Una puerta se abre, y el Emperador se pone de pie; la fiesta está a punto de comenzar. Nueve dragones, todos bordados en oro, serpentean sobre la túnica de seda amarilla, que va flameando con el andar del monarca. Cuando ingresa al salón, el silencio cae como un telón pesado. Cortesanos y familiares le reverencian por igual, pues nadie en toda China se atrevería a olvidar una tradición que ha marcado la cultura popular desde hace siglos: el Emperador, el dios dragón encarnado, se ha hecho presente.

Desde que la civilización china comenzó a dejar registros, la figura del dragón ha tenido un lugar preponderante en su simbología. A diferencia del dragón conocido en la mitología occidental (un reptil alado que exhala fuego), el dragón chino es una criatura sabia y poderosa, cuya presencia siempre fue sinónimo de buenos augurios.

Durante las evolución de las dinastías chinas, el dragón permaneció en el corazón del pueblo como símbolo indiscutible de su civilización, e incluso fue la imagen central en la bandera de la última dinastía, la Dinastía Qing, antes de que el partido comunista tomara la nación, encarcelara al emperador Pu Yi y aboliera para siempre las sucesiones dinásticas. Después de la revolución cultural, los líderes del partido intentaron eliminar, sin mucho éxito, al dragón chino como símbolo nacional, reemplazando su figura por la del panda gigante.

Aún hoy, muchos chinos mantienen la creencia de que este animal sagrado, vinculado con todos los emperadores de la historia, es el ancestro de toda la civilización. Por tal razón, desde tiempos antiguos los chinos se refirieron a sí mismos como los “hijos” o “herederos” del dragón, y lo utilizaron como tema favorito en pinturas, artesanías, decoraciones, caligrafía, cerámica y adornos de jade. En la China actual, el dragón aún es sinónimo de nobleza, de fortuna y de solemnidad.

El dragón chino y el dragón occidental

Aunque el vocablo “dragón” es utilizado indistintamente para referirse a seres mitológicos de Oriente y Occidente, es raro encontrar similitudes entre el dragón chino y el occidental. De hecho, ambos son animales completamente diferentes, asociados solo por el nombre occidental. En China, la denominación para el dragón chino y el dragón occidental es distinta, correspondiendo al primero el nombre 龍, pronunciado como “loong”; para quienes están mínimamente familiarizados con la escritura china, el pictograma mismo ya da una señal de magnificencia.

El loong y el dragón occidental no solo se diferencian en su anatomía, sino que su carácter y lo que representan en las diferentes culturas es casi antagónico.

La figura del dragón occidental corresponde a la de un reptil alado de gran tamaño, con cuello largo, alas de murciélago, cuernos triangulares, dientes filosos y una cola cuya punta recuerda a una flecha. Su aspecto es muy similar al de un dinosaurio jurásico, excepto que tiene la capacidad de volar y escupir fuego. Aunque con ciertas variaciones en la literatura, el dragón occidental siempre fue visto como la representación del mal, siendo mencionado incluso en textos cristianos como la manifestación de Lucifer.

Generalmente, los dragones occidentales son reconocidos por protagonizar historias donde son guardianes de tesoros o aterrorizan a las personas. En las mitologías griega, nórdica y germana, aquellos que mataban a un dragón se convertían automáticamente en héroes.

En el extremo opuesto, el loong transmite bondad y sabiduría. Su forma física recuerda a la de una gran serpiente, pero con características secundarias de otros animales: barba, ojos de langosta, cuernos de ciervo, hocico de buey, bigotes de bagre, melena de león, escamas de pez y garras de águila. La conjunción de estas características significa que el loong es el rey de los animales. Según las diferentes interpretaciones o subespecies, algunas características físicas pueden variar; como el número de dedos, que puede ir desde cinco (únicamente los emperadores podían usar un loong así como emblema) a cuatro, tres, dos o ninguno.

La historia del loong chino es tan antigua como la civilización que lo venera. Su simbolismo lo ha llevado a ser intérprete de cientos de historias en las que se lo emparenta con los emperadores. Entre sus virtudes se destacan la grandeza, el poderío, la bondad, la sabiduría, la pureza y la divinidad. También es representativo del carácter yang o masculino y posee una gran cantidad de poderes divinos.

Magia y poder

Al loong siempre se le han atribuido poderes fantásticos. Aunque no posee alas, puede volar y nadar, y tiene gran influencia sobre el clima.

