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En este pequeño relato conocerás algunas de las tantas maravillosas historias vividas en un lugar, donde además de mantener la excelencia en lo que se hace, el punto de partida es llegar al corazón de cada persona que cruza sus puertas.

Por Meilin Klemann

Hace dos años, junto con mi mamá taiwanesa, abrimos un restaurante asiático en Buenos Aires, la capital de Argentina. Mi papá es alemán y por su trabajo y luego el mío en salud pública, viví más de 12 años en Taiwán, Corea, Camboya e Indonesia, donde aprendí a cocinar y probar los platos de estos países.

En el restaurante cocinamos auténtica y sabrosa comida taiwanesa y asiática, usando productos orgánicos y de calidad. No usamos glutamato monosódico ni productos hechos en China. Rápidamente logramos tener clientes fieles y habituales. Muchos de ellos nos dicen que vienen a comer a nuestro restaurante porque nuestra comida no solo es sabrosa, sino que también los hace sentir mejor.

Postal enviada por un cliente de Nueva Zelanda agradeciendo a los empleados del restaurante la deliciosa comida y la amabilidad en la atención. (Foto: gentileza de Meilin Klemann)

Haciendo las cosas con el corazón

Nuestro restaurante tiene una particularidad muy especial. Todos los que trabajamos en él somos practicantes de una disciplina espiritual de la Escuela Buda llamada Falun Dafa, también conocida como Falun Gong, que promueve los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia.

Lamentablemente Falun Dafa está siendo injustamente perseguido en China desde el 1999 por el régimen comunista chino. Además de encarcelamiento, torturas y en muchos casos la muerte que sufren las personas que practican Falun Dafa en China, también se los ha difamado con propaganda maliciosa, haciéndole creer al pueblo chino que los practicantes son personas malas o locas, que incluso matan a sus propios hijos. Afortunadamente tenemos muchos clientes y visitantes chinos a quienes les podemos aclarar sobre este tema.

Recientemente, una joven china vino a comer con un colega colombiano. Ambos trabajan para una empresa con sede en Beijing y son responsables de la expansión de los servicios en América Latina. Los vi comiendo muy contentos y cuando me acerqué a hablar con ellos, la primera cosa que dijeron fue que les salvamos su estadía en Buenos Aires porque finalmente encontraron comida china sabrosa, y que iban a volver muchas veces mas.

La señora china estaba muy interesada en mi vida y me hizo muchas preguntas. Pensé que si le contaba sobre Falun Dafa y la persecución en China en ese momento, quizás ya no volvería. Pero finalmente le dije: “Soy practicante de Falun Dafa, en realidad todos en el restaurante somos practicantes”. Quedó muy sorprendida y dijo que no sabía mucho sobre Falun Dafa y que no podía creer que el PCCh (Partido Comunista Chino) estuviera persiguiendo a su propia gente.

El PCCh en sus 70 años de existencia no solo quiso eliminar a la cultura tradicional del pueblo chino, sino que también inculcó mentiras a su gente, haciéndoles creer que sin el partido, China no puede progresar.

Le conté sobre la sustracción de órganos a practicantes de Falun Dafa en China, mostrándole evidencia sobre esta atrocidad como la entrevista con la ex-mujer de un médico que sustrajo corneas de 2000 practicantes vivos en un hospital chino. Vi que fue muy difícil para ella aceptar esta información porque empezó a temblar, pero al final se llevó todo el material, incluso los 9 comentarios sobre el Partido Comunista (un libro que demuestra la verdadera naturaleza y cuestiona la legitimidad del régimen comunista en China) y dijo que iba a investigar más. También me dijo que aunque viajó mucho por el mundo y que había visto a practicantes repartiendo volantes, esta era la primera vez que hablaba con uno.

