Para muchos, los avances científicos y tecnológicos significan un progreso para la humanidad; sin embargo, el progreso de la ciencia ha dañado a la humanidad y a su entorno en muchos aspectos. Esto hace replantear en dónde yace el verdadero progreso del ser humano y, al mismo tiempo, preguntarse si el ser humano es apto para lidiar con el rumbo que ha tomado el desarrollo científico actual.

Tal vez, el tipo de ciencia que prevalece hoy simplemente no es apto para los humanos. ¿Porque? En la antigüedad, la sociedad humana consideraba los valores morales como un aspecto principal de la vida, pero hoy, en la cultura moderna, la ciencia y la tecnología han remplazado a la cultura tradicional.

Cuando, en algún momento en la historia, el conocimiento científico se constituyó en la norma moral, la gente empezó a creer en la ciencia en vez de los dioses, como un tipo de religión que esgrime la palabra final respecto de lo que es bueno y lo que es malo en la sociedad. Pero la cultura tradicional contiene precisamente, entrelazadas, las enseñanzas de cómo ser un humano y de cuál es el sentido de la vida.

Sin esta base como guía, la ciencia, convertida en timón del desarrollo humano, navega por sí sola al viento de los intereses egoístas, buscando saciar los deseos ilimitados del hombre. Los nuevos estándares hacen que un hombre o una sociedad puedan hacer incluso cosas terribles sin darse cuenta, y así cada persona y cada Estado se van hundiendo en errores, pecados y crímenes. De esta manera, se nutre el ciclo de la desaparición de los valores morales.

Pero hay esperanza. Aunque el hombre ya ha olvidado por qué ha venido al mundo, y la búsqueda de más y más gozo sensorial y material se han erigido como el propósito de la vida, el hombre no ha dejado de buscar. ¿Dónde nace esta búsqueda? Es la naturaleza divina dentro de cada persona, que no puede ser aniquilada, porque se encuentra en la profundidad más, más microscópica del hombre. El hombre nace en cada reencarnación con esta naturaleza que es impermeable al paso de la historia; y esta naturaleza divina, enterrada bajo el barro de conceptos, nociones, apegos y deudas por las maldades cometidas, es la que hace que el hombre siga buscando.

El fin de la cultura auténtica

Desde el principio de la historia, los chinos creían que todas las ideas, la rica cultura y las normas para el comportamiento humano fueron impartidas por los dioses a los seres humanos para que, especialmente en la última fase, los seres humanos pudieran usarlas para distinguir lo bueno de lo malo y, como decían los antiguos cultivadores del Dao, “retornar al origen y a la verdad”. Por eso, a la cultura china se la consideraba una cultura “semi divina”.

En particular, las enseñanzas del confucianismo, el budismo y el daoísmo han forjado el corazón de este patrimonio que había sido guardado para el mundo.

La sabiduría daoísta de unidad entre el Cielo y la humanidad corre por las venas de la cultura tradicional china desde sus mismos inicios: “El hombre sigue a la Tierra, la Tierra sigue al Cielo, el Cielo sigue al Dao, y el Dao sigue lo que es Natural”.

El pensamiento confuciano data de hace dos mil años, cuando Confucio fundó una escuela para enseñar a la sociedad su pensamiento, representado en las cinco virtudes cardinales de benevolencia, rectitud, decoro, sabiduría y lealtad.

En el siglo I, el budismo de Sakya Muni arribó a China con la bandera de la misericordia y la salvación de todos los seres. Entonces, la cultura china se amplió y se profundizó. Así, el confucianismo, el daoísmo y el budismo se convirtieron en credos complementarios en la sociedad china.

Aunque el pueblo chino ha sufrido numerosas invasiones y ataques a lo largo de su historia, su cultura tradicional siempre manifestó una gran resistencia y perduró intacta hasta los comienzos del siglo XX, traspasando su esencia a través de las generaciones.

La unidad del Cielo y la humanidad representa la cosmogonía, no solo para los antiguos chinos, sino también para los ancestros de las culturas del resto del mundo. Y el entendimiento profundamente arraigado en la cultura antigua china y en las grandes religiones ortodoxas de que “lo bueno es recompensado y lo malo es castigado” es la virtud elemental de no hacerle a otro lo que uno no quiere que le hagan.