A pesar de su gran tamaño físico, los loong aparecen solo esporádicamente y desparecen en un instante, escondiéndose en mares, ríos, nubes o montañas. Además, suelen moverse en otra dimensión espacial, fuera del campo visual de los humanos.

Avistamiento de un loong en el cielo del Tibet
Avistamiento de un loong en el cielo del Tíbet

Para los antiguos chinos, el loong es el ser divino responsable de fabricar las lluvias, llamar al viento, a las nubes o al sol. Su poder sobre todo aspecto hidrológico era innegable. Tenía dominio sobre mares, ríos y cascadas, en los que solía materializarse con distintas formas. Por eso, en épocas de sequía o inundación, era tradición llevar una ofrenda al templo del loong y pedirle que restaure las condiciones normales. Los avistamientos declarados durante el curso de la historia fueron siempre en momentos de lluvia o tormenta. Algunos de aquellos que creen en la existencia de este animal divino, presumen que durante su trabajo de generar las lluvias, a veces les ocurren accidentes con relámpagos que les causan heridas y hacen que caigan en esta dimensión.

Un loong en exhibición

En el Museo Zuiryuji de Osaka, Japón, sobre un soporte de acrílico especial, descansa una pieza arqueológica que es la delicia de todo visitante extranjero. Laqueado en color oro, un pequeño loong yace embalsamado a través de los siglos.

Según la crónica, este loong habría sido adquirido hace 370 años por un comerciante japonés a través de un contacto en China. Lo exportó a Japón y más tarde fue comprado por el samurái Bandai Fuji, un famoso coleccionista de la época. Después de su muerte, Fuji donó el dragón al Museo Zuiryuji, donde hoy puede ser apreciado por miles de personas al año.

De un metro de longitud, el loong de Zuiryuji presenta el típico aspecto de un dragón chino: cuerpo de serpiente, escamas de pescado, cuernos con dos ramas como los del ciervo, barba y grandes ojos. También posee tres garras (las dos traseras, más cortas), por lo que se deduce que debía ser un dragón de agua. Según su tamaño, los japoneses, que no dudan de la autenticidad de la pieza, dicen que se trata, probablemente, de un loong bebé.

A pesar de la poca popularidad de la que gozan muchas leyendas antiguas, la existencia real de los loong ha sido un tema de discusión reiterada en China a lo largo de la historia. Los documentos oficiales avalan decenas de avistamientos e incluso contacto cercano con estos seres.

Probablemente, unos de los registros más lejanos sobre la aparición de loong sean los de la “Prefectura de Yongping”, en la Dinastía Qing. Según los registros, durante el verano de 1839 a. C., un loong cayó al río del Condado de Leting. Tenía moscas por todo el cuerpo y la población erigió un techo de esteras para protegerlo del sol; constantemente salpicaban agua sobre su cuerpo para que su piel no se secara y muriera. Tres días más tarde, durante una fuerte tormenta, el loong desapareció sin dejar rastro.

En 1162 a. C., durante la Dinastía Song del Sur, detalla un registro que otro loong fue hallado herido en el orilla del Lago Taibai. Tenía escamas, barba, un par de cuernos y aletas en la espalda. La parte de arriba era gris y su vientre, blanco. El olor del animal podía sentirse a kilómetros de distancia. La población local lo cubrió con un techo de esteras, y los funcionarios se hicieron presentes para realizar una ceremonia. Después de una noche de tormenta, el loong despareció misteriosamente, dejando como única evidencia de su caída un profundo surco en el suelo.

Según el “Registro Tang”, en el año 874 a. C., un loong gris cayó en el Condado de Tong. Tenía alrededor de 30 metros de largo, incluyendo una cola plana que era tan larga como la mitad del cuerpo. Su boca medía unos seis metros de longitud. También tenía cuernos, escamas de pez y patas ubicadas debajo del estómago, cubiertas por una especie de membrana roja. Debido a una herida en su garganta, el loong murió de forma inmediata.

Está registrado que en abril del 345 a. C., dos loong, uno blanco y uno negro, fueron avistados mientras jugaban en la zona de Longshan. El Rey Yan llevó a toda su corte a una distancia de 200 pasos de donde se hallaban los loong y realizó una ceremonia de reverencia. Tras considerar la aparición de los loong como una señal celestial de buena fortuna, ordenó de inmediato una gran amnistía, una medida que no se solía tomar sin tener una razón de mucho peso.