Otro día, un joven chino de 25 años entró en el restaurante. Le gustaba conversar, y quedó muy asombrado cuando se enteró que todo el personal del restaurante practicaba Falun Dafa. Él dijo: “¿Falun Gong? Pensé que los practicantes estaban todos locos”. Dije: “Ya nos conoces, hablaste conmigo y ves a los otros trabajando aquí, ¿estamos locos?”. Respondió: “No, no están locos, eres muy simpática y este restaurante tiene un ambiente muy bueno y tranquilo. Pero todas las noticias que leí hablan mal de los practicantes”. Le expliqué que eso era porque él solo leía las “noticias falsas” de China y sus mentiras, y que el PCCh siempre le ha mentido al pueblo chino.

El joven pensaba que yo tenía su misma edad pero en realidad tengo mas de 40 años, y soy madre de dos hijas adolescentes. Se sorprendió mucho que yo era tanto más mayor que el. Le dije que debe ser por practicar Falun Dafa. Aunque no resaltamos este beneficio cuando hablamos sobre nuestra fe, es verdad que los ejercicios y la meditación de Falun Dafa, junto con la cultivación espiritual, mantienen un cuerpo sano y saludable y muchos practicantes parecen mucho mas joven que su edad real.

También dijo que nuestra comida era muy buena y preguntó si los cocineros eran chinos. Dije que no, que todos los cocineros son practicantes argentinos pero que cocinan muy bien porque, como practicantes de Falun Dafa, todos ponemos nuestro corazón y esfuerzo en todo lo que hacemos.

Dos visitantes de Shanghai. (Foto: gentileza de Meilin Klemann)

En los últimos años, muchos chinos han venido a comer a nuestro restaurante, desde oficinistas y turistas hasta funcionarios del gobierno. Cuando hablamos con ellos sobre Falun Dafa y les ofrecemos material de lectura de la persecución en China, hay diferentes reacciones. Algunos leen o se llevan los materiales con ellos, otros solo escuchan, otros miran los videos que proyectamos en un televisor, otros intentan irse. Una vez un cliente chino se sorprendió mucho de saber que todos somos practicantes de Falun Dafa en el restaurante y dijo una y otra vez: ‘Falun Gong hao’ (Falun Gong es bueno, en chino).

La energía positiva hace feliz a cada cliente

Muchos de nuestros fieles clientes nos manifiestan que nuestra comida los hace sentir mejor o hasta mejoró sus condiciones físicas. Uno es ellos es el ex Secretario Nacional de Seguridad. Tiene su oficina cerca del restaurante y por eso almuerza afuera todos los días. Desde que empezó a comer en nuestro restaurante, notó que sus molestias estomacales han cesado.

Otro de nuestros habituales clientes sufría de dolores de estómago crónicos. Cuando nos visitaba siempre pedía el mismo plato: milanesa de pollo empanada en panko con arroz. Uno supondría que un plato frito le podría agravar el problema, pero pronto nos dijo que dejó de tener dolores de estómago después de venir a comer a nuestro restaurante. A veces incluso se llevaba a casa el mismo plato para cenar.

Uno de nuestros clientes más leales es un hombre de 90 años que viene todos los días a comprar el almuerzo y se lo lleva a casa para él y para su esposa que tiene menos movilidad. Una vez incluso llevó a su médica al restaurante para mostrarle el lugar que lo alimenta y lo mantiene saludable. ¡La médica estaba impresionada!

Cliente fiel de 90 años con Mercedes, una de las cocineras. (Foto: gentileza de Meilin Klemann)

Otro cliente, que trabaja para un reconocido banco con sede cerca del restaurante, viene casi todos los días con dos colegas. Cuantas veces me ha dicho que si nos mudamos a otra locación, será su fin, ya que almorzando todos los días en nuestro restaurante le cambió la vida.

Tenemos un cliente dueño de negocio que viene regularmente a nuestro restaurante desde que abrimos. Hablamos muy abiertamente con él sobre Falun Dafa y también sobre los aspectos negativos del socialismo y el pensamiento izquierdista. Este cliente estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, conocida por su ambiente comunista e izquierdista. Sin embargo, confía mucho en nosotros, y podemos hablar francamente sobre estos temas con él. También compró el libro Zhuan Falun, la guía espiritual de Falun Dafa, y lo está leyendo.