Lealtad, devoción filial, dignidad e ‘Yi’, virtudes clásicas explicadas profundamente a través de abundantes sucesos históricos y personajes registrados a lo largo de la historia china, son también los parámetros sociales universales dispuestos para el hombre en este mundo; y en consonancia con las cinco virtudes cardinales de Confucio –benevolencia, rectitud, decoro, sabiduría y lealtad– constituyen la piedra basal para la moral personal y social de la humanidad.

Desde hace unas décadas, la búsqueda espiritual de las personas produjo una apertura de Occidente al pensamiento oriental. De haberse mantenido el hilo de cinco mil años de la cultura tradicional china, estaríamos hablando quizás de un mundo espiritualmente renovado e iluminado, con mucha gente capaz de reconocer el Dao y de posicionarse del lado del bien en la gran prueba moral que se plantea en la etapa final de este ciclo de civilización humana.

Pero cuando el Partido Comunista Chino tomó el control de China hace más de sesenta años, con sus raíces ateas, trató de minar esos valores y creencias. Tuvo que destruirlos sistemáticamente para poder imponer la doctrina comunista en un pueblo que desde el principio había estado ligado a la fe en lo divino. Cinco mil años de cultura china habían creado la base para toda la manera de pensar y el comportamiento recto de los seres humanos. Por eso, al Partido Comunista, para lograr tomar el poder y luego sobrevivir en él, le fue imprescindible eliminar la cultura tradicional; en su lugar, impuso su propia “cultura partidaria”.

Así, dogmas como “luchar contra el Cielo y la Tierra” y “la lucha contra el ser humano es fuente de dicha” aplastaron a las tradiciones de “Aspira al Dao, alinéate con la virtud, guíate por la benevolencia y sumérgete en las artes” y enseñanzas como la de Confucio: “La vida y la muerte están predestinadas, y la riqueza y la posición social las determina el Cielo”. Numerosas campañas se destinaron a destruir los sitios culturales y religiosos, obligando a los chinos a adoptar la filosofía de lucha y la bandera rojo-sangre.

La más larga y sangrienta de estas campañas fue la revolución cultural, que duró diez años y costó la muerte no natural de más de 80 millones de personas. En este periodo, tanta violencia y tragedias dejaron a una generación entera sin educación, sólo capaz de aprender de lo único que pudo atestiguar durante todo ese tiempo: alumnos golpeando a maestros, hijos castigando a padres, premios para los más violentos y castigo sangriento y ejecuciones para los intelectuales, los benevolentes y los firmes en sus valores.

Contrariamente a la ley, que dicta reglas rígidas, la cultura actúa como un limitador moderado. La ley impone un castigo después de que se comete un crimen; en cambio, la cultura, al alimentar la moral, impide que el crimen suceda. Los valores morales de una sociedad suelen reflejarse en su cultura. Es un hecho que la espiritualidad milenaria de la antigua China ha quedado enterrada, y junto con ella la sabiduría y los valores que armonizan a la familia y a la sociedad. Cuando un régimen borra el legado de una cultura tan grande, forjada por miles de años, como ocurrió en China, es algo temible, algo que impone el caos espiritual y mental y que puede desembocar en el fin de una civilización.

Recuperar la herencia perdida

Entonces, ¿cuál es el resultado de la desaparición de la cultura y las tradiciones? Si ello dura más de una generación en el tiempo, la gente ya no puede reconocer qué es recto y qué es perverso. Cuando colapsa la moral, el hombre no puede cumplir el estándar para ser humano, y cambia su visión del mundo, las formas de pensar y su conducta. Entonces, a la gente se le dificulta identificar la existencia de un aspecto espiritual en el ser humano.

Las personas de viejas generaciones que fueron educadas y moldeadas por la cultura tradicional tal vez puedan distinguir lo bueno de lo malo en un nivel básico. Pero la mayoría de los jóvenes de las nuevas generaciones, moldeados por las ideas modernas, piensan equivocadamente que el estado caótico de las relaciones personales, de los sistemas de valores y de las relaciones éticas –que en sí mismas son el resultado de la destrucción deliberada de los valores– ha sido siempre normal en la humanidad a lo largo de la historia, y ellos piensan que esta forma de actuar se corresponde con el ser humano. Esto es precisamente la fuente de la deterioración de la sociedad, la fuente de la violencia y la razón del mal que se extiende por todos lados.

