Un oasis en el medio de la Ruta de la Seda guarda un tesoro único: una ventana a los Cielos.

Dunhuang es una ciudad oasis rodeada de desiertos al sur, mesetas al norte y cadenas montañosas al este y al oeste. Durante siglos representó una parada bendita en la conocida Ruta de la Seda, no solo por ofrecer a los viajeros un lugar para dormir y alimentarse, sino también un lugar especial para encontrarse con lo divino cara a cara.

Las Cuevas de Mogao están ubicadas a 24 km de Dunhuang y albergan la mayor colección de pinturas y esculturas budistas del mundo. En ellas se pueden encontrar impresionantes obras de arte creadas a lo largo de diferentes dinastías, por lo que se puede observar en ellas los distintos estilos que caracterizaron a cada época.

El término ‘Mogao’ significa “insuperable”. Las cuevas también son conocidas como las “grutas de Dunhuang” y las “cuevas de los mil fo”. ‘Fo’ es el término chino para la palabra ‘Buda’ y significa “ser iluminado”. Estas cuevas comenzaron a formarse muchos años antes de Cristo, y la historia de su origen es tan prodigiosa como las cuevas mismas.

Según la tradición, un monje budista llamado Le Zun peregrinaba hacia el Paraíso Occidental. Mientras atravesaba el Desierto de Gobi, se detuvo en la Montaña Sanwei, cerca de Dunhuang, para descansar. Mientras admiraba el atardecer, observó que las montañas emitían un brillo especial. Al alzar la mirada, pudo ver a un Fo Mile (también conocido como Buda Maitreya) dorado. Luego aparecieron mil fo, también radiantes, seguidos de ‘feitian’ que tocaban una música celestial. Feitian son seres celestiales con imagen femenina que pueden volar.

Conmovido por lo que estaba viendo, Le Zun decidió conmemorar en el lugar a los seres divinos que le estaban ofreciendo tan magnífica escena, y con la intención de plasmar lo más fielmente posible su visión, se concentró en transmitir lo sagrado del momento a través del arte.

Años más tarde, otro monje budista llamado Fa Liang llegó al mismo lugar y pudo ver la misma escena. Fa Liang tuvo la misma determinación y decidió llenar otra cueva con pinturas y estatuas que reproducían lo que había visto.

La voz corrió rápidamente, y Mogao se convirtió en un sitio de peregrinaje para cultivadores budistas, artistas y el público en general. Con el correr de los siglos, se cavaron más de quinientas cuevas en la Montaña Sanwei, que albergan más de dos mil esculturas coloreadas y más de 45 mil metros cuadrados de frescos que retratan desde escenas de paraísos celestiales hasta escenas de castigos en el infierno, desde escenas de caza hasta distintos emperadores presentando ofrendas a los fo. Las cuevas y las obras de arte que éstas albergan fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Para los antiguos chinos, las imágenes de las cuevas representaban un prodigio únicamente posible gracias a la fe recta en los seres divinos, ya que consideraban que las deidades solo se muestran ante los verdaderos creyentes. Los increíbles detalles de las escenas descritas en las pinturas y esculturas dejan ver que se trata de descripciones precisas. Así, las cuevas de Dunhuang son una ventana a los verdaderos reinos celestiales.

Distintas dinastías, distintos estilos

Entre los miles de murales que llenan las cuevas de Dunhuang, se pueden observar estilos artísticos de distintas épocas, desde el Reino de Wei (uno de los Tres Reinos de entre los años 220-265) y la Dinastía Jin (265-420), hasta la larga historia de desarrollo, cúspide y caída de la Dinastía Tang, además de las Cinco Dinastías, la Dinastía Xia del Oeste y las Dinastías Song posteriores. En resumen, una miríada de estilos artísticos saltan a la vista en cuanto se ingresa a las cuevas.

Cada periodo de la historia china tiene su estilo artístico particular, una peculiaridad que no se da en ninguna otra cultura del mundo. Cada vez que cambiaba una dinastía, cambiaba la cultura, incluyendo la moda, la música, la comida, la poesía y, por supuesto, la pintura. Las diferencias entre los seres iluminados retratados en estos murales reflejan estos cambios de dinastías. Observando las imágenes, se puede recorrer varios siglos de vestimenta, costumbres y estilos artísticos de China.

Seres divinos retratados en las cuevas

Gran parte de las imágenes de las cuevas de Mogao fueron pintadas por cultivadores y devotos de la religión budista, por lo que en ellas se pueden apreciar diversos seres divinos que suelen aparecer en la tradición budista.