Mucha gente está tan sorprendida de nuestra comida y calidad de servicio, que hemos tenido serias propuestas de negocios de clientes de Buenos Aires, Miami y Sao Paulo. Clientes de Chile, Uruguay, e incluso Taiwán y Nueva York nos han dicho que deberíamos abrir una sucursal en sus ciudades y que tendríamos mucho éxito. Les decimos que nuestro éxito se debe a nuestra fe. Solo porque somos practicantes de Falun Dafa podemos trabajar así.

Poder validar nuestra fe en nuestro trabajo diario es una bendición

El negocio gastronómico es muy difícil. Es un trabajo duro, con jornadas largas, y cuando el restaurante se llena, es muy estresante porque hay que trabajar rápido pero también hacer las cosas bien. Me siento muy agradecida que tengo el apoyo de mis compañeros practicantes como empleados. Aunque tengan que trabajar mas duramente o mas horas, no se quejan. Tampoco se enferman o no vienen al trabajo porque no tienen ganas. Muchos clientes resaltan esto y nos dicen que en nuestro restaurante, los empleados aman su trabajo, son genuinos y bondadosos, y que se siente esto inmediatamente luego de entrar.

Almuerzo de trabajo. (Foto: gentileza de Meilin Klemann)

Un cliente una vez me dijo que aunque el restaurante esté ruidoso y lleno de gente, la energía del lugar es tranquila y serena, como un pedazo de cielo en medio de la ciudad loca. Yo siempre les digo a mis clientes que si mis empleados no serían practicantes, nunca consideraría abrir un restaurante.

El otro día, una periodista, fascinada por la historia del restaurante, me preguntó como había llegado cada uno de los empleados al restaurante: Mercedes, María Laura, Pascual y Pablo ya eran cocineros y habían trabajado en restaurantes previamente. Ninguno trabajó en un restaurante asiático pero ahora cocinan platos asiáticos con sabor auténtico aunque nunca estuvieron en Asia. Álvaro, otro cocinero, no tenía formación profesional en gastronomía, de hecho trabajó 10 años para una tarjeta internacional, pero aprendió muy rápido y ahora es uno de los chefs principales. Jeremías, el mas jovencito, además de estudiar cocina, también es electricista.

De los dos encargados, Reinaldo es gasista y Juan Pablo músico. Gustavo fue polista antes de trabajar en el restaurante. Ana había conocido Falun Dafa a través de un médico de medicina china por un tema de salud. Ella es estudiante universitaria y llegó al restaurante sabiendo muy poco pero ahora es la mas rápida y alerta. Diego vino de otra ciudad a Buenos Aires sin nada, viviendo casi en la calle. Gracias al trabajo, no solo aprendió hacer panes y fideos chinos, además también se fortaleció en Falun Dafa, nuestra creencia. Cada uno de nosotros tenemos una historia diferente pero nos une el mismo objetivo.

Todos en el restaurante ponen todo su esfuerzo en su trabajo, sin importar su papel o sus tareas, ya sea lavando platos, picando verduras, cocinando o sirviendo. Esto se debe a que somos practicantes de Falun Dafa, y nos esforzamos por poner nuestros corazones en todo lo que hacemos para que la gente pueda sentir, a través de la comida y el servicio, la bondad y los principios de Verdad, Benevolencia, Tolerancia, los principios de Falun Dafa.

Todos los que forman parte del restaurante. (Foto: gentileza de Meilin Klemann)

Nota del editor:

Falun Dafa es una práctica de cultivación de mente y cuerpo que enseña Verdad, Benevolencia, Tolerancia como una manera de mejorar la salud y el carácter moral y alcanzar la sabiduría espiritual.

Para más información sobre la práctica o para descargar “Zhuan Falun”, visite: www.falundafa.org Todos los libros, música de ejercicios, recursos e instrucciones están disponibles completamente gratis.

La historia de un restaurante asiático en Argentina que hace feliz a quien cruza sus puertas
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Categorías: Cultura Historias de vida

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