De acuerdo con una leyenda, durante la Dinastía Han del Este, 219 a. C., se erigió un templo en Wuyang después de que un dragón amarillo apareciera y se quedara en la ciudad por el espacio de nueve días.

Avistamientos más recientes

Representación gráfica del mítico loong

Pero no todo queda en antiguos registros. Aunque la aparición de dragones era un asunto que se daba más frecuente en la antigüedad, muchos testigos modernos dicen haber visto y hasta fotografiado a estos esquivos seres.

En agosto de 1944, el pueblo entero del condado de Fuyu, a lo largo del río Songhua, se reunió en la playa para ver a un dragón negro que fenecía. Yen Dianyuan, un testigo que aún vive, contó que aquel dragón tenía alrededor de siete metros de largo y un diámetro de tres. Parecía una víbora con 4 patas, con escamas de cocodrilo y siete u ocho barbas gruesas y duras; su cara era igual a la de los loong que aparecen en los grabados.

En el verano de 1934, el diario local “Sheng Jing” reportó sobre la caída de un loong en la región de Yingkou. Estaba débil y se retorcía de dolor en el suelo. No podía abrir sus ojos, su cola estaba doblada, y su cuerpo empezó de secarse y descomponerse. Después de veinte días, el cadáver apareció en la boca del Río Liaohe, emitiendo un fuerte olor. Bajo su vientre se veían cuatro garras, y en el lugar donde cayó quedó un pozo de 17,18 metros de largo por 7,8 metros de ancho. El evento causó gran sensación y la gente habló mucho tiempo sobre el asunto.

El 4 de agosto de 2000, inmediatamente después de una fuerte lluvia, el pueblo Hei Shan (Montaña Negra) en la Provincia de Shandong se vio envuelto en una niebla espesa. Nubes negras llenaron el cielo de una forma en que la gente nunca había visto. Un joven lugareño que había salido para observar este peculiar fenómeno se topó con dos loong iguales a los de las pinturas, uno blanco y uno negro. Se lanzó a correr despavorido mientras alertaba al pueblo y, en poco tiempo, toda la gente, incluidos funcionarios y policías, se hicieron presentes. La policía intentó controlar a la multitud hasta que el loong blanco se levantó y emprendió vuelo. Un campesino de más de 70 años que recordaba casos anteriores dirigió a un grupo de jóvenes en la tarea de mantener mojado al loong que había quedado en el suelo. Erigieron un pequeño techo de estera sobre el animal y se lo roció constantemente con una manguera, de modo que el agua goteaba entre las grietas del tejido sobre su cuerpo. A fines de agosto de ese año, como si se hubiera bloqueado la información, no pudo saberse nada más del caso.

El 18 de septiembre de 2000, alrededor de las 18 horas, otro misterioso caso tuvo lugar en la ciudad de Fusong, provincia de Jilin. Al pie de la montaña, en el comienzo del ocaso, los pobladores del noroeste de la ciudad dijeron haber visto una luz extraña en el cielo, que cambiaba de color paulatinamente. Poco después, un gran loong apareció acercándose, hasta el punto en que la gente pudo apreciar con detalle su boca y sus garras. Durante el espectáculo, que duró unos veinte minutos, el dragón a veces flotaba y a veces permanecía inmóvil. En un momento determinado, la luz poco a poco se volvió de color rojo oscuro, y el dragón se desvaneció gradualmente.

En el horóscopo chino, el loong es el único de los doce animales que no convive a simple vista con los humanos. Pero igualmente se lo solía considerar tan real como los otros once; y no son pocos los que creen que vive en dimensiones alternas. Por eso aparecen fugazmente y desaparecen sin dejar huellas.

Hoy en día, la gente es más propensa a considerar que no existe lo que no ve y a dudar de las señales del Cielo antes que evocar las historias antiguas. Como consecuencia, el dragón fue poco a poco ganando fama de animal “mítico”. Sin embargo, grabados ancestrales, no solo en China, sino de los nativos en Sudamérica daban cuenta de una “serpiente emplumada” que pertenecía al orden de las deidades. Además, la imagen del loong no es un producto de leyendas exageradas acerca de grandes cocodrilos, sino que ya era representada en pinturas y esculturas tan antiguas como la civilización que surgió a orillas del Río Amarillo.

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Categorías: Cultura Legado divino

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