Miles de feitian, guardianes celestiales, pu-sa y fo se despliegan ante los ojos. Los fo enseñan su Fa (Ley de los seres iluminados), mientras las feitian esparcen flores entre los devotos o cantan y bailan para celebrar la enseñanza del Fa, y los guardianes celestiales salvaguardan los principios con sus armas celestiales.

Las pu-sa

Las pu-sa son seres divinos con imagen femenina. Entre los retratos de las cuevas de Dunhuang, la postura y la expresión facial de las pu-sa están entre las más llamativas. Cada uno de estos tipos de pinturas tiene una variedad diferente de pu-sa; en algunas cuevas, las paredes están llenas de pequeñas pu-sa, mientras que otras cuevas tienen enormes retratos de una sola pu-sa. Hay más de mil pinturas basadas en escrituras o sabiduría tradicional, y solamente en las pinturas basadas en escrituras hay más de diez mil imágenes de pu-sa, lo que las convierte en la mayor colección de estas imágenes en el mundo.

“Pu-sa” es el término chino que traduce la palabra sánscrita “boddhisattva”. “Boddhi” se traduce en chino como “iluminación”, y “sattva” significa “todos los seres concientes”, por lo que el significado del nombre completo se puede traducir como “la iluminación de todos los seres concientes”. También se ha interpretado a “pu-sa” como “ser liberado”, “ser superior”, “ser sagrado” y “sometido al Fa (la Ley de los seres iluminados)”, y es común que a las distintas pu-sa se las diferencie con alguna de estas características. Por ejemplo, a la Pu-sa Guanyin se la llama “Guanyin, el ser superior”. Y a la Pu-sa Puxian se la conoce como “Puxian, el ser sagrado”. “Pu-sa” podría considerarse un ‘título’ que comparten muchos seres iluminados de nivel y características similares.

Entre las pu-sa se pueden encontrar ‘Grandes Pu-sa’. Las Grandes Pu-Sa tienen un reino espiritual más alto que las pu-sa, ya que se han cultivado e iluminado a un nivel apenas inferior o igual al de los fo. Generalmente están a un lado del fo, asistiéndolo a difundir su Fa (ley de los seres iluminados) y a salvar seres conscientes. Las más retratadas en las pinturas de Dunhuang son las “Ocho Grandes Pu-sa”. En las pinturas del Fo Sakya Muni también hay Pu-sa a su lado, como Wenshu y Puxian. Asistiendo al Fo Amituo están las pu-sa Guanyin y Dashizhi. Junto al Fo Maestro de Medicina están las pu-sa Luz de Luna y Luz de Sol, además de las pu-sa Dicang y Mile. Todas estas son pu-sa muy reconocidas en la tradición budista.

Al pertenecer a un nivel similar, los retratos de las Grandes Pu-sa y los fo son muy parecidos; tienen los mismos principios y las mismas señales de mano. A su vez, cada pu-sa tiene sus propias características e “instrumentos del Fa” que las ayudan a completar sus misiones. Por ejemplo, la Pu-sa Guanyin sostiene un jarrón en su mano y una rama de sauce que utiliza para transformar a cultivadores en fo. La Pu-sa Dashizhi sostiene una flor de loto, el tesoro del Cielo. La Pu-sa Wenshu sostiene una espada preciosa en su mano, y la acompaña un león verde. En las manos de la Pu-sa Puxian pueden encontrarse pergaminos budistas o un cetro, y a su lado tiene seis estatuas de marfil. La Pu-sa Dicang sostiene un bastón con una perla preciosa, viste una kasaya y tiene puesta una tiara.

Otras pu-sa de menor nivel están pintadas debajo de un fo sentado o de una Gran Pu-sa, o al costado de los discípulos de Fo. Hacen una variedad de actividades: algunas están paradas, sentadas o arrodilladas, mientras que otras tocan música, bailan, esparcen flores, queman incienso, encienden lámparas, hacen reverencias, sostienen escrituras, escuchan el Fa que enseña el fo, contemplan o meditan. Son diferentes a las Grandes Pu-sa, cuyos gestos de manos están definidos; los artistas las han retratado en una variedad de acciones y pensamientos, y siempre son más numerosas que las Grandes Pu-sa.

Las distintas pu-sa llenan las múltiples cuevas y conmueven por su porte solemne y digno, así como su expresión benevolente y grácil. Su imagen es similar a la de los seres humanos, y generalmente están vestidas al estilo tradicional chino, desplegando todo tipo de colores y adornos.

