú y un par de cuerdas para frotar. Naturalmente, esta disposición tan elemental fue evolucionando a través del tiempo, y sin embargo se puede encontrar en el erhu moderno el mismo espíritu de simpleza que hace un milenio.

Hoy, el erhu convencional consta de una caja de resonancia, un puente, un arco y dos cuerdas como elementos básicos. Otros detalles, como las clavijas de afinamiento y una pequeña almohadilla entre las cuerdas, van adicionando calidad al sonido.

Pero entre las muchas particularidades del instrumento, seguramente la más llamativa sea el uso de piel de pitón para forrar el lado frontal de la caja de resonancia. Esta extravagancia no es una característica menor y no pertenece al orden de los detalles estéticos. El sonido tan especial que ofrece el erhu depende fundamentalmente de la vibración de este cuero animal. Hoy en día, la caza de serpientes para confeccionar erhus se encuentra prohibida y la obtención de la piel debe realizarse mediante pitones criadas en granjas certificadas para tal fin, o simplemente con cuero sintético símil.

La piel de pitón vibra sobre la caja de resonancia del aparato, que es más pequeña que la de un violín. Esta se ubica en la parte inferior y puede adoptar forma redonda, octogonal o hexagonal (la más común). En su parte posterior, una abertura en forma de pequeña ventana da mejor calidad de sonido y suma a la decoración.

Las cuerdas se disponen paralelamente a un largo cuello de madera dura, que da a la pieza una altura típica de 81 cm. En el extremo inferior, el cuello penetra en la caja de resonancia. En el extremo superior, se curva para dar lugar a la “cabeza de cuello”, que puede ser una simple continuación del mismo o estar coronada por un adorno representativo, tal como una cabeza de dragón tallada en madera.

Como en cualquier instrumento de cuerda, un par de clavijas regulan la tensión de las mismas. Las clavijas del erhu suelen ser de madera dura, al igual que la caja, y están insertas en el extremo superior del cuello. Estas clavijas suelen estar reguladas para hacer sonar las cuerdas en la notas Re4 (cuerda interna) y La4 (cuerda externa).

El sonido mágico se produce cuando la cuerda del arco frota las cuerdas del cuello. El cuerpo del arco, del mismo largo que el cuello del erhu, suele fabricarse en bambú, y las mejores cuerdas de arco son de pelo de caballo, preferentemente de color blanco. La conjunción de estos materiales hace que el frotamiento de cuerdas no necesite de gran fuerza, por lo que el sonido esta dotado de una suavidad y tranquilidad características; algunos comparan tal sonoridad con la de una voz melodiosa cantando.

Otra característica del arco es que su cuerda pasa entre las cuerdas del cuello, por lo que no es un elemento que pueda verse por separado, como en los violines occidentales. El arco, por ende, frota a una de las cuerdas por fuera y a la otra por dentro.

En el pasado, las cuerdas del cuello solían ser fabricadas con seda, pero en la actualidad ya casi han sido reemplazadas completamente por las de metal, que tienen mayor vida útil. Algunos erhuistas aún prefieren el sonido de la seda, que ha sido descripto como más “tímido”.

Hoy, la fabricación del erhu pasó de ser un producto de manufactura nacional concentrado actualmente en fábricas de solo tres ciudades de China: Beijing, Shanghai y Suzhou. Taiwán también los fabrica en cantidad. No obstante, los grandes maestros saben reconocer que, al igual que sucede con muchos otros instrumentos de música occidental, los mejores erhu son fabricados artesanalmente por un luthier, que utiliza piezas de madera especial, como palo de rosa, o muchas veces aquella obtenida de un mueble viejo.

Categorías: Legado divino

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