Por eso existen las enfermedades, las tribulaciones y los sufrimientos personales, y cuando la situación es más extensa, están los sufrimientos de un pueblo, las tribulaciones de una nación, las guerras, las catástrofes naturales, etc., que son los pagos por los pecados que se han arrastrado durante el curso de la historia.

Ya desde el comienzo de los cinco mil años, los antiguos chinos hablaban de la retribución absoluta. Según esta creencia, que es realmente justa, los seres humanos reciben retribución buena cuando son buenas personas; y cada acción inapropiada que han cometido en el curso de la historia, asimismo, debe ser pagada para poder regresar.

Por eso, según esta creencia antigua, gracias a la misericordia de dioses, el hombre puede pasar por reencarnaciones; así, tiene más de una oportunidad o más de una vida para pagar, mientras va formando las relaciones predestinadas (yuan) y buscando llegar lo más limpio y puro posible para, en el momento final, poder reconocer el Dao, cultivarse en el Dao y regresar. Justamente, al pagar mediante los sufrimientos, se pueden saldar las deudas antes de cumplir la estadía sobre la Tierra. Pero la mayoría de la gente, con los conceptos del mundo de hoy, no puede entender este principio.

Sin embargo, aún hay personas entre la muchedumbre que se dan cuenta de que la humanidad ha llegado casi a un punto sin retorno, a pesar de que la sociedad parece funcionar normalmente y de manera estable, con cada uno haciendo sus cosas de acá para allá. Estas personas deben darse cuenta de la necesidad de recuperar los valores en la cultura, que habrá que dar un giro y que allí, en el desarrollo espiritual, mental y corporal sobre la base de valores sólidos, es donde yace el verdadero progreso de la sociedad humana.

Tal como se explica en el libro ‘9 Comentarios sobre el Partido Comunista’ (de la editorial Da Jiyuan –La Gran Época), “La cultura no ofrece respuestas a preguntas como cuál es el mejor método para incrementar la producción industrial o qué modelo social es más conveniente. En cambio, juega un papel importante a la hora de brindar una guía moral y establecer límites sociales. La verdadera restauración de la cultura tradicional debe recuperar una actitud humilde hacia el Cielo, la Tierra y la naturaleza, el respeto por la vida y la admiración por los dioses. Así, el ser humano podrá vivir en armonía con el Cielo y la Tierra, y disfrutar de una edad de oro por la gracia del Cielo”.

Los movimientos comunistas que destruyeron la cultura china

-El “Movimiento para suprimir a los contrarrevolucionarios” a comienzos de la década de los 50 estaba dirigido a destruir las religiones tradicionales chinas, el Budismo y el Daoísmo. Siendo el partido oficialmente un régimen marxista-ateo, la religión era totalmente contraria a su gobierno y fue percibida como una amenaza que le quitaría al partido los corazones y las mentes de las masas.

-El “movimiento anti-derechista” de 1957 fue específicamente dirigido a los intelectuales, ya que ellos podrían fácilmente analizar y exponer los motivos del  partido. Estos dos movimientos se llevaron a cabo bajo las órdenes directas del partido, que condujo a la masacre de la élite cultural de China, allanando el camino para que los cuadros reemplazaran la cultura tradicional china con la cultura del Partido Comunista.

-La Revolución Cultural (1966-1976) fue catastrófica para la cultura tradicional china. Durante este masivo movimiento político sin precedentes, la cultura de cinco mil años fue casi totalmente aniquilada. Las antiguas reliquias y antigüedades, caligrafías y pinturas, libros clásicos y las escrituras fueron quemadas. Templos y estatuas fueron destruidos, convertidos en polvo. Millones de vidas se perdieron. Los festivales tradicionales de China, las reglas de etiqueta, las formas de entretenimiento, de hecho, la propia cultura en sí nunca volvió a ser la misma.

-La apertura económica de la década de los ’80 trajo la cultura del dinero para llenar el vacío espiritual.

-La persecución actual contra creyentes es también un movimiento acompañado de propaganda. Millones de cristianos, católicos y budistas que quieren celebrar su creencias fuera de las iglesias “oficiales” –que tienen a cuadros del Partido como monjes y sacerdotes– son perseguidos y arrestados; los tibetanos tienen prohibido seguir a sus verdaderos líderes religiosos y padecen un genocidio cultural en el que son forzados a dejar sus tradiciones y a asimilar la cultura partidaria.