Las feitian

En los famosos frescos de Dunhuang hay miles de bellezas voladoras que reciben el nombre de “feitian” (fei: volar; tian: cielo). A estos seres celestiales se los identifica generalmente como los ángeles de Oriente, y generalmente aparecen en las imágenes budistas esparciendo flores, tocando música o danzando para los fo y las pu-sa.

Al igual que con el resto de las figuras en las cuevas, las feitian aparecen vestidas y adornadas según los diferentes estilos de varias dinastías, pero siempre con mucha gracia y una expresión tranquila. Algunas están semidesnudas, algunas llevan mangas largas y amplias túnicas. Algunas vuelan solas, y algunas lo hacen en grupo; algunas vuelan hacia arriba y otras, hacia abajo. Se caracterizan por poder volar sin alas ni plumas; simplemente flotan entre las nubes con sus faldas al viento y con largas cintas flameando a su compás.

La Dinastía Tang se considera el auge de la civilización china, y durante esta época, las figuras de feitian en las cuevas de Dunhuang también alcanzaron su punto máximo, desplegando un estilo único, cobrando vida con una técnica altamente realista, colorida y muy prolija.

Hay cuatro muros en las cuevas de la Dinastía Tang que muestran el punto de desarrollo que alcanzaron las artes en esa época. Allí, el fo explica su Fa, y las feitian vuelan en el Cielo; algunas se paran sobre las nubes y descienden lentamente. Otras muestran sus cabezas erguidas y los brazos haciendo gestos de alegría; algunas sostienen flores con ambas manos, y otras sostienen bandejas con flores. Las más llamativas son las que llevan faldas vaporosas y cintas revoloteando a su alrededor.

En la tradición budista, las feitian se consideran deidades del canto o la música. Además, tienen la característica de estar acompañadas siempre por una hermosa fragancia, por lo que también se las llama “deidades fragantes de dulce voz”.

El fo dormido

Foto: Kevin Walsh/Flickr.

Una de las cuevas más destacadas es la Nº 158, que se construyó durante la Dinastía Tang. Ya de por sí, su tamaño la destaca del resto: sus dimensiones máximas son 17,2 metros de ancho por 7,3 metros de profundidad, y es la única que tiene una orientación norte-sur. Allí se encuentra una escultura de arcilla de 15 metros de largo que representa a un fo acostado. La escena de la cueva refleja el momento en que el Fo Sakya Muni está por partir de este mundo, alcanzando la iluminación fundamental que en el Budismo original se llama ‘niepan’ o ‘nirvana’. El artista de la Dinastía Tang retrató al fo, que en ese momento tenía 80 años, recostado y apoyando la cabeza sobre su mano, con los ojos entreabiertos y una sonrisa serena. Se dice que en ese momento estaba enseñando a sus discípulos su último Fa.

En la pared sur de la cueva se puede ver a dos viejos discípulos de Sakya Muni. Uno de ellos escucha con suma atención, mientras que el otro aparece corriendo. Se dice que estaba cultivándose en una montaña cuando se enteró de que su maestro estaba por dejar este mundo, por lo que corrió lo más rápidamente que pudo para escuchar las últimas palabras de Sakya Muni.

En las paredes al este y oeste hay frescos que muestran pu-sa, luohan (un ser iluminado de nivel inferior al de la pu-sa) y príncipes de varios reinos. Las pu-sa muestran serenidad y tienen un aire de solemnidad en las caras, dado que están por presenciar un momento sagrado, el momento en el que un ser iluminado deja este mundo luego de cumplir su misión. Las pu-sa están escoltadas por imponentes figuras de ‘Guardianes Celestiales’, que tienen una actitud de protección y fortaleza.

Los luohan son seres iluminados de un nivel inferior, más próximos al nivel de los humanos, por lo que en sus rostros se ven algunas emociones contradictorias y cierta pena al ver partir al fo. En cuanto a los príncipes, estos demuestran todo tipo de expresiones de luto y consternación, incluso golpeándose el pecho con sus puños y golpeando el suelo con sus pies. Este tipo de reacciones demuestra la poca comprensión que tenían del verdadero significado del niepan de Sakya Muni, sintiendo pena porque ya no tendrían a Sakya Muni con ellos.

En el techo de la cueva se puede observar el paraíso celestial a donde se dirigirá Sakya Muni después de su iluminación. Allí lo espera una bienvenida digna de un ser iluminado que ha cumplido con su misión en el mundo. Una multitud de pu-sa se alinean para recibirlo con grandes honores, varios grupos de feitian tocan la flauta y danzan, y una variedad de fénix y otros tipos de hermosas y coloridas aves revolotean en medio de un fantástico paisaje en el que se destacan preciosos doseles.

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Categorías: Cultura Legado divino

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