Finalmente, la terrible campaña de supresión desde 1999 a Falun Dafa o Falun Gong, una disciplina de cultivación espiritual que ha retomado el tallo de la antigua cultural espiritual china, que promueve los valores de Verdad-Benevolencia-Tolerancia y que fue adoptada por cerca de 100 millones de chinos desde su difusión pública en 1992; la brutalidad inusitada de esta persecución incluye la sustracción sistemática de órganos a presos de conciencia para operaciones de trasplantes con fines lucrativos (así concluyeron el ex Secretario de Estado de Canadá, David Kilgour, y el abogado de derechos humanos, David Matas en su investigación: www.organharvestinvestigation.net). Este crimen del régimen chino va contra todos los valores humanos universales; según el abogado David Matas, “es una forma de mal nunca antes vista en este planeta”.

(Personas de todo el mundo haciendo los ejercicios de Falun Dafa. La foto de la izquierda fue tomada en China antes de que se prohibiera practicar en los parques y se iniciara una brutal persecución que continúa en la actualidad)

Institutos Confucio exportan la cultura distorsionada

Aunque la cultura tradicional ha sido desintegrada en China, el mundo no la ha olvidado y atesora el legado de sus cinco mil años de historia. Por eso, el régimen comunista chino sabe el valor de abanderar “la cultura antigua china” cuando se presenta ante el mundo en su eterna búsqueda de legitimidad. Hoy, el régimen comunista ha desenterrado a Confucio de la misma tumba que escupió y ultrajó durante la Revolución Cultural en los años ’60 y ’70, y estableció los llamados Institutos Confucio en todos los países para difundir “la cultura china”.

Pero la verdad es otra. Estos institutos tienen una función estratégica en la política exterior del régimen. Sus programas muestran técnicas de artes marciales, actuaciones o exhibiciones que presentan trajes tradicionales o leyendas, hablan de los “cinco mil años de la cultura china”, citan a Confucio, enseñan el idioma chino simplificado y desvirtuado por el Partido Comunista Chino y otorgan becas para aprender todo esto en China. Pero los ingredientes esenciales de la cultura china antigua como la tradición espiritual de la disciplina, la veneración hacia lo divino y los valores fundamentales –todo lo que el propio Partido Comunista Chino se ha esforzado en destruir durante décadas– están ausentes, pues contradicen la doctrina atea y revolucionaria comunista.

Abundan también las deformaciones intencionales de la cultura con fines propagandísticos. Por ejemplo, en el Festejo de Año Nuevo Lunar Chino de este año en el ‘Barrio chino’ de Buenos Aires, un oficial de la Embajada China dijo en su discurso que “personajes como Confucio, Lao Zi y otros dejaron mensajes a lo largo de la historia china para que el pueblo se liberase”. Este “el pueblo se liberase” hace alusión a la revolución comunista. Dada la sutileza de este tipo de mensajes, la mayoría de los oyentes no se habrá detenido a pensar en la escandalosa contradicción de esta frase con los pensamientos verdaderos de Confucio y Lao Zi, y con los fundamentos de la cultura tradicional china.

Es absolutamente opuesto a las enseñanzas de los antiguos sabios, que exigen el respeto del pueblo al emperador y el amor del emperador a su gente. Basta leer algunas frases rectoras de los sabios mencionados para entender el disparate: “El hombre sigue a la Tierra, la Tierra sigue al Cielo, el Cielo sigue al Dao, y el Dao sigue lo que es Natural”, Lao Zi; “La vida y la muerte están predestinadas, y la riqueza y la posición social las determina el Cielo”, Confucio. ¿Cómo Lao Zi y Confucio dejarían mensajes para que la gente del futuro ejecutara una revolución sangrienta con una doctrina que niega y prohíbe la creencia en el Cielo?

Según voceros de los institutos Confucio, hay más de 300 Institutos Confucio en más de 80 países, todos los cuales son financiados por las embajadas chinas y se instalan mayormente en espacios cedidos por universidades por acuerdos con el régimen chino.

Categorías: Legado